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El Presidente cada vez más sólo en el equilibrio del poder oficialista

El Presidente cada vez más sólo en el equilibrio del poder oficialista

Alberto Fernández se va quedando cada vez más solo / AFP

Los vertiginosos cambios de gabinete anunciados ayer podrían leerse como la capitulación casi definitiva de Alberto Fernández frente a lo inevitable: la imposibilidad de que ese raro experimento de Cristina Kirchner, según el cual el Presidente tiene menos poder real que su compañero de fórmula, transite con éxito la etapa de la gestión de la cosa pública. La jugada de la vice en 2019, cuando designó con un tuit a su excolaborador como candidato, fue exitosa en términos electorales, no hay duda. Pero resultó inaplicable para manejar la Argentina. Todo el mundo político intuía que era “un chino” que en algún momento iba a explotar, pero obviamente se aceleró por la profunda crisis económica y cambiaria.

La entronización de Sergio Massa como súper ministro de Economía, Desarrollo Productivo y Agricultura, Ganadería y Pesca, incluyendo además las relaciones con los organismos internacionales, bilaterales y multilaterales de crédito, supone un retroceso notable de Fernández en el esquema de equilibrios del gobierno. También es inédito, en un país hiperpresidencialista. La política, el empresariado, los inversores y demás actores del poder real mirarán ahora al tigrense como el verdadero hombre fuerte del Ejecutivo, siempre con Cristina como principal referente política de la coalición oficialista. Habrá que observar de cerca esa aparente sociedad que le pasó por encima al Presidente y que, en cierta forma, parece haber tomado el control de la gestión.

La crisis económica que sacude al país expuso como nunca al Presidente

Desde ayer, en efecto, Alberto profundizó su soledad política en la Casa Rosada. Debió entregar a un hombre propio, Gustavo Béliz, que desde la secretaría de Asuntos Estratégicos era el encargado de la relación con los organismos internacionales de crédito, menos el Fondo Monetario. Ya se pierde la cuenta de todas las cabezas albertistas que rodaron en las sucesivas crisis. Eyectada de la AFIP por la reconfiguración ministerial, Mercedes Marcó del Pont -leal al Presidente- recaería en esa oficina. Pero deberán inventarle alguna función porque lo que hacía Beliz ahora lo hará Massa.

La AFIP, el estratégico organismo recaudador, quedará para Carlos Castagneto, un hombre que se referencia en Cristina. Esa designación se acordó entre Massa y la vice, desde ya.

También emigró Daniel Scioli de Producción, cuya convivencia con Massa hubiera sido imposible. Se detestan. Scioli cree que no llegó a la presidencia en 2019 porque Massa se presentó como candidato, disputando un mismo universo de votantes; y el de Tigre lo desprecia desde el incidente del robo en su casa, por el que volcó sospechas sobre la gestión bonaerense que en ese entonces manejaba el exmotonauta. Scioli, hay que decirlo, había llegado al gabinete para reforzar el “albertismo”, esa entelequia nonata. Ahora parece que vuelve a la embajada de Brasil.

Julián Domínguez, un rostro que Alberto había convocado en Agricultura porque le aseguraba una relación menos traumática con el ruralismo que su antecesor, también renunció. Con mucha historia en el PJ bonaerense del interior, se ve que no aceptó ser subalterno de Massa.

El ministro de Trabajo, Claudio Moroni, también presentó su renuncia. Pero el Presidente no la aceptó. Es un albertista puro, que el kirchnerismo tiene en la mira hace rato. Sobrevive, por ahora, porque cuenta además con el fuerte respaldo de la CGT. Los gremios lo sienten cercano y, además, temen que su salida facilite la llegada de un kirchnerista duro, acaso alguien de La Cámpora, que a priori les genera dudas respecto al tipo de relación institucional que podrían mantener con él o ella.

Silvina Batakis, nombrada por Fernández y nunca avalada explícitamente por Cristina, obviamente también presentó su dimisión apenas regresó de Estados Unidos, donde había viajado para presentarse justamente como ministra de Economía al cabo de tres semanas de haber jurado.

El gobierno la hizo partícipe de un papelón con todas las letras. Porque, por lo que trascendió, la movida para reemplazarla por un Massa empoderado se habría empezado a pergeñar aún antes de su viaje. Batakis, dignamente, aceptó anoche presidir el Banco Nación.

De los cargos importantes que sonaron para re-estructurarse, el Presidente lograba anoche mantener también al canciller Santiago Cafiero, una de las personas de mayor confianza. En cierta forma, el joven de apellido peronista deberá convivir con un ministro Massa con poder para relacionarse con actores internacionales pero que descree de los alineamientos geopolíticos que ha mostrado hasta ahora la Argentina en los foros internacionales, en especial los latinoamericanos, y de los que Cafiero ha sido vocero.

No está claro aún si Massa va a llevar adelante el plan de ajuste que quiere el FMI

La crisis económica, y en especial la última corrida bancaria, expuso como nunca al presidente Fernández y, también como nunca, dejó en evidencia el problema político de fondo. En situaciones difíciles, suele requerirse centralidad en la toma de decisiones pero Alberto, por su debilidad de origen antes mencionada, debió colegiar todas las resoluciones. Que, encima, salieron mal. Se supone, según los análisis que hacen observadores del poder, que Massa -un gran divulgador de su propio mito de hacedor- llega para recuperar esa ejecutividad. Lo que nadie explicó hasta ahora es si va a llevar adelante el programa de ajuste pactado con el FMI o enfilará por otro camino. Y eso no es un detalle menor para la supervivencia de la alianza de gobierno.

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