Ximena Suárez, superviviente del accidente de avión del Chapecoense: “Sé que soy un milagro”

Vestida para ejercitarse, Ximena Suárez, de 28 años, luce varias cicatrices alargadas y uniformes en un brazo y las pantorrillas. Son cortes netos, en su día profundos, recordatorios del accidente aéreo. Suárez, antes azafata y que ahora ha empezado una nueva vida como modelo, sobrevivió a la caída del avión que transportaba al equipo de fútbol brasileño Chapecoense en noviembre de 2016. La joven boliviana fue uno de los seis únicos supervivientes del accidente. Murieron 71 personas. El avión se quedó sin combustible a pocos kilómetros de la pista de aterrizaje de Medellín. Este lunes el Chapecoense ha sido invitado por el Barça para jugar el torneo de verano Joan Gamper. Buena ocasión para que Ximena Suárez, ya en la fase final de su recuperación psicológica, se atreva a contar cómo vivió la tragedia y cómo la está superando. La entrevista ha sido concertada en el gimnasio Megathlon de Santa Cruz de la Sierra, la capital financiera de Bolivia, de donde partió el avión siniestrado de la compañía de chárter LaMia. Se siente bien pero su expresión se tuerce cuando habla del accidente y, a ratos, le sobreviene una mirada asustada.

¿La pesadilla ha terminado?

Sí, eso ya lo puedo decir. Hace poco tiempo que me levanto bien cada mañana. Antes no podía dormir. Me costó meses.

¿Se siente afortunada?

Sí, muy afortunada, pero también he tenido que ser muy luchadora.

¿Considera que fue un milagro que se salvara?

Sí, me siento como un milagro y creo que la gente me ve así, se me acercan y me lo dicen, sois un milagro. Y le pregunto a Dios todos los días por qué, qué quiere que haga, por eso se me ha metido en la cabeza lo de escribir un libro, dar charlas y prepararme para que al menos mi supervivencia sea un testimonio útil para otra gente.

¿Cómo ha cambiado su vida?

Espiritualmente me he acercado más a Dios. Soy evangélica pero antes no era practicante. Ahora sí. También le doy más importancia a cosas que antes no valoraba tanto. Yo antes era muy fiestera, prefería salir antes que estar con mi familia. Ahora he cambiado las prioridades. La familia es primordial. Tras una experiencia como esta, una se da cuenta de quienes son los que importan y los que valen como amigos.

Yo antes era muy fiestera, prefería salir antes que estar con mi familia. Ahora he cambiado las prioridades. La familia es lo básico ahora”

¿Nada es igual ya?

No, ahora valoro mucho más la vida. Por eso me disgusta, me hace sentir impotente que haya tanta muerte y tanta violencia a mi alrededor, que haya tantos asaltos [días antes de la entrevista hubo en Santa Cruz de la Sierra un asalto armado a una céntrica joyería que acabó con el saldo de cinco muertos y conmocionó a toda la ciudad].

¿Le ha costado salir adelante?

Sí, mucho y aún estoy con terapia. Pero mis dos hijos me han dado la fuerza necesaria para afrontarlo.

Ximena Suárez durante un momento de la entrevista en el gimnasio Megathlon de Santa Cruz. Ximena Suárez durante un momento de la entrevista en el gimnasio Megathlon de Santa Cruz. (Roxana Ibañez)

¿Qué le falta para recuperarse del todo?

A nivel físico me queda recuperarme un poco más del pie [tuvo fractura de peroné, además de lesiones en cuello, omóplato y brazos], recuperar más movilidad. Y luego, seguir con la terapia hasta que pueda volver a ser azafata, hasta que me sienta más segura. Siento que tengo que aprovechar esta experiencia para ayudar a los demás, a otros tripulantes por ejemplo, para que tomen conciencia, que se den cuenta de que ser parte de la tripulación es un trabajo complicado. Estamos al cargo de la seguridad de todos. Lo de ser tripulante de avión todo el mundo lo ve fácil y, en cambio, tenemos que estar preparados para una emergencia. Física y psicológicamente preparados.

¿Ha pensado en volver a ser asistente de vuelo?

Sí, sí, tengo claro que lo volveré a hacer, pero todavía no estoy preparada.

¿Por qué?

Aún tengo un poquito de miedo, tengo que acabar de superarlo. En una avión los tripulantes estamos ahí por una cuestión de seguridad. Mucha gente depende de nosotras y no me veo aún para hacer este trabajo de nuevo porque no me siento segura, pero sé que más adelante lo haré, es una cuestión de tiempo. Y una cuestión de carácter. Antes del accidente ya llevaba siete años trabajando como tripulante.

