Vivir de miedo

Parece la entrada de la madriguera de ‘Alicia en el país de las maravillas’ en formato urbano: puerta de madera semioculta, pared roja. Vuelves a mirar el número: 268, sí, sí, calle de la Industria, es aquí. Llamas, ding dong, con la misma inconsciencia que la rubia con escote que muere en los primeros 10 minutos de las pelis de ‘Scream’. Si supieras lo que hay al otro lado de la puerta, te entrarían ganas de correr hacia la luz a lo Carol Anne en ‘Poltergeist’. A unos metros, hay gente chillando, voces fantasmagóricas que piden “ayuuuudaaaa”, ¿eso es una motosierra?

“Los de hoy son gritones”, comenta Cristina con la naturalidad con la que lo diría Hannibal Lecter a la hora de comer. No son ni las 10.30. “Tira un susto puerta”, pide David. Rubén asiente. Es quien está hoy en realización. En los monitores se ve con cámaras infrarrojas a un grupito que camina en la oscuridad. Rubén le da a un botón y todos gritan. “Ja, ja, ja”. En control disfrutan tanto como Freddy Krueger con un bote de Dormidina. El lema que tienen aquí: “Haremos realidad tu pesadilla”.

En este antiguo párking hay 5 ataúdes, motosierras, una ouija con verborrea, cuerpos mutilados, armas de tortura. ¿Se vive de miedo del miedo? “Nosotros por suerte, sí”, dice David

Aquí se vive de miedo los 365 días del año. Sin metáforas. En este antiguo párking hay 5 ataúdes, una ouija con verborrea, motosierras, armas de tortura, cuerpos mutilados, muñecos de vudú, una muñeca Annabelle. ¿Se vive de miedo del miedo? “Nosotros por suerte, sí”, asiente David. “Nunca lo hubiéramos pensado”, añade Cristina.

Vive tu propio entierro

David Moreno, 30 años, es actor, imitador, hasta excampeón de España de ‘air guitar’. Pone voces de ultratumba que pondrían los pelos de punta a la niña de ‘El exorcista’Cristina Raya, 33 años, es actriz, monta casas encantadas y tiene en su móvil más gente chillando que ‘Viernes 13’. Horror Box, se lee en sus camisetas. Es una productora de experiencias de terror. Organizan espectáculos, eventos a medida, están a punto de abrir su tercer ‘escape room’, ese juego ubicuo donde tienes que salir de una habitación en menos de una hora. En los suyos -puntualizan- hay que salir “con vida”. Ya han salido (con vida o muertos de miedo) más de 30.000 personas. ‘Catalepsia’, se llamará el nuevo. “Vive tu propio entierro”, adelantan. 

Hace dos años que inauguraron ‘Jigsaw’: te despiertas en unos baños a lo ‘Saw’. Los de ‘Saw’, de hecho, les han encargado la cámara oculta que promocionará este mes la octava entrega de la saga.

Hablamos frente a una ouija, en el minipiso encantado donde se juega su otro ‘escape room’. En cuanto bajas la guardia, se cae un cuadro con mala leche de espíritu faltón. ¡Planc! “Hay fantasmas”, dicen sin pestañear. “S” -confirma la ouija- “I”.

Una boda zombi

David y Cristina se conocieron hace 9 años en el Hotel Krüeger del Tibidabo. “Usted me recuerda a mi difunta esposa”, le dijo él. David estaba trabajando, Cristina recorría el pasaje como clienta antes de trabajar allí también. Él acabaría pidiéndole matrimonio en un circuito de zombis. En sus alianzas inscribieron su primera frase, la de la difunta esposa. Se casaron en el restaurante donde se rodó ‘Rec 3’, con su respectiva boda zombi. Y empezaron a hacer cenas espectáculo y animaciones en discotecas.

La ouija empieza a moverse: “L” … “A”. “No son muy ágiles”, se ríen. N-I-Ñ-A. “Hay una niña que quiere contactar contigo”, dice David. Sigue hablando como si nada.

En estos ‘escape rooms’ se han meado dos clientes el último mes. Se han hecho pedidas de mano, hasta selección de personal

“El formato de ‘escape room’ se inventó en Hungría -explica-. Un psicólogo dijo que encerrar a gente sin tecnología, comunicándose con un objetivo, segrega adrenalina. La gente sale con un subidón máximo, aunque mueran, como estos de aquí”. Se refiere a los que intentan salir de ‘Jigsaw’. Suena a lo lejos una motosierra. “Sí, ahora es cuando hacemos las hamburguesas para una cadena alimentaria”, se ríe.

David y Cristina están curados de espanto. En sus ‘escape rooms’ se han meado dos clientes en el último mes. Se han hecho pedidas de mano, hasta selección de personal. “Esto es un ‘Gran hermano’ exprés -explican-. Por las cámaras podemos ver quién es el líder, el sumiso, quién dice la verdad”.

Pasaje del terror portátil

Cada vez gusta más pasar miedo, aseguran. ¿Por qué? “Es adrenalina. Y es un terror controlado”. Este Halloween harán 35 bolos. Tienen pasaje del terror y ‘escape room’ portátiles. 

“Ya tenemos el corazón a prueba de bombas”, confirman. “Aquí los sustos y las bromas están a la orden del día”. También ha pasado “alguna cosa”, añaden sin énfasis paranormal. “Siempre buscamos la explicación más razonable. Si creemos más de la cuenta, nos puede dar un jamacuco”. Mientras, la ouija se sigue moviendo: A-Y-U-D-A.

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