Véneto dobla la participación de Lombardía en el referéndum sobre la autonomía

Desde las 7 de la mañana, los habitantes de Lombardía y Véneto, dos regiones del norte de Italia en las que viven 15 millones de habitantes y que acumulan más de un tercio del PIB nacional, están votando en sendos referéndums consultivos para decidir si quieren ampliar su nivel de autonomía. En Véneto, donde existe una conciencia identitaria más fuerte -no en vano la República de Venecia sobrevivió durante 11 siglos-, la afluencia a mediodía había llegado al 21% del censo electoral, lo que llevaba a pensar que podría superarse al final del día el 50% de participación, el umbral mínimo para que la consulta sea considerada válida. En Lombardía, en cambio, sólo había ido a las urnas apenas el 11% de la población con derecho a voto. Especialmente floja fue la afluencia en la capital, Milán.

El presidente de Véneto, Luca Zaia, de la Liga Norte, fue madrugador. Depositó su voto poco después de abrir su colegio, en San Vendemiano, en la provincia de Treviso. “El tren sólo pasa una vez”, dijo Zaia, quien animó a los ciudadanos a participar por el bien de la región. En Lombardía, su presidente, el también liguista Roberto Maroni, criticó el hecho de que el alcalde de Milán, Giuseppe Sala, del Partido Demócrata, no hubiese acudido a votar. En Lombardía no existe un techo mínimo para dar validez al referéndum. En numerosos colegios hubo problemas técnicos con las tabletas electrónicas que se usaron por primera vez en un proceso electoral. Está por ver si habrá dificultades también en el escrutinio, que comenzará a partir de las 11 de la noche.

Se da por descontado que, tanto en Lombardía como en Véneto, la victoria del sí será abrumadora. La única incógnita está en la participación. Una poca afluencia restará autoridad política a Maroni y Zaia a la hora de negociar con el Gobierno central la concesión de más competencias en las más de veinte materias que la Constitución autoriza a transferir a las regiones. Entre ellas se incluyen las relaciones con la Unión Europea, asuntos de sanidad, educación, legislación laboral, medioambiental y otras. La asunción de más poderes implica, por su supuesto, incorporar su financiación. Las dos regiones se quejan de que aportan mucho más fiscalmente al conjunto de Italia de lo que reciben.

En Venecia amaneció un día nublado y desapacible. Pese a ello, ya de buena mañana se veía a gente, sobre todo parejas mayores, que acudían a votar. Las manadas de turistas, arrastrando maletas, eran ajenas a este proceso democrático en la ciudad. Piero, de 84 años, y su esposa, Franca, de 79, votaron sí porque quieren que Véneto se quede con más porcentaje de los impuestos que cobra. “Eso no implica que no sigamos ayudando a otras regiones, pero mejor que el dinero no pase por Roma, porque se evapora”, afirmó Franca. Riccardo Calimani, de 72 años, tenía otra visión. Este judío cuyos ancestros se instalaron en el gueto de Venecia hace 500 años se abstuvo. “Soy partidario del federalismo, de un gobierno descentralizado, pero soy contrario a los localismos porque pienso que el espíritu europeo debe alimentarse de la unidad -declaró Calimani-. A veces el localismo exasperado amenaza con crear conflictos gravísimos. Hay que tener mucho cuidado”.

Loading...