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Vuelve el efecto llamada: las mafias ya están fletando barcos llenos de inmigrantes a seis mil euros por persona

En la imagen, un bote inflable intenta cruzar el mar Mediterráneo hacia Italia con 47 inmigrantes africanos a bordo.

Por Joaquín Abad.- La historia se repite. En abril del 2006, hace catorce años, el gobierno de Rodríguez Zapatero anunció que facilitaría a todos los inmigrantes su residencia legal en España.

Provocó el conocido efecto llamada que aumentó la entrada de pateras en nuestras costas. En España tenían sanidad y enseñanza gratuita.

Si en el año anterior ya habían fallecido, ahogados en el mediterráneo, más de seiscientos subsaharianos que intentaban alcanzar las costas españolas, a partir de la llamada del gobierno de Zapatero, aquello se disparó.

Y la historia, cada vez que un nuevo gobierno socialista llega a la Moncloa, se vuelve a repetir.

Y esta vez la iniciativa, la llamada, ha sido de su vicepresidente, el comunista fundador de Podemos, quien ha aprovechado el estado de alarma por la pandemia del covid-19, para anunciar que se daría una paga a los que no tuvieran recursos.

Inmediatamente los canales de televisión árabes replicaron la noticia, dando detalles de los requisitos para alcanzar la paga anunciada por Pablo Iglesias.

Y, claro, las mafias ya están contratando pasajes, a seis mil euros por persona, para fletar barcos llenos de inmigrantes que abandonarán en cayucos al llegar a las aguas jurisdiccionales españolas, para que los barcos de ciertas ONG’s, como Open Arms, financiadas por George Soros, avisados convenientemente, se hagan cargo de ellos y los trasladen a nuestras costas, donde serán acogidos.

Luego, esas organizaciones les facilitarán impresos para que acudan al ayuntamiento y soliciten su empadronamiento, con la promesa de que denunciando que fueron víctimas de mafias se les eximirá algunos requisitos para alcanzar la paga prometida por el líder podemita, que vive en un chalé de Galapagar, custodiado por no menos de 20 agentes de la Guardia Civil, para que los vecinos no le molesten con sus insistentes caceroladas.