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Un respaldo político que jamás tuvieron sus antecesores

Un respaldo político que jamás tuvieron sus antecesores

El abrazo entre Alberto Fernández y Sergio Massa / AFP

Con el Museo del Bicentenario desbordado, Sergio Massa buscó mostrar en el acto de su jura que arranca la gestión en Economía con un cierto respaldo que jamás tuvieron sus antecesores, su propia cuota de poder en ese tironeo constante que es el Frente de Todos.

No estuvo Cristina Kirchner, que le obsequió, se supone que a modo de respaldo o de gesto de no veto, una foto en su oficina del Senado. Fue el lunes último, justo al mismo tiempo en que el fiscal Diego Luciani exponía su alegato sobre la causa Vialidad que la tiene como principal acusada. Por cierto, no se han conocido tuits solidarios de Massa con la vicepresidenta por este tema, como si inundaron las redes sus incondicionales. Incluso con amenazas veladas a los jueces advirtiendo sobre una suerte de eventual 17 de octubre cristinista.

Tampoco asistió Máximo, el socio del nuevo ministro en cuestiones políticas de la Provincia

Tampoco asistió a la jura Máximo Kirchner, el socio del nuevo ministro en las cuestiones políticas de la provincia de Buenos Aires. Sí estuvo en la sesión de Diputados en la que Massa renunció a su banca, sentado en su propia butaca del recinto. Hubo abrazos posteriores. Fin del compromiso para las cámaras. Se verá lo que sucede con él y su tropa de La Cámpora cuando el de Tigre empiece a implementar las medidas que enumeró anoche, como una seguidilla de títulos.

Sentados mientras el presidente, de brevísima aparición, leía el texto del juramento estuvieron el lote de empresarios muy ligados a Massa, con quienes cultiva amistad personal (Vila, Manzano, Brito, De Narváez, Mindlin y demás) casi todo el gabinete nacional, miembros de la CGT, piqueteros oficialistas, una docena de caras con territorialidad entre gobernadores e intendentes y alguna presencia extra política que en cierta forma dio la nota. Como Moria Casán.

Ya frente al micrófono en el Palacio de Hacienda, para explicar porqué estaba sentado allí Massa siguió ese hilo argumental común en todas las voces del oficialismo según el cual la culpa del actual momento económico del país se debe a la pandemia del Covid y a la guerra en Ucrania. No nombró a la gestión de Mauricio Macri, como hace todo el kirchnerismo, acaso porque prevé que necesitará ayuda de los bloques de Juntos en el Congreso para sacar futuras medidas económicas. En definitiva fue él quien se encargó de juntar esas adhesiones opositoras cuando debió votarse el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, ante la negativa del bloque oficialista, que en ese entonces presidía Máximo, de acompañar la medida.

Primera cosa que dejó en claro: va a respetar el acuerdo con el FMI, incluso cumpliendo la meta de tener un déficit primario del 2,5% del PBI. Y, entre varias medidas, adelantó: que habrá gestos a los exportadores, incluidos los de soja, para conseguir 5 mil millones de dólares para el Banco Central; será más duro con la segmentación de tarifas de lo que se había planteado hasta ahora (Dato: no maneja el área de Energía, se verá si alinea al camporismo recluido allí); ordenará una auditoria de los planes sociales; seguirá con el teórico congelamiento de la plantilla estatal, procurará mejorar sueldos bajos del sector privado y demás etcéteras.

Massa recibe una brasa hirviendo. O se hace cargo de ella, mejor dicho. Su gran examen inicial es saber si su figura logrará aquello por lo que desembarcó en el gabinete: la enorme necesidad de generar un shock de confianza y, sobre todo, de autoridad en materia económica, un capital que se le escurrió como el agua de las manos a sus dos antecesores (a Martín Guzmán en forma rebautizada y a Silvina Batakis con notable rapidez) y que nunca pudo sostener el presidente Fernández, embretado en las internas palaciegas que le han ido deshilachando su autoridad política.

Lo dicho: estuvo la foto poco efusiva con Cristina; se vio el saludo de Máximo. ¿Le alcanza a Massa para que el mundo entienda que, esta vez sí, la pata central de la alianza de gobierno respalda al ministro de Economía?

Supongamos que la coalición frentetodista ha logrado resolver esos conflictos internos entre Fernández, Cristina y Massa que la agrietaron. ¿Está realmente resuelto el otro enfrentamiento que ha surcado al oficialismo desde la salida de la pandemia y que es, nada más ni nada menos, que el conflicto que tienen la vicepresidenta y su tropa con el FMI?

Como ha dicho el politólogo Lucas Romero, en principio si Cristina no cambió ese chip por más que Massa maneje toda la botonera de la economía el problema de fondo, la diferencia conceptual profunda en el gobierno, no se resolverá.

No nombró a la gestión de Macri, como hace siempre todo el kirchnerismo

Una posibilidad es que, asomada al abismo que suponía una debacle total de Alberto, incluida la idea de una salida anticipada, Cristina haya optado por la resignación de acompañar a regañadientes aquello en lo que a priori no cree sin el ejercicio continuo del esmerilamiento. A cambio, acaso haya pedido que no le soliciten gestos públicos de apoyo a lo que a todas luces será un ajuste y un acercamiento a actores nacionales e internacionales que ella supone enemigos ideológicos. Su objetivo central, en todo caso, parece ser que el Frente de Todos llegue relativamente competitivo a las elecciones del año que viene.

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