¿Y si no les hacemos caso?

La suerte parece echada. Ojalá tuviera que tragarme estas palabras pero no creo que tengamos ninguna sorpresa agradable en esta semana que terminará con sol en el cielo pero con una borrasca política y social del carajo. No consigo recordar un episodio en el que la incompetencia, el sectarismo y el desvarío de unos pocos hayan provocado tamaño estropicio en una inmensa mayoría. No es solo que la política haya fracasado, ¡es que nos han traspasado el problema a nosotros!

Ellos pueden ponerse a caldo en el Parlament, en el Congreso, en el Senado, en la tele… me da igual, va en su sueldo; pero los cabreos, las discusiones, las rupturas, la frustración, el miedo, los lloros, las malas caras en casa, en el trabajo, con los amigos…, eso es como una aluminosis para la convivencia.

Y es justo eso lo que nos están chutando en vena. Unos se han saltado la ley a la torera, embriagados por la fuerza de un movimiento civil que merecía mejor suerte que esta chapuza; o este suicidio. Otros han apostado por el ninguneo o la humillación sistemática, y ahora que huelen sangre planean un escarmiento de aúpa; que se sepa lo que cuesta poner en cuestión la sacrosanta unidad de la patria.

A estas alturas de la película les aseguro que estoy harto; no tengo muchas ganas de seguir profundizando en análisis, si no son como los de Isabel Coixet que la otra tarde me decía en la radio: “¿Y si han puesto algo en el agua?”. Desde luego, sería una explicación.  Pero se me ha ocurrido algo: ¿Y si no les hacemos caso? Quiero decir, entre unos y otros han creado las condiciones propicias para que acabemos a guantazos, separados, enfrentados, disgustados…

¿Si alguien tiene que pegarse o enemistarse que sean ellos, los que han diseñado este ring de boxeo. Insisto: #YSiNoLesHacemosCaso. Pásalo

¿Pues saben una cosa? Que yo paso. Pienso seguir discutiendo con mis familiares y amigos independentistas pero sin renunciar a los abrazos y las carcajadas; voy a continuar tomando cervezas en algún bar de Madrid con los colegas que creen que la independencia es de locos y los catalanes, en general, unos plastas. Propondré que dentro del grupo de cazadores de mis hermanos no esté prohibido hablar de política en el whatsap. Y sobre todo, pisaré otros territorios como el cine, la literatura, la música, el teatro, el deporte o los viajes, sin los cuales no concibo la vida.

Si alguien tiene que pegarse o enemistarse que sean ellos, los que han diseñado este ring de boxeo. Insisto: #YSiNoLesHacemosCaso. Pásalo

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