El «procés» inverso

Ahora empieza una campaña por el Sí en un referéndum que nadie quiere convocar: «no, mejor convoca y firma tú»

Hay dos asuntos en España de los que el ciudadano de a pie o de carril bici no puede escapar por mucho que corra, el de la separación de David Bustamante y Paula Echevarría, que parece que va en serio, y el del referéndum en Cataluña, que también ha adquirido unas tonalidades de formalidad, rectitud y solvencia que tienen pasmado al mundo Occidental. Y ambos asuntos son tratados por sus protagonistas de muy distinta manera, pues Bustamante y Echevarría llevan el suyo con un absoluto silencio ensordecedor, mientras que Puigdemont y Junqueras han optado justo por lo contrario, hablar mucho para no decir nada.

Carles Puigdemont ya había dado muestras de su portentosa técnica de declamación deshabitada, pero, en el caso de Oriol Junqueras, con fama de no dar puntada sin hilo (de él se dice, como de los chinos de las películas de serie «B», que no piensa, maquina), algo gordo ha de haber detrás de ese ni callar ni decir… Tal vez esté reponiéndose del «shock» de que todo el mundo se haya enterado de que en su partido, ERC, le llaman «el Junqui».

Cuando, el otro día, en el asunto ese tan elocuente de Bonvehí confesando su conversión al autonomismo, se oyó a la concejal republicana Mireia Estefanell decir eso de si ya le había hecho llegar un «whatsapp» a «Junqui» contándole la divergencia convergente, todo el mundo separatista se quedó perplejo, asombrado, desmoralizado. Aunque el asombro y la desmoralización no venían, como podría pensarse con lógica, por la confesión de Bonvehí de buscar un candidato autonomista en una traducción perfecta de la ética de Groucho Marx sobre «mis principios» y que si no le gustan tengo otros… No, el desánimo en las filas secesionistas vino con ese «Junqui”»… En cierto modo, es una metáfora en sí misma del proceso: mientras el vacuo Artur Mas se llamaba a sí mismo Mandela o Ghandi, va y resulta que el rumbo de esta Cataluña aventurera quedará en manos de un timonel al que llaman «el Junqui».

Estamos, pues, en una fase del proceso que tal vez ya habría que tener el valor de llamarlo «el proceso inverso», pues ahora empiezan una campaña por el Sí en un referéndum que nadie quiere convocar: «no, mejor convoca y firma tú».