Del primer porro, al alcohol y la cocaína: adolescentes que buscan un refugio

A menudo se repite la misma trayectoria, del primer porro a los 12 años, se pasa luego al alcohol, la cocaína y el ‘speed’. Son jóvenes adolescentes que buscan un refugio, según advierten los terapeutas de la ONG Proyecto Hombre.

Según han indicado portavoces de esta organización dedicada a la rehabilitación de drogodependientes, que en 2014 atendió a un total de 16.666 personas, se ha detectado un «aumento de las adicciones entre los jóvenes y la normalización y tolerancia del consumo de hachís y alcohol», hecho por el que muestran su preocupación.

Dichas fuentes explican que la edad media de iniciación al alcohol es a los 15 años, al cannabis, a los 16, y a la cocaína, a los 20, y destacan que un 15% de los consumidores ha tenido una sobredosis.

También la Fundación de Ayuda a la Drogadicción (FAD) lanzó recientemente una campaña de sensibilización social que pretende ser el pistoletazo de salida de un plan de acción frente al consumo de alcohol en menores en el que esté implicada toda la sociedad, una iniciativa nacida poco después del aldabonazo que supuso la muerte de una niña de solo 12 años a consecuencia de un coma etílico.

Un caso típico de un joven que desde muy temprana edad se relaciona con sustancias perjudiciales para la salud es el de Óscar Sanchiz, que con tan solo 19 años ya ha probado «casi todas las drogas», ha confesado en una entrevista con Efe.

El joven participa, desde hace dos meses, en los programas de prevención y ayuda a la adicción que organiza Proyecto Hombre en Cataluña, comunidad donde sólo este año la organización ya ha ayudado a 2.200 personas, 200 de ellas menores de edad.

Sanchiz reconoce haber iniciado el consumo de cannabis a los 12 años, sumado al alcohol y, más tarde, también empezó a probar otras drogas duras, como el ‘speed’, las pastillas de éxtasis o la cocaína. «Todo empezó con el paso del colegio al instituto», recuerda Sanchiz, una etapa en la que los niños dejan de sentirse pequeños y empiezan su transformación hacia adultos. «Todo vino acompañado de unas nuevas amistades, gente más mayor que yo, que ya estaban familiarizados con el consumo de drogas», rememora.

En aquellos momentos, él era aún menor de edad y le ocultó a sus padres que tomaba drogas. Con el poco dinero que tenía podía conseguir fácilmente la droga en las calles, «sobre todo gracias a los chicos mayores con los que me juntaba», detalla