Inicio Argentina A falta de confianza, el principal problema del Gobierno es también político

A falta de confianza, el principal problema del Gobierno es también político

En la tarde frenética de ayer, con el dólar paralelo rozando los 500 pesos, el ministro Sergio Massa arremetió en Twitter: le advirtió al mercado que utilizará la justicia penal económica y la Unidad de Información Financiera, que investiga el lavado de activos, para combatir la corrida cambiaria. Le hizo la segunda, como se dice en el barrio, la titular de la Cámara de Diputados, Cecilia Moreau, su pupila, con una amenaza de tono adolescente. “Hay algunos jugadores del mercado que solo conocen al Massa que trabaja 16 horas por día y dialoga con todos, pero me parece que de acá al viernes van a descubrir al que conocemos en la política, que cuando se cansa de que lo quieran boludear pelea con todo lo que tiene”, escribió la legisladora en la red social del pajarito.

Esas dos reacciones, espasmódicas, pusieron en evidencia la principal dificultad que atraviesa el gobierno y lo que explica porqué asoma como incapaz de domar la crisis: el principal problema que tiene no es sólo económico; es político. La administración nacional ya no genera confianza entre los que deciden el rumbo del dinero, y de la masa de medianos y pequeños ahorristas que buscan refugio en el billete verde.

El desembarco de Massa en agosto del año pasado había revertido una realidad parecida a la de ahora cuando la saga de las salidas de Martín Guzmán y Silvina Batakis de Economía acorraló al presidente Alberto Fernández al punto de aceptar el arribo del tigrense a su gabinete con un paquete de poder interesante, básicamente el manejo de ciertos resortes de gestión que nunca pudieron tener sus antecesores.

En efecto, Massa llegaba con espalda política, avalado en silencio por la vicepresidenta Cristina Kirchner. Al cabo de unos ocho meses en el cargo el ministro también parece haber gastado buena parte de su crédito. Massa ya no genera esa expectativa inicial, esa confianza política que hace rato no tiene Fernández y que genera, por ejemplo, que ninguna receta resulte eficaz para frenar la inflación y que se cierren todos los grifos para conseguir el insumo que más falta y que más necesita la economía argentina: dólares frescos.

Se asiste, así, a una administración sin confianza política y sin dólares para gestionar su economía. Es una combinación letal, según la mayoría de los economistas.

Hay un consenso generalizado en que para llegar a las elecciones generales más o menos con la lengua afuera pero sin chocar, el gobierno necesita entre 10 mil y 11 mil millones de dólares. Está claro el fracaso del denominado Dólar Soja 3, esa devaluación selectiva que iba a insuflar más de 5 mil millones. Con una brecha de 120 % entre el dólar oficial y el blue, los exportadores recurren a la cautela y al acopio antes de liquidar con una divisa especial de 300 pesos.

Massa, en tanto, manotea verdes de aquí y de allá. Fuentes oficiales aseguran que está negociando con el FMI para obtener fondos frescos por un poco más de 5.000 millones de dólares, ya sea mediante adelantos de lo que debería desembolsar el organismo en lo que resta del año según e acuerdo vigente o por un nuevo préstamo a conversar.

El gran argumento: cubrir las pérdidas reales ocasionadas por la tremenda sequía que afectó las cosechas y que dejaron a la economía sin 20 mil millones de dólares en este 2023. Eso sí, Massa tendrá que explicar porqué el déficit fiscal, una de las condiciones para conversar, se achica a paso de tortuga.

Ese caudal de dinero añorado le permitiría al gobierno engordar las reservas del Banco Central -hoy casi inexistentes- y llegar con algo más de competitividad a las Primarias Abiertas de agosto. Porque Massa, digamoslo, todavía suena como candidato posible del Frente de Todos, aunque en el oficialismo muchos dirigentes sostienen que dificilmente la gente lo premiaría con su voto en este contexto desfavorable para la mayoría que él mismo pilotea. Misterios del universo oficialista.

Se supone que Massa busca respaldo para todo esto en la administración de Joe Biden. Estados Unidos como aliado para influir en las decisiones del Fondo -donde también pesan otros países como Alemania o Japón- y en otros organismos de crédito internacionales en el caso de que fuera necesario recurrir a ellos.

Pero Massa integra el mismo gobierno que juega a la ambigüedad en relación al lugar en que se para respecto a ciertos intereses estratégicos globales de ese país. El más sensible: el avance de China en el mundo y, obviamente, la intención de esa potencia de desembarcar en Argentina con presencia en temas sensibles como la energía y las comunicaciones.

Es que en el mismo seno del gobierno que formalmente encabeza Fernández conviven diferencias notables respecto a qué lado situarse.

La renuncia del presidente Fernández a su eventual candidatura a la reelección no redundó en un fortalecimiento mayor de Massa, que ya venía pareciendo como el hombre que manejaba la gestión, básicamente porque el descontrol inflacionario y ahora la subida del billete verde se comieron cualquier nuevo rédito posible del ministro.

Massa ahora irá por Miguel Pesce, el presidente del Banco Central, a quien sindica en privado como uno de los responsables de la corrida por no saber administrar con sabiduría las herramientas a su disposición -suba de la tasa de interés y demás- para hacer más tentadora la permanencia de las carteras en pesos.

Aún cuando avance contra el protegido de Alberto para tratar de fortalecerse políticamente, es riesgoso: sin Pesce ya no habrá a quién echar culpas. Porque, convengamos, que pocos creen el relato oficial de que es “la derecha” la que incentiva las corridas porque está en contra del gobierno “popular”. ¿O la mayor crítica del propio cristi-camporismo a Alberto no es que ha tomado medidas y ha decidido alineamientos que no benefician al pueblo?