Supermanzanas ‘made in BCN’

Las supermanzanas, como técnica de pacificación de una ciudad, nacieron en Barcelona. Son un producto autóctono. Pero ni son un invento de la alcaldesa Ada Colau, idea que parece haberse instalado en la opinión pública, ni tampoco se las sacó de la chistera el exalcalde Xavier Trias, aunque apostó por ellas.

Fue en 1987 cuando el entonces director de los servicios de Medio Ambiente del Ayuntamiento de Barcelona, Salvador Rueda, hoy director de la Agència d’Ecologia Urbana, presentó la idea. Y ya en 1993 se implantó la primera, en el distrito de Ciutat Vella, para abrir camino a las dos de Gràcia, a la más reciente y controvertida en el barrio del Poblenou y a las que se implantarán el año que viene en los barrios de Hostafrancs, les Corts y Sant
Antoni.

La primera supermanzana fue en Ciutat Vella el 1993

“Después de presentar el proyecto, analizando el plan Macià, descubrí que el arquitecto y urbanista Le Corbusier en los años treinta planteó una estructura similar a las supermanzanas que lo que hacía era urbanizar el coche creando una estructura adecuada a su velocidad. La supermanzana barcelonesa nace con otra concepción distinta”, explica Rueda. Un concepto que tampoco puede acabar de compararse con el que Cerdà planteó con el proyecto de la intervía ferroviaria para introducir un nuevo método de locomoción en la ciudad, y que finalmente no fue aprobado, ni con las células ideadas por Colin Buchanan en los años sesenta para incorporar el vehículo privado a los estilos de vida de los británicos, pues pretendía el fin contrario.

Entonces… ¿Qué tiene de característico la supermanzana barcelonesa? Básicamente cuatro aspectos: centra su mirada en la disminución
del
tráfico y de la contaminación
atmosférica, proyecta llenar la ciudad de espacios
públicos destinados al uso
ciudadano y persigue hacerlo a nivel global, de modo que el vigente Plan de Movilidad Urbana (PMU) prevé que la Barcelona del futuro, con fecha sin determinar, esté ordenada en un total de 503 supermanzanas de distintas dimensiones, que liberarían de tráfico una superficie equivalente a 700 campos de fútbol.

Eso significa que Barcelona, en ese hipotético escenario, se convertiría en una gran red de áreas pacificadas, cada una de ellas diseñada en tamaño y funcionalidad para su entorno específico, y que el tráfico se reduciría, como mínimo, un 21%, una cifra que permitiría situar los niveles de contaminación en la ciudad dentro de los baremos aceptados por la OMS y las directivas europeas.

Se evitarían las 3.500 muertes por contaminación al año?

Cada año se producen 700 muertes prematuras en la ciudad de Barcelona a causa de la contaminación y 3.500 en el conjunto de su área metropolitana. “Es como si cada 15 días se estrellara un avión de pasajeros”, apunta Rueda, que asegura que los datos observados por la Agència d’Ecologia Urbana indican que en los ámbitos de implantación de las supermanzanas “se han reducido los niveles de contaminación por encima del 20%”.

Pero es evidente que para que no se incrementen los niveles de contaminación en otras zonas de la ciudad será inevitable apostar por el progresivo abandono del vehículo privado. Aquellos que defienden esta apuesta se acogen a datos como los que proporciona el último informe de la Agència de Salut Pública de Barcelona, que concluye que el 98% de la población de Barcelona está expuesta a niveles superiores de PM10 de los establecidos por la OMS y un 68
% a niveles superiores de NO2. De hecho, se superan los valores de referencia de la OMS para ozono, venzo(a)pireno, NO2, PM10 y PM2,5.

Protestas vecinales

Por su parte, los movimientos vecinales surgidos en el último año en contra de las supermanzanas ven el proyecto como una propuesta muy poco realista, irrealizable en una gran urbe como Barcelona, e incluso alertan de un posible
colapso generalizado en la ciudad si éstas se extienden, con el consecuente perjuicio en los niveles de contaminación.

“Cuando planteas un proyecto faraónico como éste tienes que dotarlo de alternativas reales de transporte público en la zona o bien plantearte su implantación sólo en determinadas horas o días de la semana”, defiende el arquitecto y vecino del Poblenou Josep Munt, que asegura que “los niveles de contaminación acústica y ambiental en la periferia de las supermanzanas han incrementado porque el tráfico ha sido derivado a las calles perimetrales”.

Los vecinos consideran que es una propuesta poco realista y lo tachan de “faraónico”

El debate está servido y, a menudo, no exento de ideología política en ambos extremos del discurso, ya que en su forma pura enfrenta dos modelos de ciudad aparentemente incompatibles.

Desde otro enfoque distinto, otras alternativas de pacificación urbana a menor escala han valorado su éxito o fracaso en relación a los beneficios o perjuicios sobre el comercio
local. “Cuando Nueva
York pacificó Broadway generó un problema
enorme en términos de movilidad pero en cambio el éxito en términos de uso fue inmediato”, explica Ton Salvadó, director de Modelo Urbano del Ayuntamiento de Barcelona, que recuerda que “al principio el experimento en el distrito de Gràcia causó grandes reacciones en contra por parte de los comerciantes pero después vieron que les beneficiaba, como casi todos los procesos de pacificación”.

