Inicio Cosas que pasan 7 tecnologías antiguas más allá de la comprensión moderna

7 tecnologías antiguas más allá de la comprensión moderna

Hemos perdido el secreto para hacer algunos de los inventos más útiles de la historia y, a pesar de toda nuestra tecnología actual, nuestros antepasados de hace miles de años todavía pueden desconcertarnos con su ingenio.

De hecho, algunos de estos inventos fueron tan adelantados a su tiempo, que solo recientemente hemos desarrollado el equivalente moderno. A continuación, algunos ejemplos.

1. Fuego griego

Esta suerte de arma química fue inventada supuestamente por un refugiado cristiano sirio llamado Calínico, originario de Heliópolis. Algunos autores piensan que Calínico recibió el secreto del fuego griego de los alquimistas de Alejandría.

Los ingenieros navales bizantinos del siglo VI emplearon todo su ingenio a la hora de utilizar el arma, y dotaron a los barcos de dispositivos hidráulicos que, accionados por una bomba de mano, regaban con fuego la cubierta y las velas de los barcos enemigos.

Por otra parte, los marineros disponían de recipientes de cerámica relleno de fuego griego que, a modo de granadas de mano, lanzaban sobre las naves enemigas.

Esta ventaja tecnológica fue responsable de varias importantes victorias militares bizantinas, especialmente la salvación de Bizancio en dos asedios musulmanes, con lo que aseguró la continuidad del Imperio, constituyendo así un freno a las intenciones expansionistas del Islam, y evitando la posible conquista de la Europa Occidental desde el Este.

La impresión que el fuego griego produjo en los cruzados fue de tal magnitud que el nombre pasó a ser utilizado para todo tipo de arma incendiaria,​ incluidas las usadas por los árabes, chinos y mongoles. Sin embargo, eran fórmulas distintas de la bizantina, que era un secreto de Estado guardado en forma celosa, cuya composición se ha extraviado. Por lo tanto, sus ingredientes son motivo de gran debate. Se han propuesto algunos de los siguientes ingredientes: petróleo crudo, cal viva, azufre y salitre.

Lo que distinguió a los bizantinos en el uso de mezclas incendiarias fue la utilización de sifones presurizados para lanzar el líquido al enemigo.

Cabe destacar que el término «fuego griego» posee un uso general desde las cruzadas; en las fuentes bizantinas originales recibe diversos nombres, tales como «fuego marino», «fuego romano», «fuego de guerra», «fuego líquido» o «fuego procesado».

Por último, esta tecnología antigua es tan famosa que hasta la serie Game of Thrones mostró en varios de sus capítulos un equivalente de iguales características llamado «fuego valyrio».

2. Vitrum flexile

El vidrio flexible aparece en la historia como una supuesta invención perdida existente durante el reino del emperador romano Tiberio César (entre el 14 d.C. a 37 d.C.).

Según fuentes antiguas, el artesano que inventó la técnica trajo un cuenco para beber hecho de vidrio flexible antes de que el César lo tirara al suelo, abollándolo en lugar de romperlo. El inventor lo reparó fácilmente con un pequeño martillo. Después de que este jurara al emperador de que solo él conocía la técnica de fabricación, el César ordenó decapitarlo, temiendo que tal material pudiera socavar el valor del oro y la plata.

Busto del emperador Tiberio.

En 2012, la empresa de fabricación de vidrio Corning presentó su flexible «Willow Glass». Resistente al calor y lo suficientemente flexible como para enrollarse, ha demostrado ser especialmente útil en la fabricación de paneles solares.

Si el desafortunado vidriero romano inventó el vitrum flexile, parece que se adelantó miles de años a su tiempo.

3. El antídoto contra todos los venenos

Se decía que un supuesto «antídoto universal» contra todos los venenos fue desarrollado por el rey Mitrídates VI del Ponto (que reinó del 120 al 63 a.C.) y perfeccionado por el médico personal del emperador Nerón.

La fórmula original se perdió, explicó Adrienne Mayor, folclorista e historiadora de la ciencia en la Universidad de Stanford, en un artículo de 2008, titulado Greek Fire, Poison Arrows & Scorpion Bombs: Biological and Chemical Warfare in the Ancient World. Pero los historiadores antiguos aseguraban que entre sus ingredientes se encontraban el opio, víboras picadas y una combinación de pequeñas dosis de venenos y sus antídotos.

La valiosa sustancia se conocía como mitridato, llamado así por el rey Mitrídates VI (mithridaticus antidotus)

Mayor señaló que Serguei Popov, un ex investigador principal de armas biológicas en el programa masivo Biopreparat de la Unión Soviética que desertó a los Estados Unidos en 1992, estaba intentando hacer un mitridato moderno.

4. Arma de rayos

El matemático e inventor griego Arquímedes (m. 212 a.C.) desarrolló un arma de rayos de calor que supo ser el terror de invasores romanos.

Pintura de Giulio Parigi representando el incendio de una nave romana utilizando un espejo ustorio durante el sitio de Siracusa (Galería de los Uffizi, Florencia).

Según la tradición, dentro de sus trabajos en la defensa de Siracusa, Arquímedes creo un sistema de espejos ustorios —probablemente a través de filas de escudos de bronce pulido— que reflejaban la luz solar concentrándola en los barcos enemigos con la finalidad de incendiarlos.

Este invento desafió las habilidades de los Mythbusters de Discovery Channel, que intentaron replicar el arma en 2004. Y aunque la docuserie no logró reproducir esta antigua arma y la declaró un mito, los estudiantes del MIT lo lograron tan solo un año después, quemando un barco en el puerto de San Francisco con el arma de 2.200 años de antigüedad.

