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Una década atrás Estudiantes tocaba el cielo con sus manos

Por MARTÍN CABRERA

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Fueron 159 días. El camino se inició el 29 de enero en los suburbios de Lima. Y acabó el 15 de julio en Belo Horizonte. Desde el 1-2 ante Sporting Cristal al 2-1 sobre Cruzeiro Estudiantes recorrió el camino más glorioso en su historia moderna, el camino de su cuarta Copa Libertadores de América, de la cual hoy se están cumpliendo 10 años.

Con Alejandro Sabella como cabeza de grupo, con Juan Sebastián Verón como figura y con “leones” como Mariano Andújar, Leandro Desábato, Rodrigo Braña, Enzo Pérez, Gastón Fernández y Mauro Boselli, llegó a la cima de América, justo en la edición número 50. Veamos cómo fue su camino, contado por sus principales figuras, que hablaron en exclusiva con este medio.

El Pincha se había clasificado a esa Libertadores en el final de 2008. Fue por derrotar a Tigre en La Plata, a pocos días de su revancha contra el Inter, por la final de la Sudamericana de ese año. Le tocó jugar el repechaje ante Sporting Cristal, con derrota 2-1 en Lima y victoria, agónica, en La Plata, por el gol de Ramón Lentini. Ese gol, como el de Mauro Boselli ante Cruzeiro, fueron los más valiosos.

En la fase de grupos, todavía con Leonardo Astrada como entrenador, Estudiantes debutó con derrota 3-0 ante quien sería su rival en la final. Luego superó, con algo de sufrimiento, a Universitario de Sucre, en La Plata, con gol de Juan Salgueiro. Y otra derrota, 1-0 con Deportivo Quito, empujó la salida del Negro. “Fue el logro más importante de mi carrera. A nivel futbolístico fue el torneo más prestigioso. Y más por haberla ganado en Brasil y con Estudiantes. Dudo que vuelva a tener otro logro tan importante, recordó Gastón Fernández, el primero de los jugadores consultados. Y de inmediato siguió con su relato: “Desde el Mineirao les mandé un mensaje a Astrada y Hernán Díaz, porque ellos también fueron partícipes”,

“Para todos nosotros significó llegar a lo máximo. Veníamos peleando hacía un tiempo y perdido una final de Sudamericana seis meses antes. Nos marcó porque pudimos entrar en la historia grande de este club. Pertenecer y formar parte no es algo que se le dé a todos”, reflexionó Mariano Andújar, actual arquero y dueño del arco hace 10 años también. Tanto él como la Gata son dos “sobrevivientes” de aquel plantel. Los otros, el presidente Verón, el secretario técnico Agustín Alayes y los técnicos de Reserva Leandro Desábato y Rodrigo Braña.

Diego Galván, volante por derecha de buena pegada, autor de un gol fundamental en la campaña se sumó al diálogo. “Hasta el día de hoy que la gente de Estudiantes me recuerda esa conquista. Ahora estoy alejado porque vivo en Viedma, pero sigo con un vínculo especial con el club, lo llevo adentro de mi corazón. Nos costó, empezamos en repechaje y clasificamos sobre la hora. Ahí empezó todo. Era un plantel espectacular”.

Luego de los primeros tres partidos asumió Alejandro Sabella, el 15 de marzo. Fue su primera experiencia como entrenador (antes había sido ayudante de campo). “Nos dio un salto de calidad y una identificación todavía mayor con este club. El equipo tuvo un vuelco: nos hizo mejores”, dijo Andújar, que lo elogió como todos sus ex compañeros.

LA CLASIFICACIÓN A OCTAVOS DE FINAL

El cierre de la fase de grupos fue a todo trapo: goleadas como local 4-0 a Quito y Cruzeiro, más un empate en cero en la altura de Sucre. Se clasificó como el segundo mejor segundo.

“Fue un equipo que se consolidó en los mano a mano. Sufrimos al principio pero luego nos hicimos fuertes. Ya con Libertad empezamos a ser un equipo sólido, nos defendíamos con la pelota y estábamos muy unidos. No nos convirtieron goles de local y eso fue muy importante”, analizó Germán Ré, el lateral izquierdo que había llegado desde Newell’s y que fue uno de los héroes silenciosos de ese equipo de Sabella.

Los octavos de final puso a Estudiantes cara a cara con Libertad, el campeón paraguayo. En la ida, en el Único, el Pincha goleó 3-0 con tres goles en el primer tiempo. “Destaco ese partido. Era un rival muy duro, candidato. Lo resolvimos en sólo 45 minutos con un nivel de fútbol impresionante”, recordó la Gata, que no dudó en poner al duelo ante Nacional como el otro clave de la consagración. “Fue más hostil que la final misma. Había 60 mil personas en contra”.

El camino se abrió en cuartos de final, porque Estudiantes evitó a Boca, un histórico favorito, tras ser eliminado por Defensor Sporting. El Pincha jugó contra el Violeta, la ida en el Centenario ante cerca de 15 mil hinchas. Fue una movilización histórica. En la cancha el equipo de Sabella jugó bien y ganó 1-0 con gol de Leandro Desábato.

