Santiago González alaba a Albert Rivera: "Por fin consigue que sus escaños sirvan para algo"

Cascada de elogios en las columnas de la prensa de papel este 20 de julio de 2016 al líder de Ciudadanos, Albert Rivera, tras su apoyo al PP para que Ana Pastor se haya convertido en presidenta del Congreso de los Diputados. No obstante, hay quien se pregunta si la abstención-apoyo de diez diputados catalanes no tendrá una contraprestación posterior. Económica se entiende, claro.

Santiago González, en El Mundo, subraya que por fin Albert Rivera parece haber entrado por el aro, no sólo por la elección de Ana Pastor como presidenta del Congreso de los Diputados, sino porque también ha servido para que Ciudadanos tenga dos puestos en la Mesa de la Cámara Baja:

La XII Legislatura ha arrancado con aire de normalidad, salvo las camisetas de Cañamero y Compromís y los desparrames literarios de la fórmula de promesa o juramento de la Constitución adoptada por los nuevos, que ya no lo son tanto. Ayer dejaron en casa al bebé Bescansa y Pablo Iglesias debería haber llevado a cambio a su perra Lola, que en realidad era de Tania, pero digo yo que compartirán la patria potestad. La perra habría sido un gran reclamo para los votos animalistas y tema para un interesante debate nacional. A ver si no van a tener derecho las mascotas a entrar en el Congreso.

La elección de Ana Pastor como presidenta del Congreso es la operación más sensata que uno le recuerde a Albert Rivera en los últimos meses. Por fin consigue que sus escaños sirvan para algo: al apoyar a la candidata popular consigue colocar a dos de los suyos en la Mesa del Congreso, donde en puridad de reparto no le habría correspondido ninguno. Así es la negociación en política, un do ut des.

Destaca que:

Por otra parte, Pastor era una excelente candidata, sobre todo teniendo en cuenta la alternativa. A los socialistas les habría parecido mejor Patxi López, especialmente por su formación jurídica, pero en estas cuestiones nadie se puede librar de cierto subjetivismo: también les parece que el mejor presidente de la democracia ha sido Zapatero y que el mejor gobernante republicano fue la acémila de Largo Caballero, que no respondía ni a su primer apellido ni al segundo.

Atrás quedó el argumento de socialistas y Ciudadanos sobre la necesidad de que la Presidencia de la Cámara no recaiga en el mismo partido que la Presidencia del Gobierno. No pondría uno reparos a subrayar la separación de poderes, ah, Montesquieu, ah, la Ley del Poder Judicial. Lo que pasa es que nunca hemos practicado esa costumbre. Adolfo Suárez llegó a la jefatura del Gobierno con un presidente de las Cortes que hizo posible la Transición e inspiró al Rey su nombre: Torcuato Fernández-Miranda. Después de las elecciones constituyentes, puso a sus propios Fernando Álvarez de Miranda y Landelino Lavilla. Felipe González puso a dos: Peces Barba y Félix Pons. Aznar, a otros dos: Federico Trillo y Luisa F. Rudi; Zapatero, a Manuel Marín y José Bono; y Rajoy, a Jesús Posada. Manda huevos que tuviéramos que llegar cuarenta años después a un momento en que Rivera y Sánchez plantearan la necesidad de que el Congreso lo presida un partido distinto que el de Gobierno, sin añadir: hasta ahora todo mal y sin que Pedro Sánchez prometiera que, en caso de ser investido, López dimitiría para dejar la Presidencia del Congreso al candidato del PP, que sería la oposición.

Y sentencia a los podemitas:

Iglesias propuso al independentista besucón, qué más adecuado para presidir el templo de la soberanía nacional. Del Bosque también es partidario de que Guardiola lo sustituya como seleccionador: a ver por qué no va a ser un catalán. No es por catalán, sino por independentista, marqués. Ahora que se lleva mucho esto, quizá convenga externalizar la condición de españoles; encargársela a los suecos, un suponer. O a los alemanes.

