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Zemmour, por desgracia, tiene razón

Lean a Eric Zemmour. Presten atención (no hace falta que le voten, pero sí que le escuchen) a ese autodenominado pequeño berebere del otro lado del Mediterráneo que quiere reconquistar Francia. Los periodistas, la inmensa mayoría de ellos y no sólo en París, se limitan a leerse unos a otros y se niegan a pensar por su cuenta. Esa inmensa mayoría que ayer estaba con Hollande y hoy con Macron, la forman los mismos, apenas una frontera más al sur, que ayer estaban por el fin del bipartidismo en España y, hoy, por la gran coalición entre PSOE y PP mientras exigen —exigen, oigan— al todavía líder del PP, Pablo Casado, que amplíe la brecha (eufemismo de cordón sanitario) con el presidente de VOX, Santiago Abascal.

Los mismos que hasta hace unos días renegaban de las fronteras porque apenas eran rayas artificiales pintadas en el suelo y ningún ser humano es ilegal, son los que hoy salen en tromba ideológica para que deporten entre insultos a un deportista no vacunado por haber entrado —con alguna irregularidad en su bolsa de raquetas— a un paraíso socialdemócrata.

La misma inmensa mayoría de periodistas que un día reniegan de las etiquetas porque el mundo ya no se mueve en esos parámetros y al siguiente usan sus parámetros y las etiquetas asociadas —y no las razones objetivas— para referirse a la ultraderecha. Los mismos que dicen defender la libertad de prensa y la libertad de expresión y al día siguiente callan cuando Moncloa revive la censura que creíamos enterrada y retira la acreditación de los periodistas de dos medios críticos con el Gobierno. Los mismos, al final, que ayer exigían memoria para hechos de hace nueve décadas ya enterrados junto a sus protagonistas y que hoy exigen olvido para los crímenes de antes de ayer cometidos por los que hoy tienen el poder de desacalabrar presupuestos.

No estamos hablando de unos pocos, sino, como dice Zemmour, de la inmensa mayoría. Como él, nosotros también los conocemos bien. Son los que llaman socialdemócrata a Lula, progresista a Petro o presidente a Maduro. Son los que alaban el leviatán fiscal hasta que les tocan el IVA. Los que ayer aplaudían y hoy ponen en valor. Esa mayoría periodística que es la que pone las reglas del juego, verificadores incluidos, y que medra al cobijo de los que controlan las subvenciones públicas que tanto daño han hecho al segundo oficio más viejo del mundo.

Si tienen alguna duda, sigan con atención lo que va a ocurrir en los próximos días en la mayor parte de los países europeos, incluida España.Todos esos periodistas que hasta hace unas horas clamaban por la vacunación obligatoria, los confinamientos, la vacunación infantil y los pasaportes covid, mañana serán los que activen una campaña feroz a favor de la aceptación de que el covid actual no es más que una gripe moderada y que la gente infectada con síntomas leves no debe acudir a los centros de salud. Y entonces recuerden que fueron esos mismos periodistas los que hasta hace unos días vetaban a todo aquel negacionista (aunque no lo fuera), que se le ocurría disentir de la mayoría y decir entonces lo que ellos van a decir ahora.

Porque la mayoría, como venía a decir aquel ministro Cabanillas, son siempre ellos. Digan lo que digan. Nosotros, por nuestra parte, sólo podemos decir que Zemmour, por desgracia, tiene razón.


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