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A Qatar en alza

Hay amistosos que sirven de poco, pero otros, como el de anoche, que dejan varias cosas positivas como para sentir seguridad que el camino elegido es el correcto. Argentina anoche derrotó 3-0 a Honduras en el Hard Rock de Miami, un partido que poco importará en el futuro y que no tiene el relieve en el rival como para aplaudir de pie. Pero la Selección jugó bien y enfrente tuvo a un equipo que lejos de sentirse un partenaire jugó a defender con dientes apretados y muchos hombres dentro de su área, un escenario que tendrá al menos en la primera fase del Mundial.

Muchos hinchas se quejaron del juego “brusco” de los hondureños, que lejos de la mala intención es verdad que le jugaron con rudeza a los astros argentinos. Pero enhorabuena esa forma de enfrentar a la Selección. De nada sirve tener enfrente a jugadores que no quieren entrar en contacto porque la idea en esta previa es entrar en clima de Mundial y lo mejor es hacerlo con rivales así. Para muestras sobran otros amistosos que nada de nada dejaron de positivo.

Argentina jugó a su ritmo, con mucha presión en la mitad de cancha y con un Rodrigo De Paul determinante para recuperar y lanzar. En los primeros minutos Leo Messi estuvo encimado por Héctor Castellanos por eso quien se hizo cargo de romper en los metros finales fue Papu Gómez. De sus pies llegó el primer gol, a los 15 minutos. La agarró el capitán y jugó un pase aéreo cargado de precisión para que Gómez rompiese por la izquierda y tras un centro rasante Lautaro Martínez rompió el cero. Una jugada de fútbol cinco que tan bien le sale a este equipo anoche fue la llave para abrir un partido que lejos estaba de ser fácil. Y de hecho no lo fue en ese primer tiempo jugado ante una multitud.

El 1-0 le hizo bajar la intensidad a los nuestros, que empezaron a sufrir el rigor de los centraomericanos, alguna pierna levantada contra Lautaro y una entrada más fuerte de lo normal sobre Messi. Incluso el wing Quioto sorprendió en una contra por la banda izquierda del ataque.

Cuando la temperatura estaba en alza y el público comenzaba a jugar su propio partido llegó el penal para Argentina. Sorprendió Lo Celso por la derecha de la defensa en donde Marcelo Santos cometió claro penal: lo tomó de la camiseta y luego lo empujó arriba. El árbitro norteamericano no dudó en sancionar la penal máxima, que Messi transformó en gol con mucha clase para empezar a asegurar el partido y, lamentablemente para los neutrales, quitaron un poco la emoción que empezaba a generar.

El segundo tiempo Lionel Scaloni empezó a cuidar a algunos jugadores. El primero que salió fue Lautaro Martínez, que había quedado un rato en el suelo luego de un “toque” del arquero rival. Lo reemplazó Julián Álvarez, la nueva estrella del Manchester City. Luego fue Alejandro Gómez el que le dejó su lugar a Thiago Almada, el jugador más extraño de la convocatoria: su primera vez en la Selección a dos meses del Mundial.

El complemento fue todo de Argentina. Messi jugó más adelantado, como en sus mejores épocas, y desde allí generó todo el juego asociado de una selección que llegó muchísimas veces hasta el arco de López, que tuvo más trabajo que nunca.

Leo Messi fue el estratega y quien le dio dinámica al juego. Esta vez no hubo patadas ni piernas fuertes. Argentina encontró espacios y tocó rápido hacia las puntas para descolocar a un rival que empezó a sufrir la velocidad y precisión de Argentina. Sólo faltó que el tercero llegara más pronto para que la fiesta sea mayor.

El gol llegó a los 23 minutos y lo hizo la figura del partido: Lionel Messi. Un minutos antes le habían anulado un mano a mano por off side (pase de Almada) pero esta vez definió por arriba del arquero tras aprovechar un mal pase atrás de Kevin Arriaga. El jugador del PSG, de vaselina, clavó el tercer gol, su 23ra conquista en la Era Scaloni.

En el segundo tiempo la Selección fue un vendaval de fútbol. Mucho toque y rotación. Nunca subestimó al rival ni al partido y esa fue una de las mejores cosas que dejó un amistoso jugado en serio pese al nerviosismo de que algún jugador pueda lesionarse. Pero hay que dejar el miedo de lado y Scaloni, parece, no lo tiene. Otra buena señal de cara al futuro.

“Volveremos a ser campeones como en el ‘86…”, el grito de los argentinos radicados en Estados Unidos para despedir al equipo, mostrando el entusiasmo total por un equipo que despierta pasión e ilusión. Esta vez la posibilidad tiene sustento. A falta de 50 días para el inicio de la copa del mundo, el pueblo futbolero no hace otra cosa que pensar en repetir el título aquel con Carlos Bilardo al frente. Razones no faltan…

Argentina mostró buen nivel y recambio para éste o el próximo Mundial

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