El niño que trolea a su edad en un castillo hinchable

Cuando una familia decide montar a un niño en un castillo hinchable espera una determinada actitud desmedida por su parte. Éxtasis, emoción y muchos golpes rebotados podría ser la evolución de los hechos. Pero, ¿qué ocurre cuando tu sobrino decide trolearte y actuar como si de un adulto se tratase? ¿Qué estará pensando el niño de este vídeo ante la mirada del foco de la cámara?

“Nunca seré tan guay como mi sobrino de dos años en un castillo hinchable”. Así se titula este vídeo que en sólo dos días ha superado las dos millones de visualizaciones y los 45.000 me gusta. Y es que, lo que para algunos comentarios es una clara muestra de lo que será un “futuro político”, para otros es un síntoma de una madurez desmedida representada en un cuerpo de temprana edad.

“Nunca seré tan guay como mi sobrino de dos años en un castillo hinchable”

En cualquier caso, todos coinciden con un mismo fin: este pequeño no es el alma de la fiesta. O no pretende serlo. Su profunda mirada hacia la cámara en posición rígida y vertical han entender una desafiante actitud hacia quien le está grabando. Es como si no quisiera estar ahí, como si no desease actuar como el resto espera que lo haga. Y, como puede verse, no da su brazo a torcer.

Los poco menos de 20 segundos que dura el vídeo se puede observar cómo este niño salta en el castillo hinchable sin perder el control sobre su cuerpo ni mostrar cualquier facción de felicidad en su rostro. Tal vez lleve el cabreo del siglo y esta sea su forma de representar que, aunque concediéndole el ‘regalo’ de saltar sobre una plataforma inestable, no va a cambiar de opinión. O tal vez no.

El pequeño actúa sin perder el control sobre su cuerpo ni mostrar cualquier facción de felicidad en su rostro

Quizás este pequeño con manos en los bolsillos y rostro serio esté viviendo el momento más divertido de su vida. Pero su capacidad para disuadir cualquier rasgo de felicidad prima sobre el interior. Esa estabilidad, ese arte sobre el escenario, esa facilidad para esquivar todo tipo de perturbación procedente de la caída de un niño cercano, así certifican su seguridad sobre la situación.

Tal vez su tía no consiguiese que éste diese vueltas de campana como sí pudieron haber hecho el resto de niños ubicados a su alrededor, pero, a cambio, puede certificar que su sobrino es diferente y que ella, tal como asegura en el título del vídeo, nunca será tan guay como él. Y puede que nadie en el mundo se le asemeje.

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