Dos hoteles de Madrid se negaron a alquilar una sala a Puigdemont

Hotel Ritz
Hotel Villa Magna

El Ritz y el Villa Magna rechazaron acoger el acto en el que el presidente de la Generalitat vendió su proyecto soberanista

La Generalitat intentó contratar los servicios de dos hoteles de cinco estrellas de Madrid para que Carles Puigdemont pronunciara su penúltima amenaza al Estado y los dos se negaron. Tanto el Ritz como el Villa Magna renunciaron a las ganancias en una demostración más de que un país funciona cuando el Gobierno se mantiene firme y cuando los empresarios dan la cara. Los dos hoteles perdieron -y es importante bajar a la arena de lo concreto porque nadie vive del aire- entre 5.000 y 6.000 euros por defender a su país, una cifra que muy pocos independentistas han aportado para su causa, lo que sin duda explica por qué España lleva más de 500 años siendo una unidad de destino en lo universal y el catalanismo -que no Cataluña- 300 años celebrando derrotas.

Una vez la Generalitat constató el rechazo de los dos hoteles, acudió al ayuntamiento de Carmena donde pudo regatear como en los tenderetes y por 3.500 euros consiguió una sala y de propina la bendición política de la alcaldesa, que a cambió de la cifra contribuyó a poner en riesgo los fundamentos de lo que da sentido a su cargo al frente de la capital de España.

El lujo es también una cuestión de actitud y el Ritz y el Villa Magna estuvieron a la altura de lo que son y pagaron el precio de defender la esencia de lo que representan. Carmena y su banda no sólo dejaron claro que tienen un precio sino que es negociable a la baja. Cuando vuelvan a hablar de corrupción, esta factura tendremos que recordársela.

Mientras el independentismo insiste en su desafío y en su pretensión de hacer quedar mal a España, tanto los empresarios más internacionales de Madrid como la inmensa mayoría de los países civilizados expresan su rechazo a un proceso ilegal, golpista, llevado a cabo desde una inconcebible mediocridad y que tiene que recurrir a hospedarse en las siniestras estancias del populismo al verse expulsado del Ritz y del Villa Magna, que es donde nos instalamos los catalanes de derecha y orden y que estamos por lo que hay que estar. Como un bis de la alegría, cuando llamé al Villa Magna por si tenían algo que añadir y le di mi teléfono al recepcionista para que el manager me contactara, me respondió: «Porque es usted del ABC, que si es de La Sexta seguro que no le llama».

Salvador SostresSalvador Sostres

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