El viacrucis de un hincha para ver el partido Colombia vs. Paraguay

Quienes saben de fútbol coinciden en que en el partido de la selección Colombia contra Paraguay el próximo cinco de octubre está la clasificación al mundial, y yo -que escucho cada programa deportivo que existe-, sigo esos mensajes como una señal, al punto de que le pedí a tres jefes de este diario que me dieran unos días para ir a ver ese juego al mismísimo estadio Metropolitano de Barranquilla.

De hecho, cuando me planteé el viaje, en mi cabeza ya me veía con la camiseta roja de la Selección Colombia estampada con el número 9 del gran Falcao García y, lo más importante e infaltable, con la ropa interior de la suerte – unos viejos bóxer azules desteñidos que visto cada que hay un partido clave de Santa Fe, equipo del que soy hincha-. Siempre funcionan y, como cualquier loco por el fútbol, tengo agüeros.

Por eso, desde junio compré el tiquete de avión más barato que encontré hacia Cartagena, ciudad que entregaba las mejores ofertas en los pasajes -en la aerolínea de bajo costo que elegí- y es cercana a Barranquilla. También reservé los hoteles donde me hospedaría, por supuesto económicos, y solo me faltaba lo más importante: las boletas.

Desde ese mes, casi que con la misma constancia con la que cualquier persona suele lavarse los dientes, empecé a ingresar a la página de Ticketshop, primero para saber en cuánto saldrían las boletas para Brasil, un indicador que daría luces sobre lo que sería la entrada contra Paraguay.

Luego del escándalo en esa entidad, que dejó a muchos seguidores con ‘ira e intenso dolor’ por perderse de la magia de Neymar, Coutinho, James y Falcao, un partido soñado, y para el que las boletas se desaparecieron, empecé a preocuparme. Más aún, cuando se conoció que esa empresa habría engañado a los colombianos y esfumó las entradas en un santiamén, sin saberse cómo hizo la venta.

Pero, ciertamente, en este país en el que abundan los carteles, como los de pañales y hasta el de papel higiénico, increíbles nombres acuñados a engaños que les hacen a los consumidores, puede pasar que las boletas de los partidos más importantes del año se desaparezcan súbitamente.

Sigo a pies juntillas un par de frases sabías del escritor español Martín Caparros, un empedernido fanático de este deporte, que dicen que “para ver fútbol de verdad hay que ir a la cancha” y que saber de fútbol es entender “que hay cosas que suceden más allá de lo que se ve”, por eso me empeciné todavía más en conseguir rápidamente la boleta, pero sin perder la cabeza porque esto también es un negocio lleno de lucros y, por supuesto, de mafias, como lo demostró el Fifagate.

Con David, mi mejor amigo y quien siempre estuvo firme para el viaje a pesar de saber que esos 90 minutos pueden dejarlo a uno sin uñas, duré largas ultimando los detalles del viaje. Conversamos, nos preguntamos cuánto valdría la boleta, dónde se conseguirían y cuándo saldrían a la venta.

Hace unos días -antes de que se conociera que Tu Boleta sería el nuevo operador para vender las entradas-, como las boletas no salían y la Federación Colombiana de Fútbol ni siquiera anunciaba qué empresa reemplazaría a Ticketshop, una página llamada Stubhub me llenó de furia, ni siquiera habían puesto en venta las entradas y allí ya cotizaban las localidades sur o norte en cerca de 500.000 pesos, como lo siguen haciendo.

¿Cómo puede suceder esto? ¿Cómo hay gente dispuesta a pagar semejante cantidad de plata? ¿Cómo me hacen este daño de dejarme sin boleta?

Esas preguntas siguen rondando en mi cabeza. Luego, al conocer que solo iban a vender a través de internet con tarjetas de crédito, en una medida que en mi parecer no permite que muchos aficionados puedan acceder a ella, me cayó otro baldado de agua, pues alejo de mí cualquier posibilidad de tenerla por temor a deudas.

Ante esto, me valí de una tarjeta de Bancolombia, la de mi novia Natalia, a quien no le interesa el fútbol, pero que sabe lo mucho que lo amo, y con esta pretendía comprar tres boletas. Al final, Julián, un amigo que es lo más parecido a Mariano Concha, de la película ‘Pena máxima’, decidió ir con nosotros al partido que nos puede clasificar al mundial.

Llegó el miércoles, la hora cero para comprar las boletas para clientes Bancolombia y esperanzados, muy a las 8 de la mañana, ingresamos a Tu Boleta, operador designado, pero la página se cayó por presuntos ataques cibernéticos, señalaron las autoridades. “¡Cristian, hermano!”, me escribió Julián al enterarse que fallamos en el primer intento de comprarlas.

Este jueves era el segundo turno al bate para, por fin, comprar las boletas. De nuevo, a las 8 de la mañana, estaba ahí frente a la pantalla del computador y un aviso que decía: ‘Bienvenido a Tu Boleta, no refresques la página’, fue una nueva señal de que comprar una entrada de la Selección Colombia es tan difícil como sacar una cita médica con un especialista en algunas EPS o irse sentado en TransMilenio, guardando sus respectivas proporciones en grado de importancia, claro.

La página recargó cientos de veces, una y otra vez el conteo regresivo de 60 segundos volvía a comenzar y justo cuando pude acceder luego de dos horas, un nuevo aviso de que no había localidades disponibles logró que se me aguara el ojo.

Hoy, cuando se acabe la posibilidad de comprar las boletas, me tocará encomendarme a un coro al que siempre me aferro cuando a la Selección se le pone el camino cuesta arriba y que la última vez que me funcionó fue en la pasada fecha de eliminatorias contra Brasil al minuto 56.

“Falcao García que estás en el Mónaco,
Santificado seas ‘Tigre’,
Vengan a nosotros tus goles,
Hazlos en el Metropolitano,
Así como los haces en el Principado,
Perdona nuestras ofensas,
y no nos dejes por fuera del Mundial (ni a mi fuera del partido contra Paraguay)”.
Radamel.

CRISTIAN ÁVILA JIMÉNEZ
ELTIEMPO.COM

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