Federico Jiménez Losantos alaba ese acuerdo entre PP y Ciudadanos para que Pastor presida la Mesa del Congreso, pero le preocupa la abstención de los diputados del partido de Artur Mas y que pueda llevar como contraposición que Rivera y Rajoy no luchen con todas sus fuerzas contra el separatismo:

La elección de Ana Pastor como presidenta del Congreso es un gran paso en la buena dirección. España necesita un Gobierno y un Parlamento que acometan las grandes reformas para reanimar o revivir la Democracia y esa tarea precisa de las tres grandes fuerzas políticas constitucionales: PP, PSOE y Ciudadanos. Por el resultado de las últimas elecciones, lo normal es que se forme un Gobierno PP-C’s con asistencia del PSOE para las reformas que, forzosamente, necesitan el apoyo de 2/3 del Congreso.

Precisa que:

De momento, lo que se perfila es un Gobierno de Rajoy en minoría ínfima -137 escaños- para el que la Presidencia de las Cortes, con mayoría PP-C’s, no sería el clásico Ministerio de relaciones con las Cortes sino una vicepresidencia política. La lógica de los hechos debería llevar a una colaboración cada vez máyor de PP y C’s en la elaboración de las leyes y, como dirían sus enemigos, en Madrid Rivera es mucho más duro que en Sevilla, así que el Gobierno del PP sólo funcionará asumiendo el programa reformista de C’s. Pastor es el primer caso de descarte de personajes otrora imprescindibles para Rajoy que C’s considera incompatibles con la higiene política: Fernandez Díaz, Cospedal, Margallo, Villalobos… Como Rajoy no quiere a nadie, hará un Gobierno con gente que podría estar en el partido de Rivera o, al menos, trabajar con él. Le conviene a Rajoy y es la única forma de hacer el sudoku.

Sin embargo, junto al gran paso en el camino del cambio necesario, ayer se produjo en el Congreso un tropezón inquietante: los diez votos para el bloque PP-C’s provenientes del Partit Trescentista Catalá y los jeltzales aranistas. ¿Es sólo el pago a un grupo parlamentario para el trescentisme o la retribución de la escandalosa prevarigalupación de la Fiscalía con Mas, al que quiere perdonar la malversación de fondos del referéndum golpista -que acarrea cárcel- con el peregrino argumento de que se contrató a los proveedores de urnas y demás antes de la prohibición del Constitucional? Si Mas contratase que apalearan a Rivera, a Inés Arrimadas o a Girauta, ¿dejaría de ser delito porque se había comprometido a pagar a los sicarios? Pues eso es lo que defienden los horrachs de Catalá.

Y asegura que:

El primer enemigo de España es el separatismo catalán. Si el preacuerdo PP-Ciudadanos no sirve para combatirlo en serio, no servirá para nada.

En ABC, José María Carrascal subraya el paso hacia adelante dado por Mariano Rajoy y considera que esta era la ocasión ideal para hacerlo. Entiende que los resultados del 20 de diciembre de 2015 no le daban ocasión de cruzar el Rubicón y que haberlo pospuesto en esta oportunidad, la del 26 de junio de 2016, hubiese sido perder una oportunidad de oro, más que nada por lo fragmentada que ha quedado la oposición:

Se han dado dos pasos importantes para desbloquear la situación que desde hace siete meses agarrota la política española. De entrada, se ha alcanzado un acuerdo para formar la Mesa del Congreso, su presidencia incluida, con lo que empieza la XII Legislatura. Más importante todavía, Rajoy ha anunciado que está dispuesto a gobernar con sólo los 137 escaños que lidera.

Lo primero se consiguió con un gambito telefónico. Con todos proponiendo su candidato a la presidencia de la Cámara, Rajoy jugó los cuatro puestos que le correspondían en la Mesa con Rivera, al que no le correspondía ninguno, ofreciéndole dos sillas. Le propuso luego como presidente a Jorge Fernández, quemado en el Ministerio del Interior, sabiendo que iba a ser rechazado. Luego, a María Dolores de Cospedal, que como secretaria general del PP tampoco goza de las simpatías de la oposición. Para ofrecer por último a Ana Pastor, la ministra más dialogante, buena gestora e inmaculada del Gobierno, que permitía a Rivera decir sí sin perder demasiado la cara. La maquinaria legislativa se ponía en marcha, dando paso a la gubernamental.

