“Valores europeos”

En junio pasado una tal Viviane Reding, comisaria de la UE para “Derechos fundamentales”, ha exigido al gobierno húngaro la retirada de una campaña contra el aborto. Se trataba de carteles en que un feto –una vida humana en gestación– rogaba a la madre abortista: “Comprendo que no estás preparada para tenerme, pero dame en adopción. DÉJAME VIVIR”. Llamamiento, como se ve, sumamente moderado y quizá respetuoso en exceso con los abortistas. La tal Reding se ha erigido en representante de los “valores europeos”, y ha exigido la inmediata devolución de fondos comunitarios con los que en parte se había pagado la campaña.

La noticia ha pasado casi inadvertida en los medios y sin embargo está llena de contenido. Que la comisaria se sienta la encarnación de unos supuestos “valores europeos” y sobre tal base intente reprimir no ya la libertad de expresión, sino a todo un gobierno que se supone independiente, indica dos cosas: una concepción de la democracia muy similar a la que tenían los nazis, y unas soberanías nacionales cada vez más sometidas a decisiones ajenas, tomadas por oscuras comisiones y sujetos que se proclaman representantes de los “europeos” sin que los haya elegido ni conozca casi nadie. Y el peligro de usar los fondos como instrumento de coacción o de soborno. Estas son realidades muy alarmantes, no nimiedades.

La tal Reding tiene sobre el aborto el punto de vista del feminismo: el feto viene a ser un apéndice del cuerpo de la mujer, una especie de tumor del que tiene derecho a librarse por cualquier conveniencia. Y para los feministas existe una conveniencia muy fuerte: la maternidad entraña una profunda diferencia de sexos (“de género” barbarizan), que ven como grave desventaja para la mujer. De ahí que las Reding traten de fomentar el aborto, sin admitir siquiera paliativos como sería la adopción. Por muy aberrante que a otros nos parezca tal doctrina, sus defensores tienen derecho a exponerla, desde luego. Pero no se limitan a defenderla, la imponen por medidas burocráticas desde el poder acompañadas de un masivo lavado de cerebro desde los medios de masas. Y esto, tan característico de los regímenes totalitarios, ocurre cada vez más en la UE, de lo que este incidente, nada menor, es un crudo indicio. Como significativo es también el adormecimiento ciudadano que deja pasar sin protesta el desafuero.

Siempre he sido euroescéptico, y cada vez más. El europeísmo va contra la realidad histórica y cultural de Europa, nos supedita a poderes muy poco transparentes y al peso determinante franco-alemán. Los ingleses, más experimentados, se mantienen en un estar / no estar. Pese a que, culturalmente, son ellos los grandes beneficiarios: su idioma se va imponiendo de hecho como el oficial de esa Europa y sus valores.

Publiqué este artículo el 10 de octubre de 2011 en LD. Desde entonces las cosas han ido a mucho peor. Los “valores europeos” son hoy el abortismo, es decir, la liquidación de vidas humanas en el vientre materno, considerado como un “derecho de la mujer”; el homosexismo y la ideología de género, que quiere destruir la diferenciación biológica de sexos en aras de lo que llaman “libertad”; el multiculturalismo, como si Europa no hubiera desarrollado su propia cultura a lo largo de dos milenios y pico, o esta no fuera relevante en la propia Europa; el economicismo, con una obsesión por el PIB y la productividad como centro y eje de la civilización.

Se trata de valores claramente criminales, suicidas, que intentan imponerse a las sociedades y naciones de Europa. Y unos valores criminales solo pueden imponerse totalitariamente. Nunca antes los poderes políticos han atacado más la libertad de pensamiento, de expresión ¡y hasta de sentimientos! Con la mayor naturalidad del mundo los criminales hablan de “delitos de odio”, cuando ellos están cargados de un odio realmente feroz contra cuantos disientan de sus valores delictivos. Es un totalitarismo del tipo que ya previó genialmente Tocqueville, y que amenaza de destrucción a los valores sobre los que se ha construido la civilización europea. En el siglo XX tuvimos la experiencia de los totalitarismos comunista y nazi, y ahora se desarrolla este nuevo tipo, basado en la degradación de la sexualidad y con argumentos presuntamente liberales.

Sospecho que la civilización europea, nacida de la II Guerra Púnica, ha llegado a su fin con la II Guerra Mundial. Y este nuevo totalitarismo con sus peculiares “valores” podría rematar su hundimiento. Si no hay una reacción adecuada.

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