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Una carta inglesa, por Luis Antonio de Villena

Mi querido Angus, estoy en un pequeño café moderno (en Chamberí, Madrid) para estar tranquilo con el ordenador y poderte escribir la carta que te prometí, tras tanto tiempo de estudiar español y las cosas de España, y por primera vez -con mucho deseo- verlas y escrutarlas por mí mismo. Como el dieciochesco Cadalso hizo unas «Cartas marruecas», así yo he pensado hacer para ti unas «Cartas inglesas» sobre la siempre sorprendente España, y no sé si me alcanzará el proyecto. Pero aquí va la primera. Pues sabrás que lo que me ha sorprendido de inicio en esta moderna capital, es hallar muchos rótulos en inglés, de todo punto innecesarios, pues yo mismo sé múltiples traducciones españolas. Leo en un pequeño café/tienda donde venden tartas: «Santa Gloria. Coffee-Bakery». La santidad es muy hispánica, pero ¿por qué no café-tahona? Me dicen que tahona es palabra anticuada y que el local no es exactamente una panadería, pues hacen dulces y bollos.

No soy un sabio, pero recordarás que el profesor Sanders hablaba de pastelerías, confiterías, buñolerías, obrador… El español (más allá de la estricta panadería) tenía más términos que el inglés para señalar la confección de dulces diversos. ¿Existe «dulcería»? Como ves, me sorprende que los españoles -nos dijeron que eran altivos y orgullosos, sería en el siglo XVII- utilicen un inglés que no precisan. ¿No somos la «pérfida Albión», su viejo enemigo? ¿O será que no es influencia nuestra, del ya decrépito Reino Unido, sino algo gringo, algo que viene del pobre vejestorio Joe Biden?

Naturalmente leo muchos periódicos (digitales también, por supuesto) y sigo alguna red social, algo inane, y naturalmente veo muy poca televisión, porque es horrenda y vulgar, como en todas partes. Me sorprende observar, Angus, que, aunque yo diría que la gente está muy tranquila y a sus cosas, la política nacional española sea continua y fea crispación y todo se resuelva, incluso en sede parlamentaria, en sartas de insultos más o menos camuflados. Se dice que hay una política (qué triste) del «y tú más», lo que significa una indecible bajura de talento y moral. He oído que la señora Begoña Gómez, esposa del presidente del gobierno español, está acusada de negocios o manejos turbios. Supongo que es algo que debe probarse de acuerdo a la ley, pero lo que me resultó insólito y chusco es que cuando el líder de la oposición, Núñez Feijóo dijo en las Cortes que había que aclarar las sospechas que recaen sobre la señora Gómez, el presidente Pedro Sánchez replicara, con tono retador, que él también sabe muchas cosas (turbias, se supone) de la mujer de Feijóo cuyo nombre -el de ella- no he logrado que nadie me descubra. ¿Esto es política o una riña de navajeros?

He notado que mucha gente (incluso algunos socialistas) están en desacuerdo con Sánchez y su llamado «sanchismo» (?) y lo tildan a él de «guaperas», «chulo» -entre lo castizo y lo vulgar- y siempre de ególatra, narciso en su opinión y egomaníaco. Alguno de la oposición hasta lo califica de enfermo de egoísmo. Y así cuando se pregunta cuál es la ideología de Pedro Sánchez, líder de la izquierda y presunto socialdemócrata, se ríen un poco de ti y replican: ¿La ideología de Sánchez? No existe. Es sólo ambición de perpetuarse en el Poder como sea. Sánchez (de poca solidez intelectual) carece de ideología o por mejor decir su única ideología es él mismo. Y entonces me pregunto y te pregunto, en efecto, ¿te imaginas a un «premier» británico pactando con separatistas escoceses para seguir en su puesto? Separatistas escoceses hay y no pocos, pero no llego a imaginarme el tal pacto a nivel Reino Unido. Pero el presidente español no sólo ha pactado con separatistas catalanes (incluso de derechas) sino con separatistas vascos que, no hace tanto, apoyaban el criminal terrorismo de ETA. El presidente español ha pactado con quienes están contra la propia España, y esto es difícil hacerlo entrar en cabeza sensata. ¿Querer hacer añicos el propio país en el que mandas y anhelas mandar? ¿El IRA imponiendo condiciones y perdones a Gran Bretaña?

«Cuando se pregunta cuál es la ideología de Pedro Sánchez, líder de la izquierda y presunto socialdemócrata, se ríen un poco de ti y replican: ¿La ideología de Sánchez? No existe»

España es hoy un ridículo frentismo (o estás conmigo o estás contra mí) que abochorna. Uno percibe en la gente, en el público -afortunadamente- mucho centrismo, pero muy poco en políticos, mujeres u hombres igual de torpes, en ejercicio. A la derechista Díaz Ayuso, la izquierda le tilda de todo lo malo, mientras que ciertas poderosas damas de la izquierda en el poder, no muy agraciadas físicamente, son desdeñadas como «la Yoli» (Yolanda Díaz, en un partido muy deshilachado) o Mónica García, que invita a despropósitos como prohibir el café del desayuno.  La mayoría de los filocomunistas e izquierdistas radicales tipo Pablo Iglesias o su mujer Irene Montero, son millonarios –«izquierda caviar»- y la gente se extraña de que sigan apelando al Che Guevara, que fue dictatorial y asesino… Si «sanchismo» es despropósito y guirigay, Sánchez lo ha conseguido. Las calles, ven a verlo, comentan, pero viven tranquilas en líneas generales. ¡Qué rara es España, querido! ¿Atractiva por ello?  El país de la gigante cultura siempre, se diría, en desacuerdo consigo mismo. ¿O son sus casi nunca buenos políticos? En todas partes hay mulas como Boris Johnson o Donald Trump. Saludos fraternos, Angus. Tuyo, Óscar.