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Los jóvenes se suman al vinilo y le dan aire a las disquerías

el vinilo y los cd vuelven a ganar terreno entre los que disfrutan de la música/ dolores ripoll

Los jóvenes menores de 20 años se suman a la compra de vinilos y CD en las escasas disquerías que quedaron en pie en la Ciudad y dan batalla con enorme pasión a cada jornada para sostener un ritual que se transmite de generación en generación.

Ese envión que reciben los cuatro locales que persisten en la ciudad -en su esplendor supo haber más de 20 disquerías- se suma a quienes tienen más de 40 años y buscan preservar la música en formato físico, más allá de que pagan abonos mensuales para distintas plataformas donde pueden bajar los temas que aparecen como novedad en el mercado de la industria discográfica.

Leo, quien está al frente de La Disquería, ahora en 54 entre 8 y 9, indicó que “el vinilo es un formato reinstalado. Si bien hay un cambio de consumo de la música, a través de distintas plataformas digitales, sigue firme el viejo formato. Contra lo que piensa un sector de la sociedad, los jóvenes también se acercan al vinilo: fanáticos de Taylor Swift o Ariana Grande, buscan tener los vinilos o CD como piezas de colección. Los fanáticos persisten con la idea de conseguir el material en formato físico, quieren el objeto y son gran parte de la facturación actual”.

También plantea que el fenómeno se nutre de nuevos “tocadiscos”, una gran variedad de bandejas y hay precios relativamente accesibles, por lo tanto es un fenómeno que logra retroalimentarse.

Reconocen en el sector que en el caso de los CD (compact disc) hay dificultades para acceder a equipos para escucharlos y disfrutarlos. Los autos cero kilómetros de los últimos años ya no se diseñan con compacteras y algo similar ocurre con las nuevas notebook. Tenerlas en la casa cuesta mucho porque no es fácil acceder a una reparación de los equipos, al menos en La Plata.

“Todo es bienvenido para escuchar música, pero el vinilo es lo más en materia de fidelidad de sonido. El contexto condiciona, pero sentarse a escuchar un vinilo es toda una experiencia sensorial, es darle tiempo de tu vida”, afirma Leo, en su local céntrico.

Según pudo saber este diario, los CD tienen un precio de entre 1.200 y 1.500 pesos para las novedades, y en los vinilos el costo es superior: pueden ir desde los 3.000 pesos hasta los 6.000 pesos. “Aunque cueste creerlo, los sellos discográficos chicos reducen costos y permiten vender los vinilos a un precio más accesible para el público”, señalan los expertos del sector.

Por su parte, Gustavo, del local Beat, en la zona de diagonal 73 y 16, dijo que la venta de CD remontó mucho, pero el vinilo, que nunca se fue, sigue con buena demanda entre distintos sectores, adolescentes, jóvenes y adultos de todas las edades.

Con gran entusiasmo, el comerciante marca que se puso “en valor la música nacional e internacional de los años 70 y 80 y eso también impulsa la venta de música en históricos formatos reversionados. Para mi vender música es la felicidad total. Hay que laburar mucho, ya quedaron muy lejos esos tiempos en los que la gente pensaba en poner una disquería para cambiar la camioneta todos los años, viajar por el mundo o darse determinados gustos. Hay otra época, otros salarios, muchos más pequeños, pero si te las ingenias y ponés el cuerpo, podés pasarlo bien”.

Recuerda que en tiempos de pandemia, cuando se pudo vender, hubo mucha salida de vinilos y CD de quienes se quedaban en sus casas y buscaban volver a las fuentes musicales. En algunos lugares del mundo, incluso, no se descarta el regreso del cassette”.

El titular de Beat también indicó que “hay discos históricos que funcionan muy bien, pero tienen la tapa destruida por el paso del tiempo. Pero cerca de nosotros hay otro local en la que reconstruyen esas tapas, las vuelven a poner en valor y se genera otra fuente de trabajo”.

Vinilos en ascenso y el regreso del CD permiten renovar el sueño de las disquerías de la Ciudad.

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