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Una unidad del Clínic pionera en España atiende a 40 parturientas con trastornos mentales

Cuando I.F.B. parió su primer hijo, vivió una semana de euforia. Se pasaba las noches despierta, mirando a su bebé. Pero luego llegó el bajón. Empezó con una sensación de tristeza y acabó con una psicosis puerperal (posterior al parto), al cabo de cuatro semanas.

«El niño no cogía peso y pensaba que estaba enfermo, miraba vídeos de lactancia en bucle, creía que yo era culpable, que saldría en la noticas y que me pondrían en la cárcel», recuerda esta pediatra barcelonesa de 35 años, cuyo hijo tiene ahora 10 meses. Tras caer en un estado obsesivo, la ingresaron en el Vall d’Hebron.

«Con el tratamiento mejoré enseguida, pero la experiencia [en la unidad psiquiátrica] fue tremenda: estaba separada de mi hijo, con la lactancia inhibida y junto a pacientes con toda clase de trastornos, muchos de ellos hombres», recuerda I. F. B.

Las cosas mejoraron cuando la derivaron al hospital de día madre-bebé del Clínic. Esta infraestructura se estrenó hace un año y es la primera de este tipo en España. «En otros países, como el Reino Unido, hay unidades psiquiátricas donde las madres y los bebés ingresan juntos», explica Lluïsa García-Esteve, psiquiatra responsable del centro. El hospital de día es un paso en ese sentido, aunque las pacientes aún no se quedan ingresadas.

«Acudía cada día aquí [al hospital de día] con el bebé, me quedaba a comer y salía a las 16. Hacíamos sesiones grupales, trabajábamos el vínculo con el bebé… fue como encontrar una segunda familia«, relata I.F.B., que frecuentó el centro durante cinco meses, hasta recuperarse.

Junto con la creación del hospital de día, el Departament de Salut del anterior Govern inyectó fondos también a Vall d’Hebron y al Consorci Sanitari de Terrassa, para crear sendas unidades de salud mental perinatal, que trabajan de forma ambulatorial y no como hospital de día.

25% de embarazadas con problemas mentales

«Entre el 20% y el 25% de las embarazadas tienen problemas de salud mental y el 10%-13% de las puérperas tienen depresión postparto», desgrana García-Esteve. El hospital de día ha atendido a 40 madres durante el 2018. En el mismo periodos las unidades de los tres hospitales han atendido de forma ambulatorial a casi mil pacientes.

«Hay casos que no detectamos por el estigma: muchas mujeres esconden su condición por vergüenza o porque su entorno no le da importancia», observa Gemma Parramon, responsable de la unidad de la Vall d’Hebron.

Algunas pacientes tienen una diagnosis psiquiátrica previa. «Siempre se asocia el embarazo y la lactancia a no dar fármacos, con perjuicio para la salud mental de la madre y del bebé. Hay que hacer un balance entre el riesgo de dar fármacos y el riesgo de no tratar», explica García-Esteve. «El tratamiento psicológico [en lugar del farmacológico] requiere tiempo y en el embarazo y postparto no tenemos mucho», afirma Parramon.

En otros casos, el trastorno debuta durante el embarazo o el postparto. «Las patologías más frecuentes son síntomas obsesivos«, explica Parramon. La doctora relata el caso de una madre obsesionada con la salud de su bebé, que pasó un fin de semana acudiendo una y otra vez a urgencias pediátricas.

Problemas socales

«El embarazo no es un factor protector de la salud mental», afirma Luís Delgado, responsable de la unidad del Consorci Sanitari de Terrassa. Sin embargo, son los problemas sociales los principales desencadenantes. «Hay mujeres maltratadas, otras despedidas o deshauciadas durante el embrarazo, hay migrantes en situación de vulnerabilidad…», desgrana Delgado.

En una ocasión, el equipo de Delgado atendió a una embarazada de 30 años, cuya hija de 14 también quedó embarazada y además de un novio maltratador. Se estima que el 20% de los malos tratos empiezan durante el embarazo. Una de cada cuatro mujeres que acudieron al hospital de día relató malos tratos, afirma García Esteve.

«La patología mental impacta directamente sobre el bebé. El 60% de las madres del hospital de día tienen algún problema de vínculo: de rechazo o de sobreimplicación», afirma la doctora. En un caso, la madre tenía miedo a bañar al bebé. Una enfermera pediátrica y una especializada en salud mental la ayudaron a perderlo. En el centro, hay un equipo de 7 personas, que incluye también psicólogos y un trabajador social.

Necesidades desatendidas

En los tres hospitales ya había programas de salud mental perinatal desde hace años,  sin embargo «nos dimos cuenta de que había necesidades desatendidas», afirma García-Esteve.  

«La sensibilidad en relación con este campo va en aumento, pero en España vamos atrasadísimos», afirma Pascual Palau, presidente de Asociación para la Salud Mental Infantil desde la Gestación (ASMI), no implicado en los proyectos catalanes. Palau los considera muy positivos. Sin embargo, destaca que falta mucho para alcanzar las decenas de centros de psiquiatría perinatal de Francia e Inglaterra, por ejemplo. «En contextos europeos ya no se ingresan estas madres en las unidades de psiquiatría», afirma.

Este es el próximo objetivo de García-Esteve. La doctora ya presentó a la Generalitat la propuesta de una unidad madre bebé que admita ingresos. «Dudo que entre en los presupuestos del 2019, pero confío en los del 2020», concluye.

Irene D.: «Tener a mi hija es lo primero que he empezado y terminado»

«Soy madre soltera, tengo dos perros y tengo un trastorno límite de la personalidad. ¿Cómo voy a reaccionar durante el parto? ¿Voy a levantarme de la cama por la mañana, cuando tenga un bebé? ¿Qué pasará cuando tenga un día malo?». Estas y otras preguntas se hizo Irene D., barcelonesa de 36 años, antes de tener a su hija que hoy tiene 4 meses.

«Yo no sabía que había gente que podía ayudarme», relata. Lo descubrió cuando su psiquiatra la dirigió a la unidad de salud mental perinatal de la Vall d’Hebron, creada hace poco más de un año.

En la unidad, le cambiaron la medicación, le asesoraron sobre lactancia y la ayudaron a explorar su relación con su madre y a pensar en la que quiere tener con su hija. La unidad incluso preparó a su hermano para que le acompañara durante el parto.

«Hay confianza, sabes que están ahí y que entienden tu problema», afirma. En un día malo, Irene pone a la bebé en el carrito y puede acudir al hospital si lo necesita. Irene está satisfecha de cómo lo ha hecho con su hija. «Esto es la primera cosa que he empezado y terminado en mi vida», concluye..