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Manos vacías

Se acabó el sueño de Estudiantes en la Copa de la Liga Profesional. Y dejó un sabor a poco esta despedida, porque había expectativas en todos los protagonistas en llegar más lejos. Pero no estuvo a la altura, justo en el peor momento, y así se fue prematuramente. Empató 1-1 con Argentinos Juniors y en la definición por penales cayó 4-3.

Esos penales, en buena medida, marcaron justicia porque a lo largo de los 90 minutos la visita fue más y jugó el partido con mayor inteligencia, incluso disimulando el hombre de menos luego de la expulsión de Matías Galarza a los 11 minutos del complemento.

No pudieron aparecer nunca el Corcho Rodríguez ni Fernando Zuqui. Los centrales no le encontraron la vuelta a Gabriel Ávalos y por las bandas tanto Castro como Del Prete (mientras estuvieron en cancha) no sorprendieron nunca. Por eso los dos delanteros quedaron aislados y salvo breves pasajes nunca se metieron en sintonía. Un cóctel que hizo ver la peor imagen de Estudiantes en el torneo, justo cuando no podía permitírselo.

De entrada quedó en evidencia que el Pincha iba a sufrir al rival. No estuvo cómodo ni siquiera en el arranque, cuando quedaron expuestas las posturas de unos y otros. Fue tan malo y frío el comienzo del equipo que los hinchas lo notaron y jugaron su carta: a los 17 minutos empezaron a gritar como si fuese el final y la victoria estaba en el bolsillo. Fue como un despertador para los jugadores y la mejor señal que las cosas no estaban sucediendo como lo esperaban.

Cinco minutos después se produjo la primera jugada a su favor. No fue gran cosa pero al menos una pelota parada que cayó dentro del área de Lanzilotta, sin peligro pero como un aviso de lo que podía suceder. Iban 22 minutos de ese período donde la visita manejaba y abusaba del manejo de la pelota, sin patear al arco, pero manejo al fin y al cabo.

El grito de los hinchas y del propio Ricardo Zielinski tuvieron su efecto. Gustavo Del Prete empezó a aparecer, de a poco, pero en sintonía con lo que necesitaba Estudiantes para hacerle frente a un rival que no paraba de correr y tocar el balón para un punta y la otra. Pero puso la cara en la adversidad.

El exTorque, luego, gambeteó con la pelota cerca de su pie derecho. Dejó a uno, a dos y pisó el área de enfrente. Levantó la cabeza y le cedió el gol a Manuel Castro, que fue atorado por Torren. Primera jugada de riesgo real en el partido. Y para el Pincha.

No habían pasado ni 60 segundos de esa jugada que otra vez la pelota volvió al área, rechazo y una asistencia magistral de Zuqui para que Mauro Boselli -que había estado mal y lejos de la pelota- definiera suave y al palo ante la salida del arquero. Gol de goleador para poner arriba a Estudiantes y convertirse -momentáneamente- en el único pichichi de la Copa.

Entonces la visita tuvo que agregarle algo a su juego, inalterable y a veces tedioso pero vistoso a la vez: patear al arco. Lo hizo cuatro veces en cinco minutos y cerca estuvo de empatar. Primero Thiago Nuss al ganarle la espalda a Emmanuel Mas (como toda la noche), luego Andújar salvó abajo ante Ávalos tras otro desborde del improvisado extremo por derecha y en el descuento Mariano Bittolo dos veces probó sin suerte porque en el medio se interpusieron Rogel y Leo Godoy. Aunque sin efecto, el Bicho avisó que si no había sido un rival fácil en el primer tiempo mucho menos lo iba a ser en el complemento.

Y así fue nomás, porque las virtudes que había mostrado en el final las continuó casi sin dar respiro. No pudo, no supo y no encontró la manera Estudiantes de frenar a un rival que tuvo una intensidad no vista muy a menudo en el fútbol argentino. Corrieron una barbaridad los del medio y tuvo al paraguayo Ávalos como un pivot de suma jerarquía que abasteció a todos los que pasaron al ataque.

COMENTARIO DESDE UNO DE MARTÍN CABRERA Y FERNANDO ALEGRE

LA PREVIA DESDE 1 Y 57

En ese contexto adverso llegó la expulsión de Galarza, a los 11 minutos, que lejos de darle oxígeno al Pincha le sacó el poco que le quedaba. Aquí está la mayor crítica al equipo: no saber cómo aprovechar la inferioridad numérica del rival.

A los 19 minutos, ingresando solo por el medio Nicolás Reniero estrelló la pelota en el poste izquierdo que en el rebote la envió Andújar al tiro de esquina. De esa jugada llegó el gol de Fausto Vera, quien sin marca en el punto del penal marcó un gol increíble, que desnudó la mala noche del equipo y que lo había llevado a ese lugar.

En adelante no hubo reacción ni plan para torcer la historia. Lejos de tener alguna chance de gol, sufrió un gol anulado, una situación de penal que Fernando Echenique (de pésimo arbitraje) tuvo que esperar más de cinco minutos para no sancionar lo que había pitado y algunas llegadas de Ávalos y compañía por las bandas. Nada de nada un equipo que se fue desinflando pese a mostrar entrega y corazón. Pero anoche con eso no hizo nada.

Para colmo Zielinski decidió sacar del campo a Del Prete y entonces ahí ya no hubo nadie que pudiera llevar la pelota hasta el otro arco, nadie que intentase una gambeta o una pared para romper con un estilo rival que indudablemente lo perjudicó.

No hubo más tiempo y el partido se definió desde los doce pasos, que en los últimos años ha sido un karma. Y otra vez, como contra Independiente, perdió. Ahora la imagen será la de Jorge Morel fallando el último remate, y antes Fernando Zuqui. Pero lo real es que el partido lo había perdido antes, cuando no supo encontrarle la vuelta. Tal ve haya entregado tanto en los partidos anteriores que se quedó sin nada justo en el peor momento. Lo concreto es que no le dio, se fue en cuartos de final y dejó un sabor a tristeza en sus hinchas. Sin dudas que el semestre será recordado como positivo por todo lo edificado, pero para que eso suceda deberá pasar el tiempo. Hoy es frustración.

Tal vez haya entregado tanto en las otras fechas que llegó al final vacío de ideas

El partido lo perdió formalmente en los penales, pero antes ya había empezado a dejar sus chances

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