Vuelvo al lugar del accidente porque es algo que siento que tengo que hacer, que me hace falta para seguir adelante”

¿Ha vuelto a volar?

Fui de Santa Cruz a La Paz para hacer unos trámites, y la verdad es que a la ida me sentí bien, pero a la vuelta me asusté un poco. Pero volar no me da miedo. Este 10 de agosto me voy para Colombia en avión.

¿Vuelve al escenario del accidente?

Sí, es algo que siento que tengo que hacer, que me hace falta para poder seguir adelante, y también aprovecharé para visitar a la gente que me ayudó allá. Será la primera vez que voy desde el accidente.

¿Se atreve a enfrentar ese recuerdo?

No me da miedo, ya estoy preparada, he estado trabajando con un psicólogo para poder ir. Va a ser duro, un golpe duro, pero creo que va a llenar un vacío que siento, como si me faltara algo,

Una imagen de la azafata Suárez sobreimpresonada sobre el avión siniestrado cerca de Medellín. Una imagen de la azafata Suárez sobreimpresonada sobre el avión siniestrado cerca de Medellín. (LVD)

¿Está en contacto con Erwin Tumiri, el otro tripulante boliviano que sobrevivió al accidente?

Sí, de forma constante. Estamos en contacto, vamos hablando.

¿Fue Tumiri quien la sacó del avión?

Sí, los dos íbamos en la parte trasera del avión, él a mi lado. Los dos nos pusimos en la posición fetal, como indican las normas. Tras el impacto había un trozo de puerta abierta y yo tenía una pieza metálica encima, creo que parte del ala. Era oscuro y escuchaba muchos gritos.

Supo que había supervivientes como usted

Sí, incluso al final no entendía que fueran tan pocos los supervivientes. Escuchaba tantos gritos…

¿Estuvo consciente en todo momento durante la caída del avión y después?

Sí, y en ese rato la adrenalina me ayudó a salir de allí, de la cabina. Me quedé inmovilizada porque tenía parte del fuselaje encima, y fue Tumiri quien me lo sacó de encima para poder salir del avión. Nos alejamos como pudimos porque había un olor fuertísimo a gasolina, por eso huimos, no sabíamos si iba a estallar. Tenía cortes profundos en brazos y piernas. En uno se veía el hueso. Pensé que perdería el brazo. Me tuve que hacer un torniquete, con la ayuda de Tumiri. Pero salí de ahí, gracias a Dios.

En todo momento fui consciente, me quedé inmovilizada porque tenía parte del fuselaje encima, y fue Tumiri quien me lo sacó de encima; nos alejamos como pudimos porque había un olor fuertísimo a gasolina”

¿El avión cae en picado y se estrella?

No, no cae en picado, el avión va ladeando y cae. Fue cuestión de segundos. A una velocidad enorme, muy fuerte.

Usted declaró después que se quedó todo a oscuras, que oyó un gran impacto y que no recordaba nada más. ¿Luego fue recuperando la memoria?

Sí, la verdad que sí, conforme fueron pasando los días fui acordándome de más cosas. Y mientras iba escribiendo el libro he ido recordando más cosas. La gente intenta saber qué es lo que pasó, por eso intento hacer un libro.

¿Qué fue lo que pasó?

Fui consciente en todo momento, nadie se imagina lo que es eso..

[La entrevista se interrumpe un instante. Ximena Suárez parece que va a romper a llorar, pero evita el sollozo finalmente. Se seca los ojos con las manos y prosigue]

¿Durante el vuelo no pasó nada que pudiera levantar sospechas?

Todo el vuelo fue bien, hasta el final. Lo que pasó fue una sorpresa. Nadie cree que le pueda pasar eso, nadie está preparado para una cosa así. Yo creo que ni los propios tripulantes están preparados y me parece que sería bueno que se probara este tipo de circunstancias en simuladores. Nosotros por suerte habíamos hecho la certificación, yo hice la instrucción premilitar y todo ese conocimiento me ayudó. El avión de LaMia lo certificamos, me tocó a mi certificarlo.

¿Certificar quiere decir sacar el permiso oficial?

Sí, lo hicimos en el aeropuerto de El Trompillo. Salió todo perfecto, hasta nos felicitaron.

Lo de ser tripulante de avión todo el mundo lo ve fácil y, en cambio, tenemos que estar preparados para una emergencia, física y psicológicamente preparados”

¿Entonces cree que no hubo negligencia pese a que se habló de que el avión salió muy justo de combustible?