5. Concreto romano

Las vastas estructuras romanas que han durado miles de años son testimonio de las ventajas que tiene el hormigón romano sobre el hormigón utilizado en la actualidad, que muestra signos de degradación después de 50 años.

Los investigadores han trabajado en los últimos años para descubrir el secreto de la longevidad de este antiguo hormigón. Así hallaron que uno de los ingredientes secretos era la pozzolana (la ceniza volcánica) como aglutinante, que generalmente hacía al hormigón más resistente al agua salada que el hormigón moderno.

Cesarea Marítima es el primer ejemplo conocido de haber utilizado la tecnología de hormigón romano bajo el mar a una escala tan grande.

Un artículo publicado en 2013 por el Centro de Noticias de la Universidad de California-Berkeley anunció que investigadores describieron por primera vez cómo el compuesto extraordinariamente estable de calcio-aluminio-silicato-hidrato (C-A-S-H) se une al material. El proceso de fabricación generaría menos emisiones de dióxido de carbono que el proceso de fabricación de hormigón moderno.

Algunas desventajas de su uso son, empero, que tarda más en secarse y, aunque dura más, es más débil que el hormigón moderno.

6. Piedras de plastilina precolombinas

De acuerdo al famoso viajero y explorador inglés Percy Harrison Fawcett, los tiahuanacotas conocían los secretos de una planta que crecía en las selvas amazónicas y cuya savia reblandecía las rocas.

Otras narraciones de viajeros y exploradores tales como Hiram Bingham (a quien se le atribuye el «descubrimiento» moderno de Machu Picchu), por ejemplo, relatan el fenómeno del ablandamiento de la herraduras de hierro de los caballos y de las espuelas del mismo material, al transitar los caballos por sobre una meseta donde crecían determinadas plantas.

Sacsayhuamán, Cusco, Perú.

Hacia 1983, el padre Jorge Lira, un sacerdote peruano experto en folklore andino y sus tradiciones, llevó a cabo un experimento con algunas plantas nativas. Durante catorce años este sacerdote católico había estudiado la leyenda de los antiguos andinos y, finalmente, consiguió identificar cierto arbusto al que los pobladores nativos llamaban Jotcha como la planta que, tras ser mezclada y tratada con otros vegetales y sustancias, era capaz de convertir la piedra en barro. «Los antiguos indios dominaban la técnica de la masificación —afirmaba el padre Lira—, reblandeciendo la piedra, que reducían a una masa blanda que podían moldear con facilidad». Así lo explicó él en una entrevista que le hicieron ; y poniendo manos a la obra consiguió, luego de múltiples pruebas, ablandar una piedra; pero le resultó imposible hacerla retornar a su estado de dureza inicial, por lo que decidió finalmente que su experimento había fracasado.

Se cree que la sustancia que utilizó Lira en este experimento habría sido extraída de cierto arbusto, similar a la planta a la que los campesinos —como dijimos— llamaban Jotcha, y cuyo nombre botánico sería según algunos Ephedra andina. No obstante, el padre falleció en el año 1988 y se llevó a la tumba el secreto de la verdadera sustancia y de su utilización, y hasta ahora nadie ha logrado identificar con precisión tan extraña planta y, aunque muchos especialistas aventuran especulaciones, no existen ni siquiera fundamentos absolutamente certeros para relacionarla con la Ephedra andina.

7. Acero de Damasco

Los orígenes del nombre asignado a este tipo de aceros permanece hoy día en controversia. Sin embargo parece seguro que la palabra hace referencia a las espadas elaboradas antaño en las vecindades de Damasco, Siria, en el periodo que va desde el año 900 hasta 1750.

El acero de Damasco era una especie de aleación que tenía al mismo tiempo las cualidades de dureza y flexibilidad, una combinación que lo convertían en un material especial para la construcción de buenas espadas. Se cuenta que las primeras espadas damasquinadas se encontraron por los europeos durante las Cruzadas, en este momento se ganaron su reputación de poder cortar un pedazo de seda en el aire, y de poder cortar una roca sin llegar a perder su filo.

La técnica para elaborar este acero se remonta a los herreros de la India y Sri Lanka, quizás en el 100 a.C., quienes desarrollaron algo conocido como «acero wootz», un acero elaborado con muy alto contenido de carbono, en una pureza y resistencia desconocida en la época.​ Se añadía vidrio durante el fundido del hierro y se calentaba con carbón vegetal. El cristal actuaba como un agente que hacía fluir las impurezas de la mezcla permitiendo que afloraran a la superficie durante el enfriamiento.

Izquierda: Un herrero de Damasco, c. 1900. Derecha: primer plano de una espada de acero de Damasco forjada en persa del siglo XIII.

Miles de acerías se encontraron en el área de Samanalawewa en Sri Lanka que elaboraron acero al carbón hasta comienzos del año 300.​ Estos hornos de las acereras se ubicaban de tal forma que los vientos procedentes del oeste, los Monzones, provocaban la succión necesaria para poder soplar y calentar el horno. Los sitios de elaboración del acero de Sri Lanka se han datado mediante Carbono 14 en el año 300.

La técnica creada en la isla índica se fue propagando lentamente a lo largo del mundo hasta llegar a Turkmenistán y a Uzbekistán a lo largo del 900 y, finalmente al Oriente Medio sobre el 1000, donde se refinó el proceso —ya sea elaborando sus propios aceros, o trabajando los aceros wootz adquiridos en la India—.

El proceso exacto es desconocido hoy en día, pero se sabe que en la manufactura los carburos llegaban a precipitar en forma de micro partículas ordenadas en capas o bandas en el cuerpo de la hoja. Los carburos, que son más duros, permiten dar esta característica mixta de dureza y flexibilidad, ideal para las espadas.

Por MysteryPlanet.com.ar vía Epoch Times.

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