John Cleese, un humor de mucha altura

Sus casi dos metros de altura podrían haberlo convertido en un as del baloncesto, pero aunque probó el cricket y el boxeo, John Cleese es y ha sido un gigante del humor. También del humor gigante porque es un embajador del sarcasmo inglés, seco, punzante y crítico. Nada que ver con las gracietas de humor blanco y barato. Cleese, a sus 78 años, está paseando un espectáculo propio con su colega Eric Idle por EE.UU., a pesar de que, poco después de la elección de Donald Trump, escribió una carta dirigida a los ciudadanos norteamericanos por la que les retiraba la independencia de la corona británica y les notificaba que Theresa May nombraría a un ministro para la excolonia.

Nacido en 1939 en Weston-super-Mare, en el condado inglés de Somerset, es hijo único. Su padre, agente de seguros, cuando ingresó en el ejército durante la Primera Guerra Mundial cambió el apellido original familiar Cheese (queso) por Cleese. Sabia premonición para no convertir la futura profesión del hijo en algo evidente. El humor nunca puede parecer premonitorio. El pequeño Cleese fue a la escuela primaria de Saint Peter. A los trece años recibió un premio en el Clifton College de Bristol. Entonces ya era una criatura de 1,83 metros de altura. Su primera broma consistió en pintar unas huellas en el suelo para sugerir que la estatua de un mariscal del patio había bajado del pedestal para ir al baño.

Fue alumno de la Universidad de Cambrigde para estudiar Derecho. Allí ingresó en la Cambrigde Footlights Revue, un club de comediantes en el que se formó como actor y humorista. Para pertenecer al grupo le preguntaron si podía cantar o bailar y dijo que no porque en la escuela le habían dicho que era muy malo, pero que sabía hacer reír a la gente. La compañía universitaria, rebautizada como Cambrigde Circus, triunfó en el West End de Londres y realizó giras por Nueva Zelanda y Broadway. Se quedó en Nueva York una temporada donde conoció a la actriz Connie Booth. Se casaron en 1968. Después tuvo tres bodas más: con Barbara Trentham, en 1981, con Alyce Faye Eichelberger, en 1992, cuyo divorcio le ha costado más de quince millones de euros, y con Jennifer Wade, su actual mujer, con quien contrajo matrimonio en el 2012.

Guionista de la BBC, protagonista de programas de radio y televisión, su esbelta figura ofrecía un contraste cómico frente a actores bajitos. La época dorada de Cleese fue también la del grupo Monty Phyton, de 1969 a 1974. El humor surrealista y desenfrenado junto a Terry Gilliam, Graham Chapman, Eric Idle, Michael Palin y Terry Jones ha creado escuela. No se trataba en absoluto de un trabajo improvisado sino de un método basado en el desorden donde lo único que prevalecía era si una situación resultaba divertida o no. Cleese abandonó el grupo en el tercer año pero regresó para participar en los guiones y la interpretación de sus celebradas películas Los caballeros de la mesa cuadrada, El sentido de la vida y La vida de Brian.

El actor opina que este filme hoy en día sería inconcebible. Del mismo modo tiene claro que la comedia es un género incompatible con lo políticamente correcto, ya que ejercer la crítica y proteger al mismo tiempo los sentimientos de cada uno no es propio de una sociedad libre. El humor, piensa, siempre necesita alguna víctima. Este fue el caso del camarero de la serie Fawlty Towers, interpretado por el recién fallecido Andrew Sachs, que en Es­paña era presentado como mexicano pero que originalmente era un inmigrante de Barcelona. Cleese también es recordado por su papel en Un pez llamado Wanda, por algunas apariciones en películas de James Bond y de Harry Potter, además de prestar su voz en una cinta de Shrek.

Monty Python reapareció en una función única en el 2014 por la que se agotaron las localidades en menos de un minuto. Cleese a su vez recibió el pasado otoño un homenaje en el Festival Ja de Literatura y Arte con Humor, de Bilbao. Es votante del Partido Liberal del Reino Unido y el año pasado se manifestó a favor del Brexit. En la carta dirigida a los norteamericanos, el actor establece que ya no existirá un “inglés de EE.UU.” sino sólo el británico por lo que se ajustará el corrector de Microsoft, que dejará de jugarse el fútbol americano, porque “sólo hay un tipo de fútbol”, que no se les permitirá poseer armas, “sólo un pelador de verduras”, que deberán aprender a resolver los problemas personales sin abogados o terapeutas porque, si no, es imposible ser independiente de adulto, y que pronto el Gobierno de Su Majestad velará por el reintegro de todos los impuestos con carácter retroactivo desde el 1776. Humor fino y acerado.

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