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De camisa, pantalón de vestir y zapatos negros, así se entregó el hombre que decapitó viva a su mamá

Eran las 21 del domingo y varios vecinos escucharon cómo Martín Alberto Fallico Gutiérrez (41) cerraba la reja de su casa que hacía tan solo unas horas había estado pintando su madre. Vestido con un traje negro y una camisa de color violeta claro, subió a un remís que lo estuvo esperando durante cinco minutos. Jamás creyeron que con “esa pinta” se estaba dirigiendo a la comisaría octava para entregarse por el terrible crimen que había cometido hacía tan solo unas horas.

Menos pudieron suponer que en el interior de la casa Marta Susana Gutiérrez (74), madre del sospechoso, yacía decapitada sobre una cama y cubierta con una frazada. Si bien en varias ocasiones Fallico la había amenazado con que “la iba a matar y le iba a cortar el cogote”, en el vecindario siempre habían considerado sus dichos como frases lanzadas “en momentos de calentura”.

Nunca pensaron que cumpliría con sus amenazas y que lo haría de la forma más terrible: cercenándole el cuello a la mujer que le dio la vida mientras ésta aún respiraba.

Por eso ayer, en Barrio Monasterio, donde tuvo lugar el aberrante matricidio de Gutiérrez, la conmoción y el espanto se podían palpar fácilmente. En la zona de 82, entre 12 y 12 bis, los rostros de los vecinos, las voces quebradas, los ojos vidriosos y las bocas secas de aquellos que conocían a ambos desde hacía más de 30 años, dejaban al desnudo el dolor que sintieron al conocer el brutal desenlace de una tarde sangrienta.

Con el correr de las horas, los frentistas se enteraron que aquel remís lo había trasladado hasta la dependencia policial ubicada en calle 7 entre 74 y 75. Fuentes policiales que lo vieron llegar lo recuerdan bien, pues les llamó la atención su vestimenta. Tras descender del auto, el hombre ingresó a la seccional, saludó y se dirigió directamente a la mesa de entrada.

“Vengo a entregarme porque maté a mi madre” dijo ante la oficial que a esa hora se encontraba de guardia. La policía que lo atendió continuó indagando sobre el testimonio auto incriminatorio que escuchaba. Y el ahora imputado comenzó a enumerar una serie de detalles escabrosos. Además de especificar que había acabado con la vida de su madre en horas de la tarde (no precisó el momento), detalló que le había seccionado la cabeza y que la había introducido en una bolsa. Lo aprehendieron hasta constatar la veracidad de sus dichos. Y de forma inmediata se activó un procedimiento con el objetivo de verificar su declaración.

En ese marco, el dueño de casa ofreció a los investigadores las llaves del inmueble para “no entorpecer” el operativo.

Al llegar al lugar, los uniformados ingresaron con un testigo y se encontraron efectivamente con la escena descrita por Fallico: un cuerpo decapitado, tendido sobre la cama y tapado con un acolchado. En otro ambiente de la casa hallaron una bolsa con un cráneo humano. Muebles y artefactos electrónicos rotos, vajilla destruida, cajones abiertos y manchas de sangre en las paredes y en el suelo, completaban el dantesco espectáculo. Más tarde, se encargó de analizar en alto grado de detalle la policía científica.

Pasadas las 22, los destellos de las luces azules de los patrulleros comenzaron a ingresar a los hogares alertando que algo grave acababa de ocurrir en el barrio. Así, los moradores se fueron enterando del fatal desenlace de esta “tormentosa relación” entre una madre y un hijo con trastornos psiquiátricos. Con los ojos humedecidos, Antonia sostuvo que ambos eran “vecinos ejemplares” y que “lamentaba muchísimo no haber intervenido” denunciando al hijo. Es que, según indicó, “las reacciones violentas eran una constante en ese domicilio”.

“Le gritaba y la insultaba muchísimo. Le decía cosas horribles y la amenazaba con que la iba a matar. El domingo por la mañana ella estuvo paseando por la cuadra. No estaba bien. La habíamos visto muy delgada. Igual andaba un poco contenta y entusiasmada porque el sábado había estado pintando las rejas de su casa y estaba haciendo planes para pintar una pared. Ya no la veíamos salir mucho porque en el último tiempo él había decidido mantenerla encerrada. Por eso ese día me pareció raro verla en la calle”, señaló al tiempo que Mirta sostuvo que ese día la vio “alegre” y “escuchando música de Abel Pintos”.

Quienes residen en las inmediaciones están seguros de no haber escuchado nunca gritos o pedidos de auxilio por parte de la víctima. Añadieron al respecto que ella solía andar con moretones pero que, ante la consulta de sus vecinas, “siempre decía que se había caído”.

Otras personas consultadas indicaron a este diario que el domingo, antes del asesinato, la vieron caminar por la plaza ubicada justo enfrente de su casa y dieron cuenta de que “de un momento a otro, él salió enfurecido de su domicilio, la agarró del cuello y la metió a la fuerza a la casa”.

Luego comenzaron a escucharse una serie de gritos y de golpes contra la pared. Ante semejante escándalo, testigos contaron que un frentista recriminó la actitud que Fallico tenía con su madre y le exigió que se detuviera. Tras mantener un fuerte cruce, medianera mediante, éste optó por dejar hablando sólo a su interlocutor y se metió en la casa.

Toda esta secuencia ocurrió antes de las 14.00. Si bien será tarea de los peritos forenses determinar la hora exacta del deceso, en base al testimonio auto incriminatorio se proyecta que, alrededor de las 15, después de ese altercado se produjo este ataque que parece haber sido extraído de una película de terror.

Es que el único dato que han dejado trascender fuentes judiciales sobre el examen que se le practicó al cuerpo genera escalofrío: “los cortes que generaron que la cabeza se desprendiera del cuerpo se llevaron adelante cuando la mujer aún estaba viva, es decir, la mujer fue muriendo cuando el sujeto le cortaba la cabeza”, precisaron.

Sin conocer esta información, ya que fue confirmada anoche, muchos de los vecinos que dialogaron con este diario momentos antes, manifestaron que les resulta “totalmente perturbante” saber que pudo haber estado junto al cadáver de su madre por un lapso de al menos cinco horas y la forma en la que se entregó.

“No sólo me resulta aberrante saber que estuvo con el cuerpo de su mamá tantas horas. Más escabroso y espeluznante es saber que tomó un baño y se vistió como si se dirigiera a un festejo”, dijo una vecina colindante mientras que otra aportó “No podemos creer lo que sucedió. Cuando lo vimos salir pensamos que se iba a una fiesta o que se iba de viaje a ver al padre que vive en Pehuajó”.

Por estas horas, el sujeto se encuentra detenido e imputado en una causa caratulada como “homicidio”. Ayer fue indagado por la fiscal en turno, Cecilia Corfield (que reemplaza momentáneamente a Ana Medina en la UFI Nº 1), pero se negó a declarar.

“Me duele mucho lo que pasó. Por qué los vecinos no lo denunciamos. Podríamos haber evitado esta tragedia” Mirta,

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Son los crímenes cometidos en la Ciudad en apenas 8 días. El domingo 14 mataron a Gonzalo Alonso en Los Hornos y a Julio Fernández Villalba en 178, 531 y 532. El martes siguiente a Cristina Astudillo y por esas horas a Héctor González. Este lunes, a Martha Gutiérrez.

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