Inicio Colombia Los firmantes de la paz que tuvieron que huir de la guerra

Los firmantes de la paz que tuvieron que huir de la guerra

Para llegar al antiguo Espacio Territorial de Capacitación y Reincorporación (ETCR) ‘Román Ruiz’, ubicado en Mutatá, Urabá antioqueño, se debe caminar kilómetro y medio y cruzar una quebrada.

Allí se asentaron 93 personas, entre firmantes de paz y familiares, el 15 de julio del 2020. Y aunque ya pasó un año desde su traslado, aún carecen de acueducto en el sitio, una parte de la comunidad vive en cambuches hechos con plástico y la promesa de una carretera continúa aplazada.

“Nos sacaron de los territorios donde estuvimos históricamente. Nos sacaron en la paz, no en la guerra. La mayoría de la gente quería estar en Ituango”, afirma Marcos Urbano, vocero de Comunes en Antioquia y actual responsable político del Área Metropolitana.

La salida de Ituango se planteó luego de que 12 reincorporados fueran asesinados solo en este municipio del norte antioqueño. No obstante, más de 40 personas -11 firmantes y sus familias- decidieron permanecer en colectividad.

El ETCR lleva el nombre de Román Ruíz en honor a un jefe histórico de la extinta guerrilla de las Farc que comandó por más de 20 años el Frente 18, el cual tenía presencia en el Nudo de Paramillo, ubicado, precisamente, en Ituango.

Hoy, trasladado con figura política y esquema de seguridad oficial, este espacio conserva el nombre de quien alcanzó a liderar cerca de 250 combatientes y al menos 300 milicianos. Sin embargo, ahora el homenaje lo hacen a más de trescientos kilómetros de distancia del municipio que los unió.

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Un nuevo comienzo

Aunque se desplazaron con los proyectos productivos de gallinas ponedoras y ganadería, algunas personas tuvieron que abandonar lo construido durante más de tres años de reincorporación en la vereda Santa Lucía de Ituango.

“Había que saber qué se producía en el territorio, cuánto se demoraba, qué se daba exactamente en esta finca, qué se comercializaba… Tuvimos que empezar a capacitarnos, a conocer y sembrar”, relata Jhon Taborda, uno de los líderes del antiguo ETCR, sobre lo que vivieron al llegar al sitio.

A pesar de la apertura que tuvo la comunidad mutatense, Taborda señala que “siempre se hace muy difícil empezar de cero. Más aún cuando no se conoce a la gente, al territorio mismo, no hay relaciones de confianza, de amistad”.

Nos sacaron de los territorios donde estuvimos históricamente. Nos sacaron en la paz, no en la guerra.

Durante este año de permanencia en Mutatá han nacido iniciativas colectivas de siembra de maracuyá y cultivo de cacao, además de un proceso que se está adelantando para producir miel.

El espacio cuenta con poco más de 200 hectáreas y desde marzo de este año, el gobierno entregó las escrituras de los predios Becuarandó y El Porvenir -137 hectáreas- a los 63 excombatientes y sus familias.

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“El caso de Mutatá es emblemático y se ha convertido en un hito trascendental para la ruta de reincorporación en el país”, afirma Andrés Stapper Segrera, director General de la Agencia para la Reincorporación y la Normalización (ARN), a propósito de la entrega de los predios.

“Esta población de 123 personas en total, entre excombatientes y sus familias, llegó a mediados de 2020 desde el antiguo ETCR Santa Lucía, en el municipio de Ituango, después de un proceso de traslado concertado que contó con el apoyo de las autoridades nacionales y regionales. Y en menos de un año los avances han sido evidentes”, concluye Stapper Segrera.

Si bien fueron 93 personas las que se desplazaron, se han sumado otros firmantes de paz con sus familias: todas en la búsqueda de comenzar de nuevo, pese a las amenazas e inseguridad que vivieron tras la firma de los acuerdos de paz.

“La percepción de seguridad en el territorio nos hace sentir más optimistas en la medida que podemos desarrollar proyectos productivos, se puede garantizar su comercialización en los municipios aledaños y nos podemos apoyar”, relata Taborda, quien además cuenta que esto ha propiciado que las familias quieran radicarse y establecer sus proyectos de vida a mediano y largo plazo.

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No obstante, hay algunos aspectos en los que esperan soluciones, como lo relacionado con la falta de acueducto, la pronta construcción de viviendas dignas definitivas -pues las 63 soluciones habitacionales transitorias tienen solo 36 metros cuadrados- y una carretera que les permita ingresar los alimentos sin necesidad de cruzar la quebrada con “los bultos al hombro”.

Además, ha sido complejo el acceso a educación para alrededor de 50 niños y adolescentes que, aunque en su mayoría están matriculados en una escuela del corregimiento Caucheras, en el mismo municipio, las dificultades para salir e ingresar al territorio ha perjudicado sus procesos.

¿Y los que permanecen en Ituango?

En abril de este año las 11 familias que se quedaron en la vereda Santa Lucía de Ituango tuvieron que desplazarse hacia la vereda Pio X, Hacienda Las Mercedes, ubicada a tres kilómetros del casco urbano del municipio.

Lo anterior debido a la continuidad en las amenazas por parte de los grupos armados que tienen presencia en el territorio: las disidencias de los Frentes 36 y 18 de las Farc y el Clan del Golfo.

“Es un espacio que a futuro será propio. Se ha constituido una nueva organización social para el tema de reincorporación económica y social, ‘asoituanguino’, que fue constituida para recibir el predio en su momento”, explica Agustín Rivera, coordinador de reincorporación para el noroccidente de Antioquia y quien hace parte del consejo político de Comunes en el departamento.

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El caso de Mutatá es emblemático y se ha convertido en un hito trascendental para la ruta de reincorporación en el país.

Al no trasladarse con el antiguo ETCR hacia Mutatá, las familias tuvieron que conformar una Nueva Área de Reincorporación (NAR) en Ituango, la cual nombraron ‘Semillas de paz’ y con la que esperan adelantar apoyo gubernamental.

Además, según cuenta Rivera, las condiciones de seguridad han mejorado luego del desplazamiento de abril, pues la cercanía con el centro del municipio aumentó las garantías para las más de 40 personas que habitan el área.

A pesar de esto, “el no poder tener desde el principio un espacio para desarrollar un trabajo con su familia, un terreno para cultivar y hacer lo que nos gusta… Eso ha sido parte de lo complejo para las personas que se quedaron”, relata Rivera, quien reconoce la nueva zona como una oportunidad para la construcción de proyectos de vida de las familias que eligieron permanecer en el municipio.

El proyecto principal que están desarrollando en Ituango es de siembra de café, ya que ha sido tradición el trabajo con estas plantaciones en el territorio. Además, se proyecta una gran propuesta productiva de siembra de plátano.

“Se quedaron más que todo por arraigo familiar. Es que la mayoría de las personas que estaban en el frente eran de Ituango. Además, muchos de los que se quedaron ya no estaban en el espacio como tal sino en veredas con sus familias. En el municipio hay más de 50 firmantes de paz”, concluye el coordinador de reincorporación para el noroccidente de Antioquia.

LUISA MARÍA VALENCIA 
ESCUELA DE PERIODISMO MULTIMEDIA EL TIEMPO
MEDELLÍN

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