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Con intendentes y movimientos sociales, Cristina define su rol de armadora electoral del peronismo

Con intendentes y movimientos sociales, Cristina define su rol de armadora electoral del peronismo

Cristina Kirchner hablará hoy antes del fallo en la causa vialidad / web

Más que por una candidatura propia, algo que se decidirá no antes de cinco meses, Cristina Kirchner trabaja para erigirse como el gran cerebro electoral del armado del PJ bonaerense de cara al comicio que se avecina. Dio muestras de pragmatismo en su reciente reunión, se supone que con espíritu reconciliatorio, con el Movimiento Evita, la organización social de perfil peronista con mayor presencia territorial en el Conurbano y la que más planes de asistencia maneja.

Junto a sectores gremiales del peronismo tradicional enrolados en la CGT, el Evita venía siendo el gran soporte político de Alberto Fernández. Integrado al Gobierno vía el ministerio de Desarrollo Social pero también en otras carteras, le garantiza al Presidente una cierta paz social, un control del territorio, en especial en el Gran Buenos Aires, en momentos en que la economía no ofrece más que parches. Como el Plan Potenciar Trabajo, que administra el evitista Emilio Pérsico, la cabeza de ese movimiento, en un curioso ejercicio de estar de los dos lados del mostrador.

Ambición

El Evita siempre se llevó pésimo con el cristinismo duro, básicamente La Cámpora. También, con los intendentes justicialistas del Conurbano, con quienes disputa territorio. Esa ambición por el poder local, por cierto, se acrecentó notablemente desde que manejan cuantiosos fondos de Desarrollo Social. No sólo avisaron que piensan pelear intendencias como La Matanza o San Martín. Además han empezado el ejercicio de armar un partido político propio. Se trata de pulsear por clientela electoral en ese sector necesitado donde se hace fuerte el cristinismo.

La obsesión de controlar la Provincia

Todo esto vio Cristina, obsesionada con mantener el control de la provincia de Buenos Aires más allá de 2023. Un distrito donde la Gobernación se gana por un voto, sin ballotage. Y que es determinante para un posible triunfo nacional del justicialismo. “El que gana la Provincia, gana la Nación”, repiten en el PJ como un mantra. Los asisten los datos históricos. La premisa, pues, es que el peronismo, bajo el nombre Frente de Todos o el que sea, se presente unido.

Primero fue la reunión que tuvo Máximo Kirchner en la casa de Pérsico; después, la presencia de una delegación del Evita en el acto de Cristina en el Estadio Único; finalmente, el cara a cara de ella con el barbado líder social en el Senado. Hablaron de economía y de política, se explicó.

Y así, parecen haber quedado atrás las afirmaciones de Pérsico respecto a que la Vicepresidenta “no entiende la pobreza” o la advertencia de Cristina sobre la desnaturalización que supone que los planes de asistencia sean administrados por los propios piqueteros, aquel pedido público de cambio de paradigma que le hizo al Presidente en un acto.

¿Alianza sellada?

¿Se selló una alianza? Todo parece indicar que sí. Es probable que el Evita y sus socios piqueteros satélites, como la Corriente Clasista y Combativa o Barrios de Pie, hayan recibido garantías de contención interna, de reglas de juego claras, promesas de que podrán competir bajo el paraguas oficialista. Es que la lapicera del PJ bonaerense la tiene la Vicepresidenta, a través de su hijo, que preside el partido.

Dato: se celebró en el Evita el gesto de acercamiento con Cristina en momentos en que en La Matanza, el distrito fetiche del kirchnerismo, acaba de producirse un ataque a los tiros sobre militantes de ese movimiento que pintaban paredes, presuntamente realizado por punteros del intendente Fernando Espinoza. Quien, por otro lado, enfrenta problemas judiciales que ya estaban y han resurgido por estos días. Pérsico avisó que va a pelear esa comuna, con la postulación de su compañera de vida, la diputada provincial Patricia Cubría.

La seducción al Evita por parte de la Vicepresidenta llega después de otra movida política que se terminó de consagrar el día del acto en La Plata: el reclutamiento definitivo bajo su liderazgo de la mayoría de los intendentes peronistas del GBA, que mantienen una alianza política con Máximo -con el aval de ella- por las cuestiones bonaerenses. Pero que los puso en tensión con el gobernador Kicillof. Axel es el crédito preferido de Cristina y, por ahora, aparentemente también es su candidato a gobernador. El “por ahora” no es algo menor: la vice nunca dijo en público que el mandatario debe ir por la reelección. ¿Pensará para él otro destino? Misterios.

Con el avance sobre los jefes comunales, graficado en una inusual foto sacada en los jardines de la Gobernación, Cristina parece haber conseguido el pase de aquellos que se mostraban incondicionales a Fernández, como los que fueron sus ministros. Esos soportes territoriales que tenía el Presidente para soñar con pelear su propia reelección a pesar de la resistencia camporista; los que eran el motor posible para crear una corriente interna propia, bajo su liderazgo digamos, de la que también participarían los movimientos sociales que integran el gobierno. Justamente los que ahora se acercaron a la vice.

Así, Cristina logró patentizar una mayor soledad política de Alberto en el mundo justicialista: parece empujarlo al rol de futuro acompañante de lo que finalmente se decida como mejor oferta electoral para 2023. Incluso si hubiera Primarias, ¿quién pelearía junto al Presidente y contra ella?

Aliada estratégica

Por ahora, y sin demasiado fanatismo visible, a Alberto le quedaría la CGT como aliada estratégica. Que, por cierto, viene esquivando como puede la presión de las bases para hacer algún tipo de medida de fuerza contra el ajuste económico y la suba constante de precios. Parece más un socio para evitar desbordes. ¿Serán “Los Gordos” cegestistas los próximos invitados a reunirse con Cristina? Final abierto.

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