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Crítica de ‘Homecoming’: Julia Roberts protagoniza el thriller más inmersivo y hitchcockiano del año

El fenómeno que supuso el estreno de ‘Mr. Robot‘ ha ido menguando con el paso de las temporadas. Sin embargo, la mente creativa detrás de aquella excitante serie, Sam Esmail, se ha mantenido fiel a su estilo, definido por una estética un tanto incómoda y una intrigante y opresiva narrativa. Con el final de su primera gran obra ya encarrilado, Esmail ha centrado sus esfuerzos en ‘Homecoming‘, una ficción con la que ha querido ir más allá a la hora de desmenuzar la esencia del drama televisivo, para ensamblarlo después a su manera.

Heidi (Julia Roberts) y Walter (Stephan James) durante una de sus sesiones

Heidi (Julia Roberts) y Walter (Stephan James) durante una de sus sesiones

La batalla interna

La trama acontece en un centro de reintegración de jóvenes veteranos de guerra. Allí les preparan para su reencuentro con la sociedad que les vio marchar a la guerra, después de haber quedado marcados de forma irreversible por los horrores del conflicto bélico. No obstante, la institución no es una entidad caritativa, ya que es una iniciativa privada que busca sacar algún provecho de los traumatizados soldados. La cara visible de la compañía es Heidi (Julia Roberts), que se reúne periódicamente con los internos para evaluar su progreso y tratar de sacar a flote los recuerdos enquistados y empañados por la arena del campo de batalla.

La lograda ambientación de ese centro de “bienvenida” es vital para sumergir al espectador en su atmósfera, que combina elementos de terror, thriller y drama. Una suerte de “Johnny cogió su fusil” versionada libremente por el Paul Thomas Anderson de “El hilo invisible, ya que Esmail plasma un relato de fondo antibelicista en un entorno que combina lo hostil con lo acogedor de forma tenebrosa. Y no solo eso, ya que la reflexión sobre la futilidad de la guerra no es la única que se extrae de la serie. Los guionistas Micah Bloomberg y Eli Horowitz exploran también el impune abuso de las grandes corporaciones a miembros vulnerables de la sociedad, entre los que no solo se encuentran los exmilitares, sino la propia Heidi.

Heidi descubre un secreto de su pasado

Heidi descubre un secreto de su pasado

Evolución estilística

Como es habitual en la obra de Esmail, ese interesante fondo narrativo queda envuelto en una forma que poco tiene que ver con lo que estamos acostumbrados a ver en el panorama televisivo. El rasgo más evidente es el uso de diversos formatos según la época temporal mostrada: el pasado es analizado en horizontal, mientras que el presente se concentra en un rectángulo vertical. Por lo tanto, los continuos saltos entre la investigación que acontece en el tiempo presente, encabezada por Shea Whigham, y los hechos acontecidos en el centro se asimilan de forma orgánica e instantánea. De la misma manera que cuando al leer un cómic nos encontramos con un marco negro y sabemos que nos hemos trasladado al pasado, sin necesidad de añadir relleno que ligue ambos tiempos.

Porque en ‘Homecoming’ el tiempo es vital. La principal sorpresa con la que se topa uno al introducirse en la serie es la duración de sus episodios, de tan solo media hora, rompiendo así el estándar actual de 50 minutos para acercarse más al de las comedias. A pesar de esa reducción, no se intuye una falta de contenido, ya que los acontecimientos tienen espacio para desplegarse y los personajes para desarrollar sus conflictos. Y es que el gran mérito de Esmail como director es su habilidad para expresar los elementos esenciales de forma certera, aunque a veces se recree en la elaboración formal. El realizador compone una estructura temporal francamente inmersiva, plagada de sus tics estilísticos, a los que ya nos acostumbramos con ‘Mr. Robot’.

Sin embargo, sorprende ver cómo Esmail se esfuerza en ‘Homecoming’ por remarcarle al público su papel como espectador. Con los frecuentes y breves planos cenitales que nos sitúan en una posición privilegiada y algo incómoda, el director subraya nuestro rol como testigos de la historia, para después volver a engatusarnos con una planificación que deconstruye el espacio de la acción. Esto sucede sobre todo en el centro de reintegración, aunque las virguerías realizadas con la cámara, más propias de la filmografía de Alfred Hitchcock que del entorno televisivo, son una constante a lo largo de la serie.

El actor Bobby Cannavale junto a Sam Esmail durante el rodaje

El actor Bobby Cannavale junto a Sam Esmail durante el rodaje

Una pieza más

Más allá del atractivo estilo visual de Esmail y la intrigante narrativa, el principal reclamo comercial de ‘Homecoming’ es la participación de Julia Roberts. La estrella cinematográfica salta a la pequeña pantalla con un papel que no ha sido diseñado para su lucimiento exclusivo, ya que se integra en una historia mucho más amplia que ella misma. De hecho, a la serie le beneficia que Roberts no siempre este en el campo de visión de la cámara, como habría cabido esperar al tratarse de una actriz con un atractivo tan masivo, porque permite descubrir los rincones oscuros de una historia que destaca por su arriesgada y rompedora puesta en escena.

En definitiva, ‘Homecoming’ es un thriller que bebe de los clásicos del género para dar forma a una experiencia única en televisión. A lo largo de los cuatro episodios a los que hemos tenido acceso, Esmail consigue algo cada vez más insólito, que no apartemos la mirada de la pantalla.