Periodistas honrados contra Trump

Inevitablemente, me acordé de la “perla” de Donald Trump sobre los periodistas, a quienes nos ha calificado como los seres más deshonestos del mundo. Si nos atenemos a las palabras del nuevo presidente de Estados Unidos, los periodistas al menos somos los primeros en algo, porque desde luego no lo somos por salarios, empleo de calidad, ni en tener un horizonte profesional claro, pues cunde crecientemente el desasosiego entre mis colegas, al comprobar la crisis de los medios de comunicación y la incidencia de las nuevas tecnologías.

La zozobra de nuestro trabajo se acelera conforme pasan los días, al hilo de la revolución permanente que suponen las nuevas tecnologías. Los medios de comunicación escritos siguen en picado respecto a sus ventas, ya que desde hace años internet permite leer la prensa sin pagar, leer varios periódicos para contrastar. Las redes sociales son, en cierto sentido, un nuevo periodismo, y hasta se llega a afirmar que en la actual sociedad cada ciudadano es o puede ser periodista.

Son retos de una gran fuerza, pero opino que los medios de comunicación han estado y estarán siempre al lado de la innovación, y el periodismo abre y abrirá otras perspectivas, pues nos jugamos la subsistencia profesional, y la sociedad sigue necesitando un periodismo actual, de calidad, renovado. Crecen las alarmas, la gente ya no lee el periódico de papel en el metro o en el tren, y muchos tampoco lo adquieren para su hogar.

Por si el menosprecio hacia los periodistas y los medios de comunicación fuera poco – que no lo es -, se ha destacado que, en las elecciones norteamericanos que ha ganado Trump, los grandes medios de comunicación de Estados Unidos apostaban por Hillary Clinton, y los europeos también.

No parecía posible que Trump fuera a ganar, con sus ataques a las mujeres, la inmigración, o las minorías, y por supuesto a los periodistas. Y ha ganado, por lo que un colega me comentaba que es una prueba irrefutable de que los medios de comunicación no “pintan” nada, salvo para el mero entretenimiento, que ni influyen ni reflejan la realidad social o política: discrepo, pero desde luego si algo caracteriza a nuestra profesión es la permanente autocrítica.

Se suele decir de los políticos que no pueden ser, a la vez, políticos, honrados e inteligentes, sino como mucho pueden tener dos de esas tres cualidades: si un político es honrado, no puede ser inteligente; si es inteligente, no puede ser honrado; y si alguien es honrado e inteligente, no puede sr político.

Podríamos seguir con esa ironía – hay políticos honrados -, y aplicarlo a los periodistas, pero afirmo que se puede ser periodista, honrado e inteligente: yo los conozco, y son más de lo que Trump imagina, y no creo que los colegas de Estados Unidos sean muy distintos a los españoles.

También conozco y he conocido en mi trayectoria profesional periodistas poco honrados, o muy poco, pero no me atrevo a decir que en mayor o menor cuantía que entre los funcionarios, los constructores, los banqueros, los arquitectos o los albañiles. Nos basta a todos con el conocimiento de las personas, la denuncia ciudadana o incluso judicial, pero lejos de mí estigmatizar ninguna profesión.

Nos acecha cada día la tentación de la desinformación – no ser objetivos -, el sensacionalismo, e incluso la calumnia o difamación. Salarios deleznables. Sufrimos presiones. Cometemos ligerezas. La prisa nos persigue, llamándola “actualidad”, y es campo abonado para la imprecisión. Jornadas de trabajo alargadas, de tal modo que la familia se resiente, y no son pocos los que han abandonado el periodismo porque no podían cuidar la familia. Aumentan los despidos, se rebajan salarios.

La honradez se conquista cada día, no es algo con lo que se nace, ni se da sin esfuerzo en ninguna profesión, tampoco en la periodística. Se puede preguntar a abogados, tenderos, camareros, dentistas, por no mencionar a los deportistas, especialmente los que tienen unos ingresos desorbitados.

Pese a todo, conozco admirables colegas, sacrificados, excelentes profesionales y honrados. ¿Lo es o será Trump? No empieza bien: la descalificación sistemática y generalizada no es justa, no es moral.

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