Y esto es lo que no quiero, por Jordi Évole

No quiero más horas graves. No quiero más amenazas. No quiero más ultimátums. No quiero seguir aguantando la respiración. No quiero fachas agrediendo por las calles. Ni en colegios. Ni en universidades. Ni frente a medios de comunicación. No quiero dirigentes que dicen tomar decisiones que no quieren tomar. No quiero que en petit comité te digan una cosa y en público hagan otra. No quiero gobernantes sin la altura y la valentía necesarias para decir a los suyos lo que no quieren oír. No quiero que sigan engañando a tanta gente ilusionada.

Hojas de ruta que cambian

No quiero presidentes que pidieron firmas contra un Estatut (la zona cero del conflicto) y ahora se permiten cesar a otros presidentes democráticamente elegidos. No quiero más líderes en la cárcel. Ni que los que están permanezcan encerrados. No quiero repúblicas proclamadas a partir de un referéndum al que ni los observadores internacionales que contrataron dieron validez. No quiero plebiscitos ganados con el 48% de los votos. No quiero ante decisiones trascendentales participaciones del 38% del censo. No quiero parlamentos que para elegir a los directivos de la tele pública necesitan un quórum de 90 diputados, y para declarar la independencia se conforman con 70. No quiero que cada cual tenga su interpretación de lo que es o no democrático.

No quiero que nadie legitime la actuación de un Gobierno por hostiar a ciudadanos que pacíficamente protegían colegios para que la gente votase. No quiero que las hostias legitimen el resultado de un referéndum del que gran parte de la población se sintió excluida. No quiero que me vendan hojas de ruta que si no salen como ellos quieren te la cambian por otra. Y luego por otra.

Presidentes pendientes de tuits

No quiero que aparezcan tipos que si no haces lo que ellos te dicen te conviertan en traidor, incluso si eres de los suyos. No quiero a gente tan tóxica en la política que a la primera de cambio tildan a su presidente de Judas o lo ponen boca abajo, y además así creen que le presionan para que cambie de opinión. No quiero que ese presidente esté pendiente de esos tuits (si es que lo está) o del clamor de la plaza que se cuela por los balcones del palacio. No quiero que mis gobernantes no se den cuenta que el mundo es más grande que Twitter. Y que los que les recriminan en la plaza no representan a todo un país. No quiero comparecencias sin preguntas. No quiero que ahora se escondan y no nos cuenten cómo nos piensan sacar del lío en el que nos han metido. No quiero que me digan cuándo votar es bueno y cuándo votar es malo los mismos que hicieron eslogan con el Votarem, los mismos que dijeron que votar era ilegal. No quiero que todo parezca innegociable. No quiero vivir en la República de la astucia, ni en el Reino de los listillos. No quiero comerme una manzana, dos veces por semana, sin ganas de comer. (Perdón que esto es de Sabina…).

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