Así recuerdan a niño de 2 años que fue abusado y asesinado en Medellín

En el viejo edificio del barrio Cristo Rey, de Medellín, donde vivía el niño, de 2 años, quien fue asesinado el pasado viernes, hay un altar con flores, velas encendidas, fotografías del pequeño y mensajes escritos a mano por los padres de sus compañeritos de guardería.

En una de las carteleras se lee: “Angelito, tú que ya descansas y estás al lado de Dios, intercede por otros, que al igual que tú, injustamente sufren. Y por esas ‘madres’ que no conocen el amor”.

Los vecinos se detienen a leer las frases, a dejar una flor, una vela o a orar por el niño que fue brutalmente asesinado, al parecer por su propia familia. Los sospechosos son su madre, Daniela Giraldo, de 22 años y su padrastro Mateo Sepúlveda Jaramillo, de 21 años.

Esa mañana del 15 de septiembre, la madre y el padrastro llegaron a la Clínica Las Américas, de Medellín, con el niño en brazos, argumentando que estaba morado porque sufría de asfixia. El pequeño tenía pocos signos vitales, los médicos no pudieron salvarlo, pero sí notaron huellas de maltrato, por lo que llamaron a las autoridades.

Se hallaron signos de maltrato infantil agudo y signos de violencia sexual sobre el menor

Aunque el niño aparentemente tenía traumas en el cráneo, la mandíbula y el cuello, la muerte fue toda una incógnita, cuatro días después, Medicina Legal reveló que la causa obedece a violencia sexual y asfixia por sofocación.

El director  de Medicina Legal, Carlos Eduardo Valdés dijo que “en el cadáver se hallaron signos de maltrato infantil agudo y signos de violencia sexual. Los resultados permitieron evidenciar elementos claros y científicos que concluyen que el niño fue abusado”.

El funcionario explicó que las vías aéreas del menor fueron obstruidas, le taparon su boca y nariz, llevándolo a un estado de asfixia. Según el dictamen, el maltrato agudo y el abuso sexual se presentaron dentro de las 24 horas antes de la muerte.

Homicidio niño de 2 años en Medellín

Vecinos recuerdan al niño de 2 años, que fue brutalmente asesinado.

Foto:

Jaiver Nieto / EL TIEMPO

Tras llevar el niño a la clínica, el padrastro y la madre volvieron como si nada al apartamento donde vivían, en el barrio Cristo Rey, suroccidente de Medellín, y justo cuando, al parecer, trataban de huir, llegaron cuatro policías, luego familiares y vecinos, poco a poco se regó el rumor en el sector sobre el homicidio del pequeño.

Un  habitante del barrio narró que a las 9:30 de la mañana de ese viernes empezaron a llegar más policías y más gente a reclamar por el crimen, todos cogieron piedras y palos para linchar a la pareja, de no ser porque llegaron agentes del Escuadrón Móvil Antidisturbios (Esmad), los matan a golpes.

“La droga, la droga, eso fue lo que hizo que la madre no cuidara al bebé”, dijo el vecino, quien afirmó que la joven pareja vivía consumiendo alucinógenos y en su locura “al niño lo estaban violando, maltratando y uno aquí sin saber nada, sin sospechar nada, porque una cosa era en la calle y otra en esas cuatro paredes”, añadió.

La pareja fue sacada del edificio custodiada y luego fue capturada por la Fiscalía por el crimen. Un juez los envió a prisión mientras avanzas las investigaciones. El ente acusador les imputó los delitos de maltrato intrafamiliar y homicidio agravado, sin embargo, ellos no se allanaron a los cargos.

Las exequias del niño se cumplieron el pasado martes en el cementerio Campos de Paz, donde allegados, profesoras y madres de la guardería, acompañadas de sus hijos pequeños, le dieron el último adiós con globos,  flores blancas y oraciones.

Mi hija era amiguita del niño y me dolió mucho porque tras la muerte ella me contó que el papá era brusco con él, lo estrujaba y arrastraba.

En el barrio, todos tienen algo que ver con el niño. Todos lo conocían, lo recuerdan y lamentan esa muerte que pudo evitarse. Pues ya había antecedentes de maltrato intrafamiliar de parte del padrastro.

Así lo aseguró Carlos Arcila, subsecretario de Derechos Humanos de Medellín, quien dijo que este caso muestra la cara de los niños que son maltratados, violentados y abusados en la ciudad; así como el miedo a denunciar y el silencio absurdo de quienes viven a su alrededor.

Milena García, madre de una amiga del niño, contó que el caso la conmocionó mucho porque todos los días veía pasar al pequeño de la mano de su madre, pero nunca notó nada extraño. “Mi hija era amiguita del niño y me dolió mucho porque tras la muerte ella me contó que el papá (padrastro) era brusco con él, lo estrujaba y lo arrastraba delante de los otros niños”, afirmó.

Viviana González, allegada de la guardería del menor, dijo que lo recuerda como un niño tierno, amigable y alegre, a pesar de las circunstancias en las que vivía y aclaró que por ello nunca notó algo raro en él. “La versión que teníamos en el jardín era que la madre lo acostó a dormir y amaneció muerto, nunca supimos la otra versión, es algo duro para nosotros, quedamos fuera de casillas”.

A cuatro cuadras del viejo edificio está la guardería Ingenios, donde estudiaba el pequeño. Allí también hay mensajes de despedida y fotografías en su memoria. Niños y grandes comentan sobre el caso que conmocionó al barrio y al país.

DEICY JOHANA PAREJA M.
Redactora de EL TIEMPO
MEDELLÍN

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