Una mayoría apoya en el Senado de Estados Unidos destrabar el turismo a Cuba

Los partidarios del deshielo con Cuba apuran el paso en Estados Unidos. En medio de la tensa espera por que el presidente Donald Trump fije su nueva posición con respecto a la isla -se cuenta con que restringa hasta cierto punto la política de acercamiento de Barack Obama-, una mayoría de 55 senadores, diez de ellos republicanos, presentó este jueves en el Senado un proyecto de ley para destrabar los viajes de estadounidenses a Cuba.

Técnicamente, el turismo de ciudadanos de Estados Unidos a la isla todavía está prohibido, pero existen una serie de categorías de viaje -que Obama extendió y a las que les restó requisitos burocráticos engorrosos- que en la práctica lo permiten, como visitas familiares o actividades educativas, religiosas y humanitarias, entre otras. La propuesta tiene un efecto simbólico. No es el Senado sino la Cámara de Representantes la que tiene el poder de aprobar el turismo a Cuba.

El proyecto de ley ha sido presentado por el demócrata Patrick Leahy y el republicano Jeff Flakes, los dos senadores más activos del bando partidario del deshielo con La Habana.

Sus esfuerzos para construir un clima político favorable parecen rendir. Cuando en 2015 llevaron al Senado por primera vez esta propuesta sumaron el apoyo de ocho senadores. Esta vez la cifra se ha multiplicado por siete. Leahy y Flakes lanzaron el jueves otro proyecto de ley sobre Cuba, en equipo con la demócrata Amy Klobuchar y el republicano Mike Enzi, que nombraron como Iniciativa de 2017 para la libertad de exportación a Cuba y que propone levantar el embargo -el entramado legislativo que se desarrolló desde 1961 para impedir las relaciones comerciales con la isla-, asunto que también es competencia de la Cámara de Representantes. Los dos proyectos de ley buscan, fundamentalmente, hacer resonar los voces de apoyo al acercamiento a Cuba en un momento delicado.

La Administración Trump se encuentra revisando la política hacia Cuba, tarea encargada al Consejo de Seguridad Nacional. Senadores republicanos anticastristas como Marco Rubio o Mario Díaz-Balart están tratando de influir para que se dé marcha atrás en lo posible a las órdenes ejecutivas firmadas por Obama para promover las relaciones bilaterales. “Yo estoy seguro al 1000% de que el presidente va a cumplir su compromiso”, ha dicho Díaz-Balart. “No tengo ninguna duda de que en un breve espacio de tiempo se dará la orden para una política diferente”. Antes y después de las elecciones, Trump ha afirmado que será más duro que Obama en el trato con La Habana.

“Creo que en todo esto hay más de retórica que de realidad”, juzga el cubanomaericano Joe García, excongresista demócrata por el Estado de Florida. “Alguna acción de Trump vendrá, pero no tan fuerte como para dislocar lo que está pasando: que cada vez van más estadounidenses a Cuba, que cada vez llegan más remesas a Cuba desde Estados Unidos, que en Cuba hay más ciudadanos dedicados a la empresa privada que nunca desde la revolución, y que Cuba, así sea lenta y temerosamente, está cambiando. Y también entre los cubanoamericanos son mayoría los que apoyan esta línea”.

Según datos del Gobierno cubano, en 2016 viajaron a la isla 280.000 estadounidenses y en 2017, hasta marzo, se ha registrado un crecimiento del 118% del turismo americano con respecto al año pasado. Esta semana unas 40 compañías y asociaciones del sector enviaron una carta al presidente Trump pidiéndole que no dé marcha atrás a la flexibilización de los viajes a Cuba. “El aumento de visitantes americanos a Cuba ha tenido un impacto significativo en nuestro negocio, subiendo nuestras ganancias y permitiéndonos contratar más trabajadores americanos”, dice la misiva.

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