3º de idiotés

YA saben ustedes, queridos alumnos, que han elegido el estudio del Idiotés como contenido curricular troncal, que nuestra lengua es un dialecto cada vez más hablado en España, derivado de un lado del Politiqués y del otro del Tertulianés, de los que toma muchas de sus voces, que cada vez tienen mayor uso y éxito pues, como bien conocen, en nuestra Patria el número de gilipollas que quieren pasar por cultos se multiplica exponencialmente. Gracias a las lecciones anteriores, me comprenderán perfectamente si les digo que en estas clases se trata de verbalizar los nuevos modos de la significatividad expresional de la ciudadanía, reportando contenidos para los eventos de la visualización de la problemática.

Calendaricemos curricularmente, pues, y viabilicemos la sostenibilidad del empoderamiento. Empoderamiento transversal, nunca se olviden de esto. Hay que posicionarse en la verbalización para viabilizar que todo empoderamiento sea transversal; si no es transversal, ni es empoderamiento ni es ná. Y mucho menos vale si no produce empatía, por la gloria de mi tía. Teniendo además en cuenta que nunca se debe descontextualizar lo que nos verbaliza nuestro interlocutor. Interlocutor válido, obviamente. En estas clases de Idiotés les recomendamos siempre que no hablen con desconocidos y mucho menos verbalicen con un interlocutor si no es válido: mírenle la fecha de caducidad, como a los yogures. Exíjale incluso, si se trata de cerrar un negocio o firmar un pacto político, el carné oficial de Interlocutor Válido, o en su defecto, el título convalidado por nuestra Facultad de Ciencias de la Gilipollez, que tan notables resultados académicos está obteniendo en los modos de verbalización de la ciudadanía y, en ocasiones, incluso del ciudadanío.

Todo esto debería estar ya protocolizado, como el tratamiento contra la gripe, mas para ello es necesario precisamente optimizar recursos. Si no optimizamos recursos es que no valemos un pimiento, y ustedes lo saben, pues ya empiezan a chapurrear Idiotés. Se trata de inicializar la interlocución, de acuerdo siempre con las tendencias y después de testarlas. Testar, mis queridos y empoderados alumnos, no es ir a una notaría para hacer testamento y, con la última voluntad allí expresionada, hacer la puñeta a unos cuantos sobrinos que se creen todavía los tontos que van a trincar algo cuando la palmemos. Testar en Idiotés Clásico es poner a prueba algo. Por ejemplo, los resultados de la esponsorización de eventos o la sostenibilidad de la movilidad, que nunca deben confundir con la movilidad de la sostenibilidad, que parecen que son lo mismo, pero son asuntos distintos. Lo que los rancios, fachas y antiguos llamaban «diametralmente opuestos» y que nosotros, desde la modernidad y el progreso, dejamos bien claro, negro sobre blanco, que están «en otro orden de cosas», que son las pocas cosas que están en orden dentro de este caos en el que tan a gusto nos sentimos y con el que tan bien nos va, hasta el punto de que aquí me tienen, de catedrático de Idiotés en la Facultad de Ciencias de la Gilipollez.

Podría también estar de conductor de programa. «Conductor», creen los lerdos que no dominan el Idiotés, es el señor que va al volante de un automóvil o un camión. Están más equivocados que monseñor Cañizares en un Círculo de Podemos, que para eso ya está el Padre Ángel. «Conductor» es el que lleva un programa informativo de radio. Bueno, informativo… Ustedes me entienden. Allí hay que dominar la psicogeografía multicausal y transversal. No se les ocurra, si a tal puesto llegan, verbalizar palabras como «España». Cuando deban hablar de asuntos patrios, digan «dentro de nuestras fronteras». Y cuando ya se les acaben los asuntos sobre Podemos a los que quieran hacer propaganda, digan, que queda bien lindo: «Otra vez fuera de nuestras fronteras». Lo que no tiene fronteras, como ven, es el Idiotés. Como que parece esponsorizado por Guilipollas sin Fronteras.

Antonio BurgosAntonio Burgos

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