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Massa, sus vínculos con EE UU y una “sobre expectativa” por la economía

Dos cosas hay que reconocerle a Sergio Massa. Una: su osadía política. Jugó fuerte metiéndose en el incendio económico cuando el gobierno languidecía con rumbo incierto. ¿Arriesgó? Si, claro. Pero tampoco puso en juego una tonelada de capital político, teniendo en cuenta que llega con una imagen pública casi por el piso al igual que sus socios de la alianza oficialista, Cristina y Alberto. Dos: su talento natural para crear enormes expectativas alrededor de su figura, cuando en realidad tiene muy pocas herramientas para hacer algo muy diferente a un ajuste.

Massa es un hombre de muy buenos contactos en el mundo económico y empresarial. Lo esponsorea un grupete de hombres de negocios nacionales de primer nivel, que están dispuestos a darle una mano en el establishment. También ha sabido invertir tiempo -literalmente, más de 20 años- y fondos en relaciones interesantes en el mundo financiero de Estados Unidos. En esos centros de poder esgrime un discurso pro mercado, de centro, racional, no fanatizado con las regulaciones estatales. Que, en rigor, lo asemejan más a Mauricio Macri que a Cristina Kirchner.

LOS MERCADOS

Por eso su entronización en el ministerio de Economía fue bien recibida por los mercados y aplaudida en ciertos círculos del país del Norte. El ejemplo más notable lo dio Mauricio Claver-Carone, el presidente del Banco Interamericano de Desarrollo. “Recibimos gratamente la posibilidad de trabajar con él”, dijo, quien estaba bastante enfrentado al gobierno argentino desde que el presidente Fernández pretendió hacerle lobby en contra con su par estadounidense, Joe Biden, para que lo desplace del BID porque fue funcionario de Donald Trump.

Claver-Carone llegó a publicar una carta en el influyente Wall Street Journal en la que le exigió al gobierno argentino que cumpla con las metas acordadas con el FMI para recibir un crédito de 500 millones de dólares del BID, que la Casa Rosada necesitaba como el agua dada la sequía de divisas. Esos fondos se esperaban para el trimestre pasado; nunca llegaron. Otra línea de 300 millones de dólares, para destinarla a la lucha por el cambio climático, también está en espera.

Para colmo, el que manejaba esa relación era Gustavo Béliz, ex secretario de Asuntos Estratégicos del gobierno. Enfrentado personalmente a Claver-Carone porque éste le ganó la pulseada para quedarse con la presidencia del BID. Ahora, la función de Béliz de relacionarse con ese tipo de organismo de crédito la cumplirá Massa. Por eso celebró Claver-Carone. Se percibe cierto gusto a venganza en sus palabras de apoyo al de Tigre.

Pero por más que el BID ahora destrabe esos créditos, la verdad es que son chirolas. Y de destino específico, porque después su utilización es auditada. En todo caso, lo de Clever-Carone le ayuda a Massa para edificar ese mito que se procura instalar sobre su supuesto halo “salvador” en la dificilísima coyuntura económica porque lo “bancan” en el exterior. Por cierto, esa banca resulta repulsiva para el dogma cristi-camporista militante que, por ahora, mantiene prudente silencio.

Con un muy hábil manejo de los medios, Massa parece trabajar sobre la idea de que, más que un relanzamiento, su llegada al Poder Ejecutivo representa casi el nacimiento de un nuevo gobierno. Una suerte de reseteo total.

HAY EQUIPO

Juega a su favor que, a diferencia de Silvina Batakis, su breve antecesora, el nuevo ministro puede mostrar un equipo dispuesto a asumir ya, con nombres que lo acompañan hace tiempo y otros a los que ha convencido de sumarse a la incierta aventura. Como Daniel Marx, un experto en el tema deuda, que integrará un comité asesor sobre renegociaciones de acreencias, o Roberto Lavagna, a quien el propio Massa ubica como una suerte de futuro consejero, más allá de que no se ha conocido hasta ahora ninguna palabra de respaldo del exministro.

¿Hay una sobre expectativa por la llegada de Massa a Economía? Es probable. Lo primero que hará el ministro es procurarse dólares para engrosar las reservas del Banco Central. Con reservas casi negativas, como hasta ahora, nada puede hacerse en forma seria. Seguramente, incentivará al agro para que liquide lo proveniente de la soja. Acaso consiga aún más indulgencia del FMI, que tal vez acepte flexibilizar ciertas metas acordadas para seguir refinanciando el préstamo millonario que le dieron a Macri en un curioso mecanismo según el cual el Fondo le manda plata a la Argentina, si aprueba las revisiones, para que el país le pague al Fondo.

PERSPECTIVAS

¿Pero podrá Massa ir más allá de ese juego corto? Esto es, cambiar la sensación que aparentemente tiene el resto del mundo occidental sobre las inestabilidades jurídico-institucionales de la Argentina y que le impiden, por ejemplo, atraer inversiones extranjeras genuinas serias para favorecer el crecimiento local. No sólo con industrias extractivas que, lógicamente como sucede ahora en ciertos rubros, pretenden girar sus dividendos a las casas matrices, sino con emprendimientos que reinviertan en el país.

Además del grupo de empresarios nacionales cercanos o amigotes, ¿logrará este Massa empoderado como “superministro”, que teóricamente cuenta con el apoyo de Cristina, seducir al grueso del empresariado local (AEA, UIA, y demás centrales patronales) y convencerlos de confiar, sólo por el peso de su figura, en un gobierno que hace dos años y medio está surcado por peleas intestinas que sólo lo debilitaron y ha caído en la obsesión de las regulaciones y la hiperburocracia contra la producción local? Las respuestas a estos interrogantes definirán hasta dónde es acertada la expectativa puesta sobre el nuevo “hombre fuerte” del gobierno.

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