Inicio Colombia El cambio extremo de la casa donde cayó Pablo Escobar

El cambio extremo de la casa donde cayó Pablo Escobar

Dos ingleses miran con atención la fachada con revestimiento de piedra artificial de una casa de tres plantas, enrejada. Tras la puerta hay un patio con mesas y sillas decoradas, y plantas sembradas en materas de barro y otras que suben enredadas a la pared. En el frontis del balcón del segundo piso sobresale un letrero blanco con letras verdes que dice: ‘Escuela de Español’.

Con las manos en la frente, los extranjeros tratan de evitar el sol que les golpea sin piedad sus rostros blancos, que pronto se tornan rojos. Ellos miran la casa ubicada en la carrera 79B n.° 45D-94, barrio Los Olivos, occidente de Medellín.

Sobre el techo de ese lugar, el 2 de diciembre de 1993, quedó el cuerpo de Pablo Escobar Gaviria abatido por oficiales del Bloque de Búsqueda de la Policía Nacional. Hasta entonces, el hombre más temido en el país por su accionar violento y reconocido como el mayor narcotraficante del mundo.

Escobar había llegado a esa casa quince días antes de morir. La ocupó acompañado por un pequeño grupo de cómplices que le cuidaban la espalda. Al parecer, un testaferro suyo fue quien adquirió la vivienda. En el primer piso de la casa fue muerto su lugarteniente, Álvaro de León Agudelo, alias Limón.

Después de varias transformaciones, hoy es el sitio al que personas de distintas partes del mundo llegan para recibir clases de español.

Afuera de la escuela, situada al lado de una calle silenciosa, flanqueada por un pequeño bosque y una canalización, los turistas se renuevan cada tres minutos. Pasan de ingleses a mexicanos, luego arriban holandeses y así sucesivamente.

Pero no van a estudiar. Van atraídos por la historia del capo. ‘¿Qué verán ahí?’, se pregunta un vecino del sector que hace más de 40 años vive en el barrio, justo a una cuadra de distancia de ‘la casa donde murió Escobar’, como la llaman a manera de cliché los taxistas que llevan a más turistas a los que, sin bajarse del vehículo, les evocan la historia.

Cuando Erica Borgardijn, una holandesa alta y de mirada firme, decidió crear una escuela de idiomas en Medellín no pensó que iba a estar tan cerca de la historia de Pablo Escobar. O, por lo menos, del fin de esta.

La casa donde murió Pablo Escobar pasó por varias transformaciones hasta ser lo que es hoy: una escuela de español.

Foto:

Esneyder Gutiérrez

La casa donde murió Pablo Escobar pasó por varias transformaciones hasta ser lo que es hoy: una escuela de español.

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Esneyder Gutiérrez

La casa donde murió Pablo Escobar pasó por varias transformaciones hasta ser lo que es hoy: una escuela de español.

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Esneyder Gutiérrez

Hace cinco años vino a Colombia buscando nuevas experiencias y, mediante ellas, a perfeccionar su español. Tenía 34 años y quería conocer la Suramérica alegre, fiestera y rica en cultura que siempre la ha atraído.

Primero estuvo en Argentina, pero no encontró lo que esperaba. “Yo me imaginé aprendiendo, haciendo amigos, bailando tango, comiendo carne, pero llegué y me encontré con un salón de clases aburrido”, explica con desagrado.

Pero cuando llegó a Medellín y conoció su dinámica supo que esta era la ciudad en la que quería vivir e instaló hace dos años la escuela en este lugar, al que le dio un cambio total.

“Me di cuenta del pasado de la casa porque el señor que me la mostró para arrendarla me contó sobre ella”, dice Borgardijn, sin darle mucha relevancia a lo acontecido hace 25 años. Sin embargo, agrega que desde que la vio era perfecta para lo que buscaba.

La casa estuvo abandonada durante quince años. La Fiscalía General de la Nación la selló tras la muerte del capo. Curiosos, indigentes, drogadictos y hasta buscadores de guacas la fueron desmantelando. Desde el mismo día de la caída de Escobar, el lugar también quedó marcado y se convirtió en sitio de visita de los famosos narcotours. En el 2008, un comerciante la compró, ocupó e hizo algunas remodelaciones, como construir un tercer nivel.

Si bien Borgardijn podría usar la imagen de Escobar y el pasado de su sede para atraer extranjeros, lo cierto es que para ella y su escuela de idiomas, Colombia Immersion, el narcotráfico no es tema de enseñanza, y ni siquiera lo referencia debido a que no conoce bien la historia, aunque sabe que fue dolorosa.

Cada vez que un estudiante pregunta sobre el tema lo remite a la Casa Museo de la Memoria, para que pueda resolver sus dudas en contexto.

Desde el momento en el que tuve la idea de crear una escuela de español pensé en enfocarla en el futuro, y no en el pasado

“Nosotros le estamos dando un resignificado al lugar ayudando a los demás a aprender”, dice Borgardijn.

Hoy, en las habitaciones de la casa, en la que el narcotraficante pasó sus últimos momentos, grupos de estudiantes extranjeros se transmiten ideas en distintos idiomas. Las habitaciones han sido bautizadas con los nombres de diferentes sectores de la ciudad: La Sierra, Manrique, Trece de Noviembre, Moravia y Ayacucho, se lee en cada puerta.

“La cultura y el idioma van juntos. No hay posibilidad de aprender un idioma sin conocer su cultura. Por eso, en la escuela no solo se enseña español sino también la ciudad, mediante recorridos guiados a los barrios que les dan nombre a las aulas”, explica Borgardijn.

Los extranjeros, algunos, llegan con el fin de conocer la cultura de la ciudad y a través de ella aprender español; otros, en cambio, lo hacen para mirar desde la acera del frente la casa y, al son del recuento de los guías, recrear aquella tarde del jueves 2 de diciembre de 1993, cuando murió el narco más peligroso del mundo.

Por Brayan González
Especial para EL TIEMPO