Ahí no basta la estrategia. Se necesita también arrojo, valentía. Algo que nadie atribuía a Rajoy, aunque algún lector de buena memoria recordará que en la Tercera del pasado jueves apuntábamos esa salida: la de gobernar, si no había otro remedio, con sólo 137 diputados. Es lo que ha anunciado, desbaratando todas las previsiones y profecías. En la vida de todo político llega un momento en que hay que cruzar un Rubicón y éste era el de Mariano Rajoy. Haberlo hecho antes hubiera sido prematuro. Dejarlo para luego, demasiado tarde. Es ahora, cuando el electorado está harto de políticos que sólo piensan en los sillones, de encuestas manipuladas y de expertos que siempre se equivocan. Rajoy cree que la puesta en marcha del Congreso provocará un arrastre que le dé la oportunidad de ser elegido, por la sencilla razón de que la alternativa son unas nuevas elecciones. Algo que nadie quiere.

Y se cuestiona:

Pero ¿podrá gobernar en la más estricta soledad? Él cree que sí, pues en otro caso, un hombre precavido con él no lo hubiera hecho. Y lo cree por tres razones: la primera, porque ve a la oposición fragmentada como nunca, incapaz por tanto de crear una alternativa de gobierno. Segundo, porque Ciudadanos parece haber reconocido que su papel no es ocupar el centro-derecha, sino ser el ala liberal del mismo, ayudándole a renovarse y poner en prácticas las reformas que el país necesita. Por último, porque con España creciendo un 3,3 por ciento, el paro descendiendo, las exportaciones creciendo, un problemaza territorial y una durísima negociación con Bruselas por delante, quien se atreva a boicotearle se da un tiro no en el pie, sino en la sien. Aunque Iglesias sigue tentando a Sánchez con una candidatura de izquierdas y los nacionalistas al PP con sus votos. ¿Que va a ser una legislatura sobre el alambre, como les decía en esa Tercera? Seguro. ¿Que la alternativa es infinitamente peor? Más seguro todavía. Abróchense los cinturones de seguridad.

Ignacio Camacho afirma con rotundidad que Ana Pastor es la presidenta del Congreso porque Mariano Rajoy entiende que es su réplica en femenino, la misma imagen y mentalidad:

El marianismo existe como tendencia política, compuesta por los partidarios de Rajoy y su círculo de confianza, pero como estilo es intransferible. Los marianistas son pretorianos del presidente, gente adepta que hace carrera alrededor de su particular forma de liderazgo. Algunos son sus amigos personales y otros se limitan a formar parte de su equipo más estrecho y leal. Comprenden al jefe -más o menos-, lo obedecen y asumen sus objetivos. Lo que no hay en ellos es una identidad de talante con su líder; carecen de su cachaza, de su paciencia acolchada, y hasta a menudo se desesperan ante ese inmovilismo conservador y cauteloso que constituye la impronta de la personalidad rajoyana. Más allá del propio Mariano, el marianismo es sólo una vocación de incondicionalidad, una afiliación gregaria. Como carácter carece de réplicas. Con una excepción. Se llama Ana Pastor Julián, no es gallega aunque lo parece y desde ayer ejerce como presidenta del Congreso de los Diputados.

Apunta que:

Para lo bueno y lo malo, Pastor representa la quintaesencia marianista. Un molde en femenino de los rasgos de Rajoy, una prolongación de su idiosincrasia. Con frecuencia incluso se expresa del mismo modo que él, con similar tono, con exacta inflexión, con idénticas palabras. Hablan igual porque piensan y sienten igual, porque comparten una semejante filosofía de la política y de la vida: opaca, pragmática, austera, alérgica a la estridencia, presidida por un culto casi sagrado a la eficacia. Más que moderados son prudentes, reservados, circunspectos: la antítesis de la política-espectáculo. Ambos tienen un sentido reverencial del Estado fruto de su análoga mentalidad de funcionarios. Sonríen lo justo y se entienden desde una visión común del mundo regida por las pautas rutinarias y convencionales -el célebre «sentido común»- de una cierta burguesía provinciana.

