Desde inseguridad hasta luces dañadas, los problemas del Adolfo Mejía

Hace unos años publiqué en el periódico El Universal de Cartagena un artículo sobre el Teatro Heredia –hoy Adolfo Mejía– que me valió un cuasi linchamiento en el Museo de Arte Moderno por parte de algunos sectores de la vida cultural de la ciudad, liderados por el finado Jorge García Usta.

En el artículo de marras hacía una serie de críticas, advertencias y recomendaciones, en mi calidad de artista de la escena y usuario habitual del teatro –preocupado por el manejo y el rumbo que este estaba tomando a los pocos años de su reinauguración–.

Ya la ciudad había asistido impotente a su deterioro, abandono y clausura durante más de 25 años, del mismo modo que había presenciado la ruina del Circo Teatro de La Serrezuela y de muchos otros lugares emblemáticos patrimoniales.

En el artículo, que titulé ‘Un teatro a la deriva’, advertía sobre el peligro que avizoraba de que este se convirtiera en un centro “mercenario” de eventos y no en un auténtico templo de la cultura y las artes de nivel mundial.

El Teatro ha pasado por muchas manos desde su reapertura en 1997, mismo año de la creación del Ministerio de Cultura y de El Colegio del Cuerpo (eCdC) –institución que dirige quien esto escribe– y debo manifestar hoy con pesar e indignación que, al cumplir 20 años de haber sido reabiertas sus puertas al público, el teatro se encuentra en un estado lamentable. Una a una se han cumplido mis predicciones y advertencias… Cosa que no me alegra en absoluto.

Hace pocos días, a raíz de la visita a nuestra ciudad del grupo sudafricano Buskaid Soweto String Ensemble, vivimos en el teatro una noche de pesadilla. Luego de una semana de eventos artísticos y académicos muy exitosos en el Centro de Convenciones, en las iglesias del corregimiento de Pontezuela y de San Pedro Claver y el Centro de Formación de la Cooperación Española, quisimos cerrar con broche de oro esta temporada-regalo a Cartagena, en el teatro emblema de la ciudad.

‘Antes de que se me tilde de ingrato’

Debo reconocer, antes de que se me tilde de ingrato o amante del escándalo, que la directora del Instituto de Patrimonio y Cultura de Cartagena (IPCC), Bertha Arnedo, así como la directora del teatro, Mildred Figueroa, siempre nos han acogido en el Adolfo Mejía gratuitamente y han apoyado a eCdC en diferentes proyectos e iniciativas con cariño, respeto y reconocimiento. Pero ello no impide que hoy hable –con el mismo respeto–, no obstante, con la verdad, sobre lo que vivimos el pasado martes 18 de julio del 2017 con nuestros amigos y colegas sudafricanos. 

Desde el punto de vista arquitectónico, el teatro tiene serios problemas: los camerinos no funcionan y parece ser que en ellos hay fallas estructurales que amenazan la seguridad de quien los utilice, por lo que permanecen cerrados: más de 60 artistas (sudafricanos y colombianos) que participaron en la presentación del martes no tenían dónde cambiarse o dejar sus pertenencias… (de hecho, se perdieron dos teléfonos celulares) y debieron hacerlo en el foso de la orquesta, en la trasescena… ¡Incluso, nos propusieron el gallinero (la galería) para hacerlo! Un teatro sin camerinos –baños, duchas, vestieres, etc.– no es un teatro y si no están habilitados, debe cerrarse hasta que lo estén.

Sin embargo, hablemos de la parte técnica: la dotación y mantenimiento de los equipos de luces, sonido y video, etc., dejan mucho que desear.
Durante nuestro espectáculo, con el teatro lleno a reventar, el sonido presentó unas fallas monumentales que, de no ser por el profesionalismo de los artistas en escena que permanecieron allí incólumes –a pesar de los pesares–, hubiera podido ser una catástrofe artística y profesional. ¡Lo fue!

Nuestros amigos sudafricanos sufrieron y con razón nos hicieron reclamos que, afortunadamente, por nuestra amistad, no pasaron al terreno de lo legal/penal. Pero esta experiencia amarga nos ha llevado a tomar la decisión de cancelar la presentación, en el mes de noviembre, de la Compañía japonesa Sankai Juku (la compañía de danza butoh más importante del mundo), quien venía a Cartagena, como parte de la celebración de los 20 años de eCdC.

La Primera Dama de la Nación iba a ser la anfitriona de esta noche de gala, a beneficio de nuestra institución y ya le hemos comunicado nuestra decisión. Con un grupo del nivel de los japoneses no podemos correr riesgos: en caso de tener problemas similares, con ellos sí que podríamos enfrentar un proceso legal internacional por incumplimiento del contrato.

Apenas terminó nuestra accidentada presentación, la cual afortunadamente fue recibida con enorme entusiasmo por un público comprensivo, solidario y auténticamente conmovido por la calidad del espectáculo, vimos con sorpresa que estaban desatornillando las butacas de la platea. Pregunté para qué lo estaban haciendo: ¡un matrimonio! Sí: mi otra predicción de que el teatro, para sobrevivir, se tiene que alquilar para lo que sea (espacio mercenario) también se ha cumplido al pie de la letra: reinados, bautizos, matrimonios, grados, quinceañeros, congresos… y de tanto en tanto: ¡teatro, danza, música…!

Con la pasada administración llegó a ser tan patética esta situación que los lunes se realizaba una actividad que se llamaba Lunes de Teatro (¡¡!!). Es como si en el estadio El Campín se realizara algo que se llamara Lunes de Fútbol o en un restaurante Lunes de Comida. ¡Por favor! Seamos serios.

Las consecuencias de estas denuncias seguramente vendrán: ¿eCdC quedará vetado en el teatro…? Si la situación no cambia de manera radical, preferimos –con pesar– que así sea.

ÁLVARO RESTREPO
Especial para EL TIEMPO

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