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Consumo de alcohol: uno de cada cuatro adolescentes bebe hasta perder la memoria

La experiencia de emborracharse hasta el punto perder la memoria no es ajena a gran parte de los adolescentes de la Región: al menos uno de cada cuatro chicos o chicas admite que le pasó. Así lo revela una investigación según la cual cerca de un tercio de ellos se inició en el consumo a los 14 años y el 27% condujo un auto o viajó con alguien bajo los efectos del alcohol.

Los datos corresponden a la “Encuesta sobre consumo de alcohol en niños, niñas y adolescentes”, una investigación que el Observatorio de Consumos Problemáticos de la Defensoría del Pueblo bonaerense difundió junto a referentes de la Universidad Nacional de La Plata y la Organización Mundial de la Salud, en el Edificio Karakachoff. El trabajo abarca las respuestas de un millar de alumnos de entre 12 y 18 años de escuelas públicas y privadas del Gran La Plata y otras localidades bonaerenses reunidas entre agosto y septiembre pasado, lo que les otorga una enorme actualidad

“Pudimos indagar sobre distintas variables vinculadas al consumo por parte de jóvenes, las transformaciones provocadas por la pandemia y las nuevas modalidades de consumo, y los datos demuestran la urgencia de avanzar en nuevas políticas públicas”, cuenta el Defensor del Pueblo Adjunto; Walter Martello.

Entre esos que requieren respuestas “urgentes” se halla el hecho de que la mitad de las y los jóvenes de entre 12 y 15 años han probado alcohol alguna vez en su vida, y que esta tasa supera el 90% entre las y los entrevistados mayores de 16 años, registrándose indicadores más elevados entre las mujeres.

Por otra parte, uno de cada diez jóvenes encuestados (el 10,7%) reconoció consumir más de cinco copas de cerveza por reunión. Si bien en este aspecto la encuesta registró indicadores de consumo más bajos respecto a los que se había relevado en 2019, sus conclusiones siguen siendo preocupantes en lo referido al “Binge Drinking” o consumo episódico excesivo de alcohol”, un tipo de consumo abusivo que entraña fuerte riesgo para la salud.

“MAYOR GRADO DE INTOXICACIÓN”

Un dato del relevamiento que merece ser analizado con profundidad se vincula con el motivo que las y los estudiantes consultados expresan al explicar por qué consumen alcohol. Ante la pregunta “¿qué buscás cuando consumís?”, la respuesta más elegida fue “Me gusta el sabor”, seguido por “Divertirme / Desinhibirme, no tener vergüenza”.

Los autores del estudio creen que “los datos del sabor están estrechamente relacionados al hecho de que entre los jóvenes que beben alcohol la principal preferencia es la popular mezcla de Fernet y Coca Cola”, una modalidad que “hace más digerible el consumo de las bebidas de alta graduación alcohólica” y que, al igual que la mezcla con energizantes, “viene ganando terreno entre los jóvenes”, al punto de superar incluso a la cerveza. De hecho, la propia Federación Argentina de Destilados y Aperitivos menciona en su web que dos terceras partes de las bebidas “espirituosas” -(whisky, ron, gin, vodka, licores) se consumen mezcladas con jugos o gaseosas en el país.

“Este tipo de co ingesta -señalan desde el Observatorio de Consumos Problemáticos- resulta peligrosa debido a que el sabor dulce de la bebida usada para mezclar enmascara y facilita el consumo de bebidas de alta graduación alcohólica“ pero además porque “el alto contenido de cafeína de estos productos genera en el organismo un efecto estimulante que contrarresta los efectos depresores naturales del alcohol, permitiendo un mayor volumen de ingesta, con el consiguiente mayor grado de intoxicación”.

“El efecto de enmascaramiento que produce la cafeína sobre los efectos depresores del alcohol crea la sensación subjetiva y engañosa de un mayor grado de alerta. Pero transcurrido un tiempo los perjuicios se manifestarán probablemente de manera brusca”, explican los investigadores al señalar que si los adolescentes realmente consumieran bebidas alcohólicas porque les gusta “el sabor” no lo disimularían mezclándolas con jugos, gaseosas o energizantes.

PARA SOCIALIZAR

“Hoy la Argentina se encuentra en el segundo lugar en lo que hace al consumo en América y supera al promedio mundial. Es necesario posicionar en la agenda pública la temática y actualizar los marcos normativos para generar una respuesta eficaz”, comenta el consultor de la Organización Panamericana de la Salud Sebastián Laspiur, quien participó de la presentación.

En ella aparece reflejada el fuerte rol como facilitador de la socialización que tiene entre los jóvenes el alcohol. El relevamiento muestra por ejemplo que uno de cada cuatro (29,61%) ha usado drogas o alcohol para relajarse, sentirse mejor y/o integrarse a un grupo.

“Hay que tener presente que la presión de los pares es una de las variables, reconocida ampliamente por la literatura especializada, que tiene una importante gravitación en el consumo adolescente de alcohol o drogas ilegales. Esto se infiere del hecho que aquellos adolescentes y jóvenes con mayoría de amigos/as consumidores de alcohol presentan mayor probabilidad de ser consumidores y beber más”, señalan los autores del estudio.

A su vez, aquellos adolescentes que consumen mayor cantidad de alcohol perciben más resultados positivos en la práctica de actividades riesgosas que aquellos que consumen menos. En este contexto el 26,2% de las y los entrevistados reconoció haberse olvidado cosas que hizo luego de haber consumido alcohol y casi el 30% dijo haber consumido mientras se encontraba solo/a, un tipo de comportamiento que en ocasiones puede estar asociado a cuadros de depresión.

BAJA PERCEPCIÓN DEL RIESGO

Al ser consultados sobre si alguna vez viajaron en un vehículo conducido por ellos u otras personas tras consumir drogas o alcohol, 1 de cada 4 jóvenes (27,16%) reconoció haber pasado por este tipo de situaciones con todos los riesgos que ello implica.

Los resultados del relevamiento muestran también que 1 de cada 5 de las y los consultados (22,6%) consideran que el consumo de alcohol es menos peligroso en comparación a otras sustancias como el tabaco, la marihuana y la cocaína. Esta percepción del riesgo guarda una relación inversamente proporcional a los consumos que hacen los jóvenes.

“Las sustancias percibidas como menos riesgosas son las más consumidas: en este caso el alcohol. Se trata de un fenómeno bien conocido entre especialistas y que se basa en que los consumidores frecuentes tienen una baja percepción del riesgo de lo que consumen. La experiencia y la familiaridad proporciona una falsa y peligrosa sensación subjetiva de seguridad y control”, comentan los autores.

Como señalan los resultados de la encuesta, la percepción de riesgo más baja se da entre las y los jóvenes de entre 12 a 15 años: el 28,4% calificó al alcohol como menos riesgoso y ese porcentaje disminuye a medida que avanza la edad de las y los entrevistados: 20,7% entre las y los jóvenes de 16 y 17 años, y 14,7% entre quienes tienen 18 o más años. En este último caso la tasa es prácticamente la mitad de lo registrado en la franja etaria más joven de la muestra.

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