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La agonía del campo: una sequía atroz, brecha cambiaria letal y una inflación nociva

Resulta ineludible y sobre todo, notorio, que la sequía sigue impactando al centro productivo del país como pocas veces se ha visto. Las consecuencias de las muy escasas precipitaciones pluviales impedirán este año la recuperación de la actividad agraria y las pérdidas se acumulan sobre numerosos productores que ven un futuro comprometido. Las últimas lluvias no bastaron para superar la crisis pluvial y ruralistas, muchos de los cuales han perdido todo o gran parte de su capital de trabajo enfrentan una situación difícil porque deberían contar con lo necesario para la próxima campaña.

La Provincia de Buenos Aires también sufre una situación especialmente crítica, siendo la lechería una de las actividades más golpeadas. Los tamberos bonaerenses señalaron como sus principales problemas: el aumento de los costos de los granos por la guerra entre Rusia y Ucrania, los efectos devastadores de la sequía que alcanza a buena parte del interior provincial, cuestiones referidas a las retenciones a las exportaciones de lácteos, la disminución de los reintegros (por impuestos) a las exportaciones, las normas del Banco Central que imposibilitan a muchos tambos el acceso a las líneas de crédito específicas, el manejo arbitrario de múltiples tipos de cambio, como el “dólar soja”, que a todo lo antes mencionado, agrega incrementos de costos del 15 por ciento o más y debe tenerse, explican, en cuenta que el precio de su producción es fijada por el Estado.

LA SITUACIÓN DE LOS PRINCIPALES GRANOS (SOJA, MAÍZ Y TRIGO)

En lo que se refiere a los granos, los productores y toda la economía Argentina sentirán las consecuencias económicas del fenómeno climático.

Según la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), que analiza las consecuencias de la sequía y las heladas tardías; informa que la siembra total fue de 39,3 millones de hectáreas que significa un 2% de caída en relación a la campaña anterior. Además, con rendimientos más ajustados debido a la ausencia de precipitaciones la producción total de la actual campaña agrícola sería de 117,7 millones de toneladas, la más baja desde el ciclo 2017/2018, que también estuvo afectado por la misma problemática. Se suma otro agregado, donde los precios de los fertilizantes se dispararon por el conflicto bélico entre Rusia y Ucrania.

Según la entidad, se proyectaban 49 millones de toneladas de soja a sembrar, pero ante la prolongada ausencia de lluvias, faltó sembrar 1,1 millones de hectáreas con la oleaginosa. Finalmente, se estima una producción de 37 millones de toneladas, representando la tercera peor cosecha en lo que respecta a los últimos 15 años, implicando un 13 por ciento menos de lo sembrado en comparación el año pasado. En diciembre se pensaba llegar a las 17,1 millones de hectáreas con soja, pero hoy, terminada la siembra nacional, se alcanzó las 16 millones de hectáreas, dentro de un complejo escenario climático, enmarcado en un contexto económico local e internacional de debilidad.

El maíz, mientras tanto, sigue siendo el principal grano exportado, según la Bolsa de Cereales de Bahía Blanca. Pero a pesar de ello, presenta retrasos de siembra y las faltas severas de lluvias en Santa Fe, Córdoba y Buenos Aires, provocaron un recorte de 600 mil hectáreas del área prevista. De una siembra esperable de 7,9 millones de hectáreas en diciembre, se estima ahora que fue de 7,3, debido a los graves problemas en los trabajos iniciales, el crecimiento detenido de los lotes tardíos y las pérdidas productivas de los maíces tempranos. En cuanto a la Bolsa de Cereales de Buenos Aires (BCBA) redujo ayer de 7,30 a 7,10 millones de hectáreas su estimación sobre el área que será cubierta con maíz en la actual campaña.

Por último, para el trigo, hubo menor demanda, por parte del principal comprador que es Brasil. Comparativamente hablando, los envíos a dicho país en el 2021 representaron un 62 por ciento del total, pero en el 2022, redujo las compras en un 56 por ciento respecto al 2021.

Sobre el panorama que se avizora para este año, Eugenio Simonetti, quien actualmente preside la Sociedad Rural de Tres Arroyos (Carbap) explicó a EL DIA: “En el partido se siembran de fina (trigo, cebada y avena) unas 200.000 hectáreas. Nosotros estamos entre 4.000 y 6.000 kilos por hectárea y este año hemos tenido mil y pico de kilos”. Y agregó “En octubre estuvimos haciendo los números, estamos muy justos, porque si bien sabíamos que íbamos a tener bastante menos del 50 por ciento de producción porque las secas son grandes; las heladas en épocas de floración nos pegaron un palo terrible y desde hace dos años el milimetraje (pluvial) viene bajando mucho”, aludiendo al problema de contextos meteorológicos extremos de crudas heladas y fuertes sequías. En este sentido, el cálculo que hacen los productores de la zona es que en Tres Arroyos se venderán 45 millones de dólares menos en esta campaña de cosecha, ya que al no alcanzar la productividad esperada de 5.000 kilos por hectáreas promedio, los productores de esta zona han perdido claramente en términos de ingresos y así han sufrido una depreciación de su capital productivo, obligándolos a caer en cuantiosas deudas, que también los complica para afrontar la próxima campaña. Para esa ciudad que tiene 60 mil habitantes, no hace falta hacer muchos cálculos para entender lo que significa esa alarmante reducción de ventas.

