La vida del niño ‘milagro’ de Mocoa, seis meses tras la avalancha

Hasta ahora va a cumplir 10 años (el próximo 4 de octubre) y Sebastián Córdoba Guerrero ya ha vivido momentos muy difíciles y ha perdido a personas indispensables en su existencia.

Hace casi una década, el día que nació, tuvo que despedirse de Nancy Mariela Guerrero, su madre, quien murió tras darlo a luz, y el pasado 1.° de abril, hace seis meses, le dijo adiós a Luis Florencio Córdoba, su padre, quien falleció, mientras intentaba ponerlo a salvo, durante la avalancha que dejó 336 personas muertas, alrededor de 100 desaparecieron y que arrasó con varios sectores de Mocoa…

Sebastián quedó huérfano, pero no abandonado. El destino le quitó a sus padres, pero lo dejó al cuidado de sus hermanos: Wilson Norbey vive y comparte todo el tiempo con el pequeño, en la capital del Putumayo, y Diego Albeiro, a pesar de residir lejos por su trabajo como soldado profesional, está muy pendiente de sus familiares y los ayuda con aportes económicos.

Sebastián Córdoba Guerrero

Sebastián, durante el tiempo que estuvo en recuperación hospitalaria.

Foto:

Cortesía familia Córdoba Guerrero

“Estar a cargo de mi hermanito es un honor, yo me siento privilegiado por eso. Es una tarea muy grande la que nos dejó nuestro padre. Él nos enseñó siempre a ser responsables y trabajadores”, aseguró Wilson Norbey, de apenas 20 años y quien cumple servicio militar en la Policía Nacional.

Los últimos 180 días, Sebastián los ha pasado de cirugía en cirugía y de terapia en terapia. La noche de la tragedia sufrió una fractura en su pierna derecha y una laceración en el brazo izquierdo.

De la pierna se ha ido recuperando muy bien: ya puede caminar con ella sin necesidad de unas muletas. La recuperación del brazo también avanza con resultados positivos: el jueves pasado, en Pasto, fue intervenido en una cirugía plástica, ya que esa herida fue muy profunda.

Estar a cargo de mi hermanito es un honor, yo me siento privilegiado por eso. Es una tarea muy grande la que nos dejó nuestro padre

Todos los gastos médicos del niño los cubre un seguro y Wilson reconoce que han contado con mucha ayuda de la Policía, “a la que le estoy profundamente agradecido”, y de su tío, Jaime Córdoba, quien les cedió un apartamento, en el barrio Pinañaco, de Mocoa, para que lo habitarán.

Contó que recién pasó la avalancha, la gente fue muy solidaria con ellos, aunque ahora ya eso no sucede tanto. “Es entendible igual, la tragedia ya fue y las personas tienen sus propios problemas”, dijo.

De a poco, Sebastián ha vuelto a disfrutar del fútbol, dándoles puntapiés a los balones que le han regalado y alentando a los dos equipos de los que es hincha: Atlético Nacional y Real Madrid. También ha recuperado el gusto por jugar a ser maestro de obra, como su padre, a quien solía cogerle las herramientas de trabajo para divertirse por horas.

De lunes a viernes, en las tardes, el pequeño cursa grado tercero en la Institución Educativa Ciudad Mocoa. Las mañanas las utiliza para hacer tareas. Los fines de semana los pasa junto a Wilson: salen a pasear en moto, comen helado, ensalada de frutas o malteada, y hacen parada obligada en las maquinitas de juegos. Su relación cada vez es más fuerte.

Sebastián Córdoba Guerrero

Wilson (izq.) y Sebastián disfrutan de su tiempo juntos yendo a diferentes juegos.

Foto:

Cortesía familia Córdoba Guerrero

Quienes están cerca a Sebastián dicen que el menor no ha perdido la alegría. Cada situación la afronta con una sonrisa. Siempre tiene un semblante tranquilo y sus abrazos reconfortan a todos, sean grandes o chicos. Aseguran que su historia anima a muchos, los motiva, ¡y eso que solo tiene 9 años de vida!

Es fuerte. Así a veces recuerde los hechos del 1.° de abril y se deprima un poco, solito se recompone. Dice Wilson que la fortaleza del niño fue la que les ayudó a los dos hermanos mayores a sobrellevar la perdida de don Luis. “Lo de mi hermanito es admirable. Nos ha enseñado a ser mejores. Es un niño con estrella”, añadió.

La tragedia

Sebastián fue el único que se salvó en una casa de cinco personas. Vivía en la parte alta del barrio Los Pinos con su papá, su madrastra y dos hermanastras.

Salió de la vivienda de la mano de su progenitor, cuando el agua le llegaba a las rodillas. Corrieron hasta una loma que estaba cerca, para intentar resguardarse, pero ya el río Mocoa y sus afluentes, Sangoyaco y Mulatos, se habían desbordado y los alcanzaron. Ese fue el último momento en el que vio a su padre.

Como pudo, el niño se aferró a unos palos en una orilla y escapó de las aguas turbias, pero su pierna estaba muy mal. No sabe cuánto tiempo pasó hasta que escuchó, a lo lejos, voces. Se arrastró varios metros, luchando contra el lodo, las piedras y los palos dejados por la tragedia natural, y fue avistado por algunas personas que vivían cerca de su desaparecido hogar.

Sebastián Córdoba Guerrero

Don Luis y Sebastián, en una de las últimas celebraciones de cumpleaños que pasaron juntos.

Foto:

Cortesía familia Córdoba Guerrero

Lo trasladaron al Hospital de Mocoa y de ahí, a Neiva, donde se reencontró con la única familia que le quedó: primero con su hermano mayor, Diego, y luego con Wilson, quien al momento de la avalancha se encontraba cumpliendo un turno de centinela en La Dorada, cabecera municipal de San Miguel (Putumayo).

Fue el propio Wilson, antes de reunirse con sus hermanos, quien se dedicó a buscar el cuerpo de don Luis, enterrándolo en la tarde del lunes 3 de abril.

“Cuando Sebastián se enteró de la muerte de nuestro padre, solo se le salieron algunas lágrimas, no lloró. Es un niño muy fuerte”, comentó.

El presente de los hermanos

Después de un tiempo recuperándose en Neiva, Sebastián regresó a Mocoa y se instaló con Wilson en un apartamento de su tío Jaime, quien no les cobra arriendo y, junto con su esposa, cuidan al niño cuando está solo y les colabora con la alimentación.

Los hermanos Córdoba Guerrero reciben un sudsidio de arriendo por parte del Estado, de $ 250.000, pero dicen que que no es suficiente.

“Gracias a Dios mi tío nos ayuda con el apartamento y eso, porque nada se consigue con $ 250.000. Aquí los arriendos están costando $ 380.000 o $ 400.000. Ese dinero del Estado lo invertimos para cumplir otras necesidades”, manifestó Wilson.

Sebastián Córdoba Guerrero

Wilson y Sebastián acostumbran a salir de paseo los fines de semana.

Foto:

Cortesía familia Córdoba Guerrero

El joven, además, se muestra muy escéptico con la reconstrucción de su natal Mocoa. Espera más, pues quiere que su hermanito crezca en un buen lugar.

“Hasta ahora la reconstrucción va muy lenta. Todo parece como tranquilo, pero hay gente que perdió todo y en este momento no se han recuperado. Yo miró lo que prometieron los políticos y el Estado y no ha pasado nada”, concluyó Wilson.

NACIÓN

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