Una semana fabulosa, por Ángeles González-Sinde

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Qué buena fue la semana pasada. Qué magnífica. Fue seguramente la mejor semana para los españoles en el último medio siglo. Si sería buena, que nos pudimos permitir el lujo de que el problema más grave fuera una tesis doctoral y si su autor había copiado o no. Es lo que más preocupaba a los representantes máximos y legítimos de millones de votantes de todo el país. Hace años los presidentes de Gobierno caían porque, por ejemplo, habían mentido al señalar a los culpables de un atentado terrorista en el que habían muerto cerca de 200 personas en trenes de Cercanías. Antes de ese, otro presidente también perdió la presidencia porque bajo su mandato el Ministerio del Interior había organizado una fuerza paramilitar ilegal que daba caza a terroristas. En tiempos más recientes, un tercero se fue a casa porque el partido al que pertenecía había sido condenado por corrupción. Pero eso ocurría en otra era, sí, antiguamente, cuando teníamos problemas.

Entretodos

Ahora en cambio, vivimos una época tan dichosa y carente de dificultades que la oposición para derrocar al presidente los únicos argumentos que encuentra son los supuestos defectos de su tesis doctoral. Y con ese asunto la prensa ha estado entretenidísima varios días. Todo un lujo. No creo que muchos países puedan presumir de que sus legisladores dediquen sus intervenciones en la Cámara a asuntos de esta índole a falta de otros más acuciantes. Pero así estamos.

Los nuevos trabajadores pobres de los que hablaba este diario en portada el sábado; mis amigas mayores de 50 que no encuentran empleo y, si están al límite ahora, imagínense cómo estarán cuando no tengan jubilación por no haber cotizado; los jóvenes que enlazan un contrato temporal precario y abusivo con otro; los disparatados costes de la vivienda; el millón de personas que se echó a la calle en la Diada y el lío de convivencia que tenemos que resolver de una vez; los narcopisos del Raval; la voracidad de la sociedad de consumo; la degradación del medioambiente; la ultraderecha xenófoba galopante… todo eso, por lo visto, está ya solucionado. No salgo de mi asombro.