El presidente de la Sociedad Rural de Tres Arroyos agregó: “Nos quedamos sin ninguna reserva (excedente de rollo de primavera), no se hicieron rollos, se consumieron todos y no los pudimos reponer. En el 2022 fue tan chica y tan magra la paja de los trigos, la cebada y la avena que casi no tenemos rollo de cola, esto es un faltante importante para toda la Provincia porque también afecta a la ganadería. Estamos ante una producción al límite. Siempre le calculamos que debíamos de tener un rollo por vaca de cría, esto te permitía, al ser 400 kilos de pasto, mantener al animal en invierno, dando una suplementación para que aguante la helada, pero hoy estamos en un contexto donde se nota mucho la ausencia de los rollos”, enfatizó.

Otras complicaciones

También Simonetti explicó otras dificultades que atraviesan al agro, donde la diferencia de valores entre el dólar oficial y el paralelo se transfieren a los precios de los fertilizantes, que normalmente se podían adquirir en un precio que rondaba entre los 300 y los 400 dólares, pero que desde el año pasado, el valor del precio aumentó hasta los 1000 dólares. Por otra parte, expuso que la urea le resulta más barata pagarla en Uruguay, que a 193 km, en Bahía Blanca. “Las retenciones, las pérdidas y la diferencia cambiaría nos mataron”, finalizó.

La crisis en los tambos

Volviendo a la situación lechera en la Provincia, Ignacio Kovasky, quien es Secretario de Carbap y preside la Sociedad Rural de Trenque Lauquen explicó que al no poder contar con las pasturas necesarias para alimentar las vacas, estas se terminan vendiendo rápidamente. Estos animales que naturalmente eran destinados a producir leche, ahora son derivados a la faena.

El dirigente agrario dijo también: “Hoy estamos con menor producción, respecto al año anterior, porque la seca y la merma en la producción de pastos hace que no tengamos alimentos y se venden vacas, si no mejoran las condiciones climáticas, el año que viene no solo vamos a tener menos reservas (de rollo), sino que también vamos a tener que ajustar la cantidad de animales, porque si no tenés comida para alimentarlos, los tenés que vender antes”, explica.

Consultado sobre las necesidades económicas más urgentes que hoy requiere el sector agrario,Ignacio Kovasky dijo: “necesitamos una baja impositiva para todo el sector económico, generar algún tipo de estrategia para que no haya semejante brecha cambiaría y tener la visión de abrir las exportaciones y los negocios en el mundo, porque estamos totalmente fuera”.

Prosiguió explicando los efectos de la abrumante brecha cambiaría y sus repercusiones directas en cuanto a los precios: “fertilizantes, agroquímicos, repuestos, gomas, vehículos (camionetas o cosechadoras), todo esto, está afectado por el dólar y la cantidad de impuestos. En Argentina vos pagas 700.000 dólares una cosechadora nueva y en Uruguay, la misma, la pagás 320.000 dólares”.

Al respecto del conflicto bélico entre Ucrania y Rusia y las implicaciones económico-financieras que se sienten en el sector del agro, Kovasky afirmó: “Se encareció la energía y el gas. Nosotros pudimos haber exportado más granos y carne, en momentos donde Rusia (competencia de Argentina en el mercado de granos) y Ucrania no podían, por la guerra; para salir de la balanza comercial, ganando plata. Una guerra es lo más nefasto para la humanidad, pero para la Argentina, económicamente, era una oportunidad de colocar todo, porque Ucrania nos competía con el trigo y el maíz. Lo podríamos haber hecho nosotros y no lo hicimos. Ahora sigue estando la oportunidad; si nosotros fuéramos serios, si abrimos las exportaciones podremos generar muchos dólares y colocar esa plata a los productores, para poder salir adelante. La guerra nos afectó más que a otros países vecinos que llevan a cabo férreas políticas de exportación y además, en Latinoamérica, esos países tuvieron el 10 por ciento de inflación anual y nosotros el 98 por ciento”, sentenció.

La pérdida de capital también los complica para afrontar la próxima campaña

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