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Una sonrisa de oreja a oreja

Lueve con fuerza sobre la Ciutat Esportiva Joan Gamper. Llueve como en la canción de Jorge Ben Jor: «Chove chuva / chove sem parar». Con la pretensión de sacarle partido al clima otoñal, el fotógrafo le pide a Arthur que pose junto a la ventana con aire melancólico. El futbolista pone cara de perplejidad. «Tristeza, ‘saudade'», trata de ayudarle uno de los presentes. Arthur asiente con la cabeza y hace un gesto de intensa concentración. Pero no hay manera. Una y otra vez se le escapa la risa. En el FC Barcelona, Arthur Henrique Ramos de Oliveira Melo es un hombre inmensamente feliz. Y le cuesta horrores disimularlo.

Escribe Johan Cruyff en su autobiografía que es bueno que los jugadores sepan hacerse la cama. La suya, no la del entrenador. Arthur tiene pinta de saber hecerse la cama. Probablemente lo aprendió cuando a los 14 años hizo las maletas y se fue, solo, a Porto Alegre, a más de 2.000 kilómetros del hogar familiar en Goiania, para unirse al Gremio FBPA. Hoy le brillan los ojos cuando remerora aquellos días de fútbol formativo: los entrenamientos en la ‘escolinha’ de su tío, las tardes chutando el balón con la pared de su casa, los primeros partidos en el Goiás, la llegada a un equipo nuevo en una ciudad nueva… Y siempre con el Barça como referencia; un equipo construido en torno al balón en el que «la técnica y la visión de juego son mucho más importantes que el físico». El equipo, subraya, «de Xavi e Iniesta».

Para hacer explícito ese hilo invisible que une a Arthur con los dos futbolistas bajitos que gobernaron el mundo desde el centro del campo azulgrana, el fotógrafo quiere retratar al brasileño ante un póster en el que aparecen los dorsales de ambos. El 6 y el 8. «Por mí no hay problema, pero…». Y lanza una mirada interrogativa hacia el empleado del departamento de comunicación del club que lo acompaña. Arthur lleva poco más de tres meses en Barcelona y aún se conduce con la prudencia y la disciplina del que sabe, peses a todos los logros y alabanzas, que apenas está empezando. Que aún le queda mucho por aprender. Y que está en el mejor sitio para hacerlo.

Lluvia de elogios

Al final, posa para la foto. En ese momento, ignora que solo unas horas más tarde, en una entrevista con una emisora de radio argentina, Xavi afirmará que «si a Arthur le dan partidos, estamos ante un futbolista que puede marcar una época en el Barcelona». Si es cierto eso de que el halago debilita, ya puede el brasileño ir comiendo espinacas para contrarrestar el efecto. Con todo, ningún elogio de los que ha recibido en estos meses le ha proporcionado tanta dicha como el que le dispensó Leo Messi desde el programa ‘Tot Costa’ de Catalunya Ràdio. «Todos los [fichajes] que han llegado son muy buenos, pero si tengo que quedarme con uno, es con Arthur. me sorprendió. Es muy ‘confiable’ y seguro». Palabra de Dios.

El goianense estalla de felicidad a la hora de relatar cómo se enteró de las palabras de Messi. «Así me quedé», dice, y con los índices de ambas manos se dibuja una sonrisa de oreja a oreja. Es el mismo gesto que ha hecho poco antes, cuando explicaba qué sintió en el momento de saltar al césped del Camp Nou el día de su presentación. «Alegría y orgullo -dice-. Por mí y por mi familia». la familia que lo dejó marchar a Porto Alegre para que se hiciera un hombre y que ahora lo acompaña en su aventura barcelonesa, aunque mamá Lúcia prefiere no ir a ver los partidos por una superstición nacida en la vuelta de la final de la Copa Libertadores del 2017.

Arthur lo cuenta y, una vez más, se le escapa la risa. Por mucho que afuera siga lloviendo.