No parece así, en cambio, en Poblenou, un barrio donde el tejido comercial es muy escaso y donde el consistorio barcelonés ha apostado por potenciar los usos ciudadanos, con resultados controvertidos y la oposición de parte del vecindario, que denuncia falta de seguridad en las horas nocturnas y problemas de movilidad, así como una aplicación
precipitada y poco
consensuada de la prueba piloto. De hecho, un 87
% de los 1.739 vecinos que votaron en el mes de mayo en la consulta promovida por la Plataforma d’Afectats de la Superilla del Poblenou rechazaron el proyecto.

Cartel de los vecinos en contra de la implantación de las supermanzanas en la calle Pere IV de Barcelona
Cartel de los vecinos en contra de la implantación de las supermanzanas en la calle Pere IV de Barcelona
(Xavier Gómez)

“La supermanzana del Poblenou la implantaron en una zona con muy baja densidad de residentes y que ya tenía muy poca circulación, motivos por los cuales escogieron este barrio, al pensar, equivocadamente, que no habría conflicto vecinal. Pero era el lugar de Barcelona menos indicado para hacerlo. Ha provocado una fuerte caída de la facturación de los comerciantes, la renuncia a los autobuses que pasan cerca de tu casa y la inseguridad que se vive en las calles al oscurecer porque se convierte en una zona desértica sólo frecuentada por los jóvenes que hacen botellón”, denuncia Jordi Campins, portavoz de la Plataforma d’Afectats de la Superilla del Poblenou, que añade que “de día también se hace poco uso ciudadano de la zona y no suele haber gente en las mesas de pícnic y en los bancos que se instalaron”.

En el caso de la supermanza del Poblenou, la plataforma de afectados ya ha presentado una solicitud de nulidad y prepara una demanda colectiva para que los vecinos y comerciantes reclamen daños y perjuicios al Ayuntamiento de Barcelona.

El barrio del Poblenou “es el menos indicado” para instalar una supermanzana

Jordi Campins, portavoz de la Plataforma d’Afectats de la Superilla del Poblenou

Pero es precisamente en esos usos ciudadanos donde el ideólogo de las supermanzanas barcelonesas pone el acento. “Los ejemplos que se han desarrollado en otras ciudades están relacionados con procesos
de
peatonalización, tenían como objetivo generar
áreas
peatonales. En cambio, lo verdaderamente revolucionario de las supermanzanas es que pretenden hacer
ciudadanos, no peatones”, afirma Rueda, que cree que “el ciudadano lo es cuando puede ejercer todos sus derechos”, entendiendo así este espacio público liberado como un lugar donde poder practicar deporte, donde jugar y entretenerse y donde relacionarse. “Hoy puedes poner un mercado de intercambio y mañana una conferencia o una clase”, explica.

Vecinos haciendo uso del espacio público en la supermanzana de Poblenou
Vecinos haciendo uso del espacio público en la supermanzana de Poblenou
(Meritxell Doncel)

Barcelona exporta su modelo

Controvertidas aquí y admiradas más allá de nuestras fronteras. Al menos por lo que respecta a la prensa internacional, que durante el pasado año y medio ha publicado noticias y reportajes sobre el modelo de supermanzanas barcelonés, entre ellos The Guardian, The New York Times y la BBC, que inciden en la magnitud física del proyecto, en sus beneficios medioambientales y en su voluntad de generar espacios ciudadanos, con zalameros titulares como “el plan de Barcelona para devolver las calles a los residentes” o “qué puede aprender Nueva York de las supermanzanas de Barcelona”.

Las plataformas de afectados, por su parte, coinciden en asegurar que se trata de una hábil estrategia de marketing de cara al exterior por parte de la Agència d’Ecologia Urbana, una estrategia que, en cualquier caso, parece haber tenido buenos resultados. “En Barcelona el tema de las supermanzanas ha generado mucho alboroto, con opiniones muy enfrentadas, pero la prensa internacional lo ha recogido como un ejemplo a copiar”, defiende Salvadó.

Los vecinos molestos aseguran que se trata de una estrategia de marketing de la AEU

Lo cierto es que los artífices del plan de supermanzanas barcelonés ya lo han implantado o están implantándolo en estos momentos en diversas ciudades, entre ellas Quito, Buenos
Aires, Vitoria, El
Prat, A
Coruña y Ferrol. Además, han presentado el proyecto en Nueva
York, donde se está estudiando su posible aplicación, y han pedido información sobre las supermanzanas a la Agència d’Ecologia Urbana ciudades de Japón, China, India, Corea del Sur, Canadá, Ecuador, Méjico y Moscú.

¿Serán las urbes del futuro un gran tejido de supermanzanas con ADN barcelonés? El tiempo lo dirá…

Vecinos haciendo uso del espacio público en la supermanzana de Poblenou
Vecinos haciendo uso del espacio público en la supermanzana de Poblenou
(Meritxell Doncel)
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