Creo que negligencia… Mire aquí en Bolivia somos mediocres y la aeronáutica boliviana necesitaba que le pasara algo como este accidente. Para que pensemos más en las cosas, se conciencien más y no nos confiemos, porque aquí en este caso hubo un exceso de confianza, de pensar que íbamos a llegar, no sé la verdad qué se les pasó por la cabeza a los pilotos, pero uno tiene que tener también sus precauciones.

¿No hubo tiempo de hacer nada en el avión?

No, no, no hubo tiempo de nada, y no sé si hubiera habido tiempo si se hubiera podido hacer algo. Cada noche leo cosas sobre accidentes, busco en Internet y me pregunto si se hubiera podido hacer algo. Incluso mucho tiempo tuve sentimiento de culpa por no haber podido hacer más para salvar a gente.

¿Salisteis del avión y os fuisteis a un árbol a esperar el rescate?

Sí, yo no tenía ni fuerza, solo escuchaba gritos desesperados. Era de noche, todo era confuso.

¿Este rosario que cuelga del pecho lo lleva desde el accidente?

Sí, me lo regaló el padre Miguel, que fue el que me confesó cuando estaba en el hospital en Medellín, pero me dijo que se lo había regalado el papa Francisco en persona, así que llevo siempre este rosario del Papa, como si fuera mi amuleto. O lo llevo en el bolso, o está en mi cuello.

El avión no cayó en picado, fue ladeando hasta que se estrelló, en cuestión de segundos, a una velocidad enorme”

¿Por qué un libro sobre la experiencia? ¿Tiene título?

No, aún no tiene título pero ya está escrito, lo está revisando el escritor Homero Carvalho y lo va a editar Planeta. Hablo de mi vida de antes y del cambio que ha provocado mi accidente. Escribir ha sido una terapia para mí, recomendada por mi psicólogo. Por eso también el viaje para volver al cerro del desastre, para completar mi terapia. Saldrá en noviembre, para el primer aniversario.

¿Todavía recibe terapia psicológica?

Todavía estoy siguiendo tratamiento con psicólogo y con psiquiatra, eso me ha ayudado mucho,

Tuvo muchas críticas por abrir una cuenta en GoFundMe para recaudar dinero para sus gastos médicos.

Sí, la cuenta ya está cerrada, duró un mes y medio [logró poco más de 15.000 dólares]. Me ha servido para pagar las facturas médicas, tuve que operarme un par de veces por una bacteria, en Colombia, y eso ya se llevó casi todo lo que me dieron de indemnización. La gente critica sin saber, por criticar, eso me dolió. Soy mamá soltera de dos niños y la póliza solo cubrió una parte de los gastos. Lo de hacer de modelo también me ha servido para pagar mi recuperación.

¿Cuando dice que la gente la atacó fue en las redes sociales?

Sí, en las redes sociales, hasta me llegaron a decir que por qué no me había muerto en el avión, y no sé cómo puede haber gente así, con esa maldad hacia las personas, es increíble cómo la gente opina sin saber qué ocurrió. ¡No sé qué quiere la gente!

La aeronáutica boliviana necesitaba que le pasara algo como este accidente, para que pensemos más en las cosas, y no nos confiemos, aqui hubo un exceso de confianza”

¿Y Ximena Suárez qué quiere?

Que me dejen tranquila, y poder cumplir mis metas, mis sueños, salir adelante.

¿Qué sueños tienes ahora?

En principio seguir con mi carrera de modelo. Seguir por esa vía y luego volver a ser tripulante, y aspiro a lograr ser instructora de vuelo. Otra meta es dar charlas a personas que hayan pasado por situaciones de accidentes o de pérdidas, cuando creen que el mundo se acaba y se deprimen por pequeñas cosas que parecen inmensas, quiero ayudar a la gente a salir adelante.

La ruta del avión del Chapecoense que cayó en noviembre de 2016 La ruta del avión del Chapecoense que cayó en noviembre de 2016 (Jordi Bagué)

¿Alguna charla prevista?

Sí, en noviembre, en Curitiba, Brasil, ante 600 tripulantes y pilotos de avión, cuando se cumpla un año del accidente. Así como mi libro me sirve como terapia, espero que también sirva para ayudar a la gente. Y mis charlas también. Me estoy preparando en oratoria porque también voy a hablar en televisión, y tengo que ganar en desenvoltura.

¿Ha contactado con los familiares de los otros tripulantes que fallecieron en el accidente?

Sí, y fue durísimo hablar con ellos. No solo hablar, sino verlos. Quedé con ellos, quería hacerlo. Había que hacerlo.

Me gustaría poder ayudar a gente que ha pasado por situaciones similares o que hayan pasado por situaciones de accidentes o de pérdidas, cuando creen que el mundo se acaba y se deprimen por cosas que parecen inmensas”

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