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Salvador Sobral recula sobre la ‘música fast-food’ pero tilda Eurovisión de su ‘prostitución’

Acababa de ganar el Eurovisión 2017 en Kiev cuando Salvador Sobral aprovechó su discurso para denunciar que vivimos en un mundo de música “fast-food”, asemejando las canciones actuales a la comida rápida, también denominada comida basura. La suya, no obstante, era la excepción entre la norma, un mirlo blanco entre la muchedumbre sonora que descendía de los cielos para inaugurar una era de “música de verdad“. Muchos dirían, desde ese momento, que Salvador Sobral había salvado Eurovisión con “Amar pelos dois”.

No eran pocos los que reaccionaban con estupor ante semejante afirmación. Su compañero Robin Bengtsson, representante de Suecia, le espetaba que su discurso había estado “por debajo del nivel de un verdadero ganador“. Sobral se reafirmaba un año después y, en una entrevista en Portugal, definía como “horrible” la canción de Netta. Eleni Foureira contraatacaba en una entrevista para FormulaTV y le recordaba que “los artistas de verdad respetan todo tipo de música”.

Salvador Sobral en la entrevista al programa 'Skavlan'

Salvador Sobral en la entrevista al programa ‘Skavlan’

Parece que las palabras de unos y otros han hecho recapacitar al luso, que en una entrevista para el programa escandinavo ‘Skavlan’ reconocía que se excedió cuando alzó el micrófono de cristal. “Creo que fui muy fundamentalista, quizás muy extremo“, admitía, y compartía la reflexión que le llevó a pronunciar semejantes palabras: “Mi opinión es que Eurovisión no va de música, sino de espectáculo. Es un espectáculo para que la gente disfrute de la nueva tecnología y los nuevos sonidos”.

En efecto, Sobral acertaba con su argumentación, dado que uno de los respetables propósitos de la fundación del Festival de Eurovisión en 1956 fue el de poner en marcha las últimas tecnologías de emisión en directo. Sin embargo, y pese a ganarlo y que le haya servido, entre otras cosas, para ser entrevistado por un programa al otro lado de Europa como ‘Skavlan’, el artista sigue sin comulgar con el certamen. “Vienes del jazz”, introducía el presentador. “Y sigo ahí”, interrumpía el portugués. “Pero tomaste un desvío a Eurovisión”, proseguía. “Fue mi prostitución“, afirmaba tajantemente Salvador, dejando entrever así que había sacrificado muchos de sus valores para formar parte de la competición.

“De principio a fin estuve un poco al margen de todo”

Desde el principio, Eurovisión supuso un proyecto que no interesó a Sobral, empezando por la promoción europea. “No podía ir a las preparty, pero tampoco quería. Las hacen en discotecas, que no me gustan demasiado”, explicaba en la entrevista. “Es un mundo con muchas cosas con las que no me identifico, de principio a fin estuve un poco al margen de todo”, añadía.

“No es que esté en contra, es que no me identifico con este mundo”, aclaraba. Recordemos que, por aquel entonces, todavía no había recibido el transplante de corazón y su salud era muy delicada. Su cuerpo retenía 25 litros de líquido, algo que intentaba disimular con prendas anchas, y hasta subir los escalones del escenario de Kiev le cansaba. Ahora, no obstante, abre una nueva etapa de renacer, tal y como él mismo define. Corre, juega al fútbol y prepara un disco, en el que incluirá varias canciones que hablarán del momento más duro de su vida.