“Fue el gol más lindo de mi carrera, al igual que ante River por el torneo 2010. Era impresionante la cantidad de gente. Mi hermano me había dicho en la semana que iba a hacer un gol y que lo festejara con la viscerita, buscándolo”, recordó el Chavo. El equipo volvió a ganar en La Plata 1-0 (gol de Leandro Benítez) y tras 38 años se metió en semifinales.

Previo a esos cruces Pachorra perdió a un soldado clave: Marcos Angeleri. Una rotura de ligamentos lo dejó afuera de la competencia. Entonces, en 24 horas, la dirigencia resolvió el problema a pedido del entrenador: contrató por cuatro partidos (que pudieron ser sólo dos) a Rolando Schiavi.

En esa instancia se enfrentó al Bolso, el histórico Nacional de Montevideo, el rival al que le había ganado la final de 1969 y perdido la del ‘71. Por diferencias entre los dirigentes se jugó sólo con hinchas locales.

En La Plata ganó el Pincha 1-0 con gol de Diego Galván, en el primer tiempo. “Jugué esa noche porque Enzo Pérez estaba lesionado. Por suerte lo hice bien. Sebastián (Verón) hizo rápido un tiro libre, se la pasó al Chino (Benítez) que me vio hacer la diagonal y me la dejó para el gol, porque me anticipé al arquero. Fue el mejor gol de mi carrera”, contó el volante en diálogo con este medio.

“El partido revancha fue tremendo. La cancha reventaba y éramos visitantes de verdad. Encima no jugó Sebastián (Verón) porque estaba lesionado. Pero lo sacamos adelante y lo ganamos muy bien. Nos recibimos de hombres en esa serie”, siguió Desábato.

“Después de ganar ese partido ya nos sentíamos muy fuertes. Eran ellos o nosotros, pero teníamos que ser nosotros (risas), no había otra posibilidad. Íbamos a jugar una final y no la podíamos desaprovechar”, aportó el Colo Ré, uno de los tantos jugadores llegados desde otros equipos que se quedó a vivir en La Plata. “Acá me recibieron muy bien, aun no siendo hincha del club. Conseguimos muchas cosas juntos y por eso le tomé un cariño impresionante. Sin lugar a dudas Estudiantes está en un lugar importante de mi vida, le debo mucho y me enseñaron lo que es una familia. Voy a estar agradecido de por vida”.

LA ESPERADA FINAL CONTRA CRUZEIRO, EL FAVORITO

La prensa latinoamericana hablaba que la final anticipada era la serie entre Cruzeiro y Gremio. En Belo Horizonte ganó el local 3-1 y en Porto Alegre hubo empate 2-2. El Azulao ya empezó a planificar la vuelta olímpica, pero…

Se habló mucho en la previa, porque en Argentina se disparó un brote de Gripe A y los brasileños no querían viajar, como los mexicanos Chivas y San Luis, que desertaron de la competencia por esta enfermedad.

“El día que jugamos la primera final nos fuimos confiados, a pesar del empate. Mis compañeros y yo creíamos que íbamos a volver con la Copa. Teníamos una fortaleza para sobreponernos a todo. Y un nivel de juego, impresionante. Ni siquiera el gol de ellos nos derrumbó”, relató Desábato.

“Era fundamental no desesperarnos pero mi tranquilidad se dio cuando llegamos al estadio. Fue impresionante como cantaban los jugadores, los brasileños que estaban afuera se habrán asustado y pensaron estos vinieron a ganar en serio. Nunca lo viví, esa intensidad no la viví jamás”, reconoció hace pocos días a la prensa nacional Alejandro Sabella, el técnico del plantel campeón.

Ganó Estudiantes y fue campeón. Festejo loco de los 5 mil hinchas en Brasil y una multitud en La Plata. Así lo recordó la Gata: “Me abracé con Mauro (Boselli). Habíamos llegado juntos, concentrábamos juntos y también había perdido a su papá hacía poquito. Después de la celebración le tocó ir al doping y ahí pude hablar con mi señora y mi mamá, que no habían ido por una decisión del grupo: todos habíamos llevado a nuestras familias a la final contra Inter y perdimos”.

“Merecimos ganar en La Plata. Pero viajamos con confianza. Y verlos festejar antes de tiempo nos tocó el orgullo. Se habían sacado la foto antes del partido los titulares, suplentes y cuerpo técnico. ¡Era la foto para el póster!”, sacó pecho Desábato, que confesó querer morirse con esa pelota que pegó en su espalda y se clavó en el ángulo de Andújar para el 1-0 parcial de Cruzeiro. “Por suerte empatamos rápido y después del gol de Mauro (Boselli) le preguntaba a Chandía cuánto faltaba; el me decía ‘tranquilo’, me acuerdo hasta hoy. Por suerte ganamos y hoy lo puedo contar”.