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Vox (Abascal y sus amigos) o el final del sueño feliz de una noche de verano

Javier Ortega Smith, Santiago Abascal, Rocío Monasterio e Iván Espinosa de los Monteros

AR.- La crónica de Vox está siendo la anunciada por este medio desde hace años. Cuando muchos creían que el invento de Abascal y sus amigos tenía todas las trazas de convertirse en un proyecto político hegemónico, a Vox se acercaron en manada dos tipos de «patriotas»: los trepas y los sinvergüenzas. Por no plegarnos a Abascal y sus amigos, muchos de estos trepas y muchos de estos sinvergüenzas vomitaban que estábamos en la nómina del PP. A Eliot Ness también le hubiesen acusado de estar en la nómina de Alcohólicos Anónimos.

Muchos españoles de buena voluntad -quizá por exceso de optimismo o falta de formación política- han querido ver en el partido de Abascal y sus amigos una forma de oposición a la derechona liberal y al frentepopulismo revanchista de la izquierda y el separatismo. Comienzan sin embargo a descubrir que Vox no es más que una añagaza del Sistema para perpetuarse a costa incluso de los que están en contra del mismo. También que la defensa de una España fuertemente identitaria es incompatible con las directrices de los patrocinadores del invento. Que se lo pregunten a Fernando Paz.

Vox se encontró con una situación electoral inmejorable y con millones de españoles resueltos a lanzar un órdago al sistema que, durante estos cuarenta años, ha perpetuado en el poder nacional y regional a la peor canalla. No hizo falta grandes propuestas, bastaban algunos mensajes sobreactuados, como llamar al PP «la derechita cobarde», pedir el fin de las autonomías (lo que no les impedía presentarse a elecciones autonómicas), o lanzar proclamas relumbrantes, aunque sin ninguna sustancia vitamínica, dirigidas más a las tripas que a la cabeza, para que Vox pasase a representar la esperanza de cambio para cientos de miles de votantes. De no haber sido porque Abascal y sus amigos eran exactamente lo que AD nunca se cansó de decir que eran, esa multitudinaria adhesión a Vox podría haber supuesto la reversión de muchos de los acontecimientos que planean amenazadoramente sobre el futuro de la vida española.

Vox le ha dado la Alcaldía de Madrid a PP y Ciudadanos a cambio de nada. En el mejor de los casos, a cambio de un par de distritos para uso y disfrute del grupo de amigos de Abascal. Vox no va a transformar nada porque Vox es la expresión política de los intereses particulares de un puñadito de trágalas. ¿Qué dira Vox a sus votantes cuando dentro de unos días se celebre el Orgullo Gay en las calles céntricas de Madrid?

La crónica política de Vox empieza a ser bastante previsible. Los votantes de Vox deberían preguntarse de qué sirve votar a un partido que firma cheques en blanco a PP y Ciudadanos para que implementen las mismas medidas que supuestamente provocaron la huida de miles de sus militantes hacia el partido de Abascal. La tomadura de pelo de Abascal y sus amigos a los votantes de Vox no tiene parangón. Acusan al PP de incumplir los supuestos acuerdos con Vox el mismo día que Almeida tomó posesión de la alcaldía de Madrid. Éste por su parte negó que haya existido contrapartida alguna a Vox a cambio de su apoyo. ¿Quién nos está engañando? En cualquiera de los dos casos, Vox no sale bien parado.

Ahora, Abascal y sus amigos amaga con bloquear la investidura a Ayuso en la Comunidad de Madrid. Otra vez la misma ceremonia de la confusión y ora vez la misma burla a sus votantes. Se dice que Vox no puede exponerse al riesgo de dar la Comunidad de Madrid a la izquierda, que eso sería tanto como hacerse el harakiri electoral. Mentira sobre mentira. Vox generó unas expectativas inimaginables cuando se presentaba en los mítines como un eficaz anticuerpo frente a una derecha liberal y una socialdemocracia que básicamente representaban lo mismo. Ese mensaje caló y fue interiorizado por millones de españoles. Mucha gente no dio el paso de ingresar en Vox para que Abascal y sus amigos oficializaran teatralmente de costaleros del PP y de Ciudadanos, y además de «submarinos», bajo el trono, para ser menos visibles. Abascal y sus amigos sostienes internamente que ellos no pueden asumir la responsabilidad de alejar al PP del mando en la Comunidad de Madrid, que ese supuesto tendría para Vox un coste electoral muy elevado. Si fuera así, si al final fuese verdad que Vox se enfrenta a la absurda disyuntiva de tener que apoyar al PP o desaparecer electoralmente, ¿qué sentido habría tenido entonces la aparición de Vox en el tablero político salvo para los que ya han conseguido poltronas, que son justamente Abascal y sus amigos.

Vox ha cometido el mismo error que Podemos. El partido de Iglesias nació y creció espectacularmente como una saludable vacuna contra la casta, representada por igual por socialistas y populares. Luego la casta quedó reducida al PP de Rajoy y Podemos terminó mimetizándose tanto en PSOE, que acabó devorado por los de Sánchez. Semejante devora a semejante es un principio químico que pueda aplicarse también a la política.

Abascal y sus amigos se sirvieron de una coyuntura política favorable para beneficiarse ellos y olvidarse de todos lo demás. Porque si se creyeran lo que han vendido estos meses a sus potenciales votantes, si hubiesen creído de verdad en lo que les exigía esta oportunidad histórica que nunca más van a tener, tendrían entonces que haber convocado a sus militantes en Vistalegre, o en cualquier otro escenario, para que fuesen estos los que mayoritariamente decidieran los pactos a firmar, y bajo qué cláusulas y condiciones. No veo mejor fórmula de legitimitación política y moral que ésta. Pero no ha sido así, lo que confirma la poca o nula fiabilidad de Abascal y sus amigos. Sencillamente no se han atrevido a dar este paso porque saben que los militantes, de forma abrumadoramente mayoritaria, les habría marcado un camino distinto al que ellos han tomado. Y porque lo que buscan es legitimar el bipartidismo y retornar a la casa matriz con todos los honores.

Que los que aún continúan en Vox mediten seriamente sobre si merece la pena embarcarse con quienes han tirado a la basura la oportunidad histórica que han tenido. Y si pese a las evidencias deciden que sí, que entonces no se quejen cuando descubran que el feliz sueño de una noche de verano no fue otra cosa que una mala pesadilla.