Rajoy la ha designado porque no puede desdoblarse para presidir la Cámara. Será su longa manus en una legislatura muy complicada. Fanática del rigor, operativa, enérgica y rápida, muy rápida: quizá sea ésa la principal diferencia visible con su parsimonioso mentor, acostumbrado a agotar los tiempos más que a manejarlos. De formas dialogantes, aunque muy acostumbrada a mandar, Pastor atesora además una cualidad imprescindible en una época de fundados recelos antipolíticos: lleva dos décadas en la vida pública y nadie ha podido encontrar en su hoja de servicios una mácula. Dentro de la órbita más próxima al presidente, es la figura menos expuesta, la menos quemada.

Y dice que Pastor perfectamente podría haber sido vicepresidenta del Gobierno:

Pastor estaba llamada al ascenso, por eficiencia y por fidelidad. Da perfil idóneo para vicepresidenta -discreción, diligencia y atosigante capacidad de trabajo- y su nombre circulaba incluso como tapado en las quinielas sucesorias. Pero el posmarianismo puede esperar y el marianismo aún necesita arrancar de sus leales las últimas energías de supervivencia.

En La Razón, Julián Cabrera insinúa que las posturas antaño cerradas de Ciudadanos y PSOE son cada vez más abiertas y no descarta que al final, en la primera semana de agosto de 2016 haya Gobierno en España del PP:

En el Grupo Popular había más que suficientes «liebres» para lanzar al descarte antes de plantear a los negociadores de Ciudadanos el nombre clave, Ana Pastor, que sí tuvo el beneplácito del partido de Rivera, y presidirá el Congreso. Jugada redonda para un Mariano Rajoy que podrá permanecer en La Moncloa con la tranquilidad de su «alter ego» ideal nada menos que como máximo árbitro del Poder Legislativo. Pero lo vivido en las Cortes tiene más recorrido. El acuerdo entre Ciudadanos y PP no se queda en la carrera de San Jerónimo. Subyace la recomposición lenta y discreta del entendimiento entre Rajoy y Rivera, proporcional a la oxidación de los hasta antes de ayer sólidos puentes del líder de Ciudadanos con el socialista Pedro Sánchez. La gran cuestión ahora es saber hasta dónde habrá que llegar y durante cuánto tiempo para concretar algo tan de pura lógica como el «sí» de Ciudadanos a una investidura de Rajoy, un «sí» que en la actual tesitura le supondría al partido de Rivera de todo menos bajar sus expectativas ante una opinión pública y un electorado que siempre entenderá que hacer oposición constructiva no está reñido con poder brindarnos un gobierno.

Recuerda que:

La composición de la Mesa y la elección de Ana Pastor como presidenta del Congreso sustituyendo a un Patxi López, que quedará como el más efímero en el cargo para nuestra historia reciente, supone toda una referencia para lo que viviremos en los próximos días. Ana Pastor, que lo ha sido prácticamente todo en política desde sus primeros pasos en la delegación pontevedresa de la Consellería de Sanidad, encarna en su figura -y lo comprobaremos a la hora de ver los nombres y apellidos del próximo gobierno- todo un aviso a navegantes por si a alguien le cabe alguna duda de que la renovación, no tanto en nuevos perfiles como en distintos talantes, va a recorrer de lado a lado el ecuador y los meridianos del Ejecutivo que debe salir en próximas fechas, a ser posible preparado para afrontar el primer gran Rubicón de los Presupuestos Generales.

Y concluye:

La patata que se han venido pasando Sánchez y Rivera está cada día menos caliente. No es casual que el primer secretario socialista haya insistido en que el debate de investidura debería arrancar el 2 de agosto, al mismo tiempo que recuerda el «no» acordado en principio por el PSOE; con ese recordatorio, es él quien le devuelve la presión a un Rivera de momento sólo instalado en la vía de la abstención: si no te retratas con un «sí» que sume 170 incontestables apoyos, yo seguiré instalado en el «no». Otra vez el tacticismo, aunque ahora mucho menos defendible. La próxima semana será clave, sobre todo en torno a los contactos del Rey con los partidos. Tal vez por ello sería bueno que esta vez no se vuelva a caer en la tentación desde ámbitos muy concretos de involucrarle en lodazales que nada tienen que ver con el muy claro y definido papel de la Jefatura del Estado.

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