Inicio Colombia Reflexión sobre la historia violenta de Medellín a través del teatro

Reflexión sobre la historia violenta de Medellín a través del teatro

“No hay ninguna excusa para no asistir a teatro”. Ese es el lema de la corporación cultural Ziruma, ubicada en una casona del barrio Villa Hermosa (comuna 8). Y es tanto así que para las obras, que se presentan cada semana desde el jueves en la noche, los adultos deben pagar solo 10.000 pesos por la entrada. A los estudiantes, por su parte, se les cobra 5.000.

Y, si no tienen con qué pagar, se les ofrece un método de pago tan novedoso como arcaico: el trueque.

Juan Álvaro Romero, fundador y director de Ziruma cuenta, entre risas, una anécdota que refleja la vocación de la corporación. Una vez unos muchachos se acercaron con un racimo de plátanos verdes. Su idea era ver la función y pagar con ellos. En la entrada se los recibieron. Al final, cada uno entró donando un plátano.

“Estamos salados. Cada rato nos traen sal para ‘pagar’ la entrada. En algunas ocasiones nos han dado esponjillas, pastillas de chocolate. La idea es que todos entren, por eso creo que somos el teatro más barato de Medellín”, dice Romero.

No hay ninguna excusa para no asistir a teatro

Por este mes se está presentando una obra especial. Se trata de Tiempos de Guayacán, realizada en conjunto entre Ziruma (en donde se realiza) y la corporación escénica Dráconis. Luz María Rosero, directora de la obra, explica que Tiempos de Guayacán ganó la convocatoria ‘Estímulos para el Arte y la Cultura 2017’ en la línea “Medellín de los 70, 80 y 90”.

La idea, expresa la directora, es que por medio de una creación artística se reflejara y se pudiera reflexionar sobre la convulsa situación de violencia que vivió la ciudad durante esas décadas.

Para la creación de la obra, precisa la directora Luz María, se hizo un trabajo arduo con el Museo Casa de la Memoria.

Estamos salados. Cada rato nos traen sal para ‘pagar’ la entrada. En algunas ocasiones nos han dado esponjillas, pastillas de chocolate. La idea es que todos entren.

“Fuimos allá, nos encontramos con toda esa realidad tan dura que vivió la ciudad y el país. Entonces nos dimos cuenta de que teníamos un reto: ¿cómo poetizar la muerte, cómo poetizar lo que pasó en esos años?”, anota Rosero.

Fue allí, en el Museo, donde se dio la génesis de la obra. A la directora le mostraron un guayacán que había sido sembrado por un familiar de una víctima del atentado al avión de Avianca, perpetrado por el cartel de Medellín en 1989 y en el que fallecieron 110 personas.

Ese árbol, que florece con un vistoso color amarillo, le pareció a Luz María el símbolo de una ciudad que ha sufrido a causa de la violencia pero que ha sabido, con tenacidad, seguir adelante a pesar de todo.

Por eso la obra tomó el nombre Tiempos de Guayacán. Con el nombre definido, los niños que la iban a interpretar, que ahora son siete, se dieron a la tarea de recopilar las historias que sus familiares les contaron sobre esas infaustas décadas que vivió la ciudad.

Con toda esa información –las historias de los niños y lo recolectado en el Museo- fue el mismo Juan Álvaro, el director se Ziruma, quien se encargó de escribir la obra. “Lo que hicimos fue un trabajo investigativo. Recolectamos todo lo que teníamos y yo, que escribo con un énfasis social, me senté a darle vida a la obra”, rememora Juan Álvaro.

La solidaridad es esencial en la obra. También es muy interesante ver el diálogo entre estas dos generaciones

Pero la idea, dicen al unísono la directora y el escritor, era reflexionar sobre la Medellín de ese entonces; crear consciencia y, sobre todo, ayudar a perdonar y sanar las heridas causadas por la violencia.

Juan Álvaro reconoce que el trabajo con los niños de la obra no ha sido sencillo. En gran medida, piensa, las dificultades las han encontrado por la temática misma.
“No es lo mismo hacer Caperucita Roja, por decir algo, que trabajar este tema de violencia y de muerte con los pelados. Por eso creo que es muy valioso”, dice el escritor de la obra.

La directora, por su parte, explica que hay dos adultos mayores que también hacen parte de la dramatización. Ellos, dice, sí vivieron esas convulsas décadas y saben qué fue sufrir la violencia desmedida del narcoterrorismo.

En una escena, por ejemplo, los adultos y los niños se unen, en un ejemplo de genuina solidaridad, por salvar al guayacán, que está a punto de ser devorado por una tormenta.

Un crítico de teatro nos dijo que nunca había visto algo similar, le pareció espectacular lo que habíamos hecho. Por eso pienso que esta obra no debería perdérsela nadie

“La solidaridad es esencial en la obra. También es muy interesante ver el diálogo entre estas dos generaciones”, anota Juan Álvaro.
La obra, a la que en promedio han asistido unas 50 personas cada noche de presentación, seguirá en temporada todo el mes de marzo los jueves, viernes y sábados a las 8:00 pm.

La idea original era terminar este sábado, pero la directora y el dramaturgo estuvieron de acuerdo en que valía la pena extender las funciones para que la ciudad la pueda disfrutar. “Un crítico de teatro nos dijo que nunca había visto algo similar, le pareció espectacular lo que habíamos hecho. Por eso pienso que esta obra no debería perdérsela nadie”, sentencia Luz María.

Miguel Osorio Montoya
Para EL TIEMPO
MEDELLÍN