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La platense que se lanzó a la aventura en bicicleta: llegó a El Calafate y ahora quiere pedalear hasta Colombia

En diciembre pasado la platense Belén Francesena salió con su bicicleta de su casa de Barrio Aeropuerto y se lanzó a la aventura de recorrer el país. La larga travesía la llevó hasta El Chaltén y Calafate, en Santa Cruz. Pero eso fue solo el principio. Este momento ella se encuentra en San Luis, en donde ya proyecta subir hacia las provincias del Norte y si todo va bien, aspira a seguir pedaleando nada menos que hasta Colombia.

Con más de 7 mil kilómetros pedaleados, esta joven de 25 años de La Plata asegura que vivió una experiencia única, de libertad, que le permitió disfrutar de paisajes maravillosos, pueblos recónditos y personas que nunca pensó que iba a conocer. Sus sustentos son las mandalas de hilo y las postales que va confeccionando a medida que avanza en su periplo. En sus redes sociales, deleita a sus seguidores con los paisajes y va contando en imágenes sus momentos más significativos y comparte algunas de sus producciones para solventar los gastos que le presenta la ruta.

Acerca de su aventura -merecida de contarse- recordó que «arranqué en diciembre del año pasado, comenzando con la Costa Atlántica». El paso por Mar del Plata fue clave, ya que allí, en donde residen su madre y su hermano, recibió el alimento espiritual que fue el abrazo de familia. Luego llegó hasta Necochea y desde allí bajó de lleno a Río Negro para conectar con la Ruta 40 y abrirse camino entre la Cordillera y un sin fin de pueblos que la esperarían.

«Baje por Río Negro, hasta la Cordillera, y en el verano recorrí toda la Patogonia, llegando hasta Santa Cruz. Llegué hasta El Chaltén y El Calafae, a donde quería llegar. Era mi sueño», dijo.

Belén contó que «la pasé muy bien en el viaje, siempre por la 40, aunque me desvié en algunos pueblos, en donde las calles son de ripio, para conocer pueblos muy lindos». Entre los lugares que se quedaron en su corazón mencionó a Cholila y Esquel. Allí conoció a quienes serían sus mejores amigas de viaje, Jose y Belu.

La ciclista platense aseguró que «en todos los pueblos la pase muy bien, pero en Cholila y Esquel me marcaron porque justo fue la época de incendio. Allí me quedé en el cuartel de bomberos de Cholila, así que ayudamos en el cuartel. Con los bomberos nos sentimos en familia, me recibieron en el cuartel de una forma muy paternal. Ahí conocí a Belu y Jose, que son parientes de bomberos que fueron a dar una mano. Ellas fueron como hermanas para mi, hemos compartido mucho juntas. Luego me dieron hogar en Esquel».

Tras cumplir el sueño patagónico, comenzó a subir otra vez por la 40 y llegó a San Luis, desde donde entabló con este medio. «Quería conocer esta hermosa provincia y Córdoba», comentó desde Cuyo. Allí sueña con más. «Mi sueño es recorrer Latinoamérica», dijo. La apuesta de ahora en adelante consiste en pasar por algunas provincias del Norte y desde allí pasar a Bolivia, y luego a Perú y Ecuador. «Mi sueño es llegar y conocer Colombia», resaltó.

La receta de Belén para seguir pedaleando es precisamente no tener ninguna receta ni planificación más que lo que pueda decidir ella según cómo se va sintiendo en su aventura. «Me hace bien», afirmó. «Algo que me enseñó el viaje es que uno a lo mejor puede planificar, porque eso te puede ayudar. Pero mi idea es ver qué pasa», deslizó con absoluta convicción.

«Me encantaría recorrer Latinoamérica. Ir a Bolivia, Ecuador y Colombia. Ir lo que más se pueda. Cuando salí de La Plata quería ir al sur, pero los límites son mentales. Sobre la finalización de este viaje será un momento que decidiera «cuando vaya viajando, ver cuánto extraño a mi familia». Sus expectativas para emprender con rumbo norte son grandes: «Conozco a muchos viajeros que lo han hecho, y eso me da fuerzas», señaló.

Su pasión por la mountain bike comenzó hace algunos años a partir de los viajes con grupos de ciclistas de La Plata. «La bici es como algo adictivo, empecé a hacer cicloturismo en La Plata, en pueblitos cercanos. Luego a 100 kilómetros, a 200 kilómetros. Ahí me di cuenta de que no había límites, que me podía ir a cualquier lado», resumió.

Según reflexionó, «la libertad es que no haya límites. Cuanto más kilómetros hacés, más querés. Es una actividad que me hace bien, me gusta mucho. Te vas superando día a día, vas conociendo lugares y gente (la gente es todo). No tenía tantas expectativas y me iba a la aventura, pero la gente hizo que siguiera con mi viaje».

Belén dijo que lo suyo es una pasión heredada: «Mi papá era ciclista, mi abuelo también, así que la bici siempre estuvo en la familia. Luego empecé a conocer otra gente loca, y ahí lo tomé como una opción». Para lo que vendrá ella remarcó que cuenta con apoyo incondicional: «Mis amigas y mis familias me apoyan mucho, al principio fue difícil, no entendían que yo quería hacer esto. Pero siempre les doy la tranquilidad de que me cuido, que no corro riesgos».

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