Los criminales menos pensados: “En cada ser humano hay un homicida”

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Por MARCELO CARIGNANO
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Con el pelo suelto pero arreglado, vestida con pantalón negro, una camisa blanca y un sacón negro, Nahir Galarza llegó a los tribunales de Gualeguaychú en medio de un circo mediático que pareció no incomodarla en absoluto.

La adolescente, de 19 años, ingresó a la sede judicial con dos policías como escoltas y, a pesar de recibir una catarata de flashes, no realizó declaraciones a la prensa. Una vez sentada en el banquillo, sonrió y jugó con su pelo en más de una ocasión, ajena a lo que ocurría en la sede judicial donde se la acusa de asesinar de dos tiros a su ex novio, Fernando Pastorizzo, en diciembre último.

El caso de Galarza, o bien el tipo de actitud frente a un hecho de suma gravedad, tiene correlación con otros similares y recientes, como el de Cristian Martínez Poch o Fernando Farré.

El semblante impasible de Farré al escuchar el veredicto que lo sentenció a cadena perpetua el 6 de junio de 2017 (ver aparte), contrastó con el júbilo de gran parte de los presentes en el juicio. Familiares y allegados de su víctima, fiscales y abogados, aplaudieron el fallo. Días más tarde, Farré aseguró estar dispuesto a que lo cuelguen en la avenida 9 de Julio para servir de ejemplo y “que no haya más femicidios”.

Y la foto de Martínez Poch, en la que se lo observa haciendo señas con su dedo mayor a la cámara que lo retrató mientras leían su condena, es otro reflejo de ese temperamento apático, indiferente, de la que hablarán luego los criminólogos.

LA BANALIZACIÓN DE LA VIOLENCIA

Enrique Luis De Rosa Alabaster es médico Neurólogo, Psiquiatra, Sexólogo y Psicoterapeuta, y le aporta un marco teórico concreto a lo que considera “una construcción de lo colectivo”.

“El primer punto es que no se trata de una patología individual, sino de una construcción de lo colectivo”, explica De Rosa a EL DIA. Y, en ese sentido, añade que “hoy no es aplicable que haya perfiles criminales, no son hojas en una selva o arena en un desierto, el fenómeno colectivo explica esas particularidades”.

Según el profesional, “toda la sociedad tiene límites difusos. En este contexto, en donde los límites se han vuelto más borrosos, la banalización de la violencia es normal y los que tienen tendencias violentas las van a sacar a flote”. Eso se produce porque “hubo un cambio rápido de paradigmas sociales y el modelo de delito ha mutado”, agrega.

La “frialdad o aplanamiento afectivo” que se dejó observar en los acusados durante el juicio que afronta Galarza y en los que condenaron a Martínez Poch y Farré, puede darse tanto en “un individuo que padezca esquizofrenia, en alguien con una personalidad narcisista o en el sujeto común que le importa cada vez menos el de al lado”, señala De Rosa. De acuerdo a esta concepción aludida por el médico, “cuando el otro pasa a ser más un objeto secundario en el cual yo soy el actor central, la falta de contacto con la realidad se extrema”.

“Martínez Poch inventó su personaje, en el que sin duda cree. Farré es un sujeto que era una bomba de tiempo. Estaba hacía un año totalmente loco, creía que nadie se le podía oponer”, opina. Sobre ellos, aclara, “si bien tienen fuertes rasgos psicopáticos, la situación indica que están concentrados en su persona, no les importa el resto”.

En tanto, la coyuntura con “Nahir es muy interesante desde el punto de vista del análisis”, sostiene De Rosa. La joven “es una típica millenial, que no tuvo que esforzarse por nada más que en su imagen. Tiene la incapacidad de soportar la frustración y eso es no haber aprehendido una capacidad, todo le tiene que ser dado. Vive el mundo a través de lo virtual y por eso todavía sigue estando desconectada de la realidad”.

Esa presunta desconexión de lo cotidiano a la que hace referencia De Rosa, se vio exacerbada por el uso, irresponsable, de las redes sociales y la sobreprotección de los menores en las instituciones educativas, donde desaprobar al alumno es “estigmatizarlo”. Así, la falta de contacto con la realidad se orilla.

Esa primera concepción, “la vemos en el sujeto en el cual el marco externo es menos importante que el interno, eso se denomina personalidades autoplásticas. Responden a las necesidades propias y prescinden de la realidad, donde está el otro, que pasa a ser un objeto”, apunta el psiquiatra. Y por este motivo, los acusados aparentan no sentirse arrepentidos de sus actos: “No tiene que ver con algo que se relacione, en ese apartamiento. Cuando el otro es una cosa, no se puede sentir remordimiento”.

Para la psicóloga clínica y psicoanalista Alicia Antonia Crosa, “el ser humano no lo sabe, pero es violento. Dentro de cada ser humano existe un homicida (…) porque de acuerdo a las circunstancias bajo las cuales la situación se plantea, es según cómo el individuo reacciona”.

Por otra parte, el experto e investigador De Rosa Alabaster se mostró intranquilo porque los adolescentes carecen en gran medida de experiencias con reveses o desilusiones que en su vida adulta deberán resolver.

“Mi gran preocupación como forense es que estamos dejando de lado gente peligrosa. Parece que estuviéramos dejando que cometan el crimen porque no nos damos cuenta del grado de frustración que manejan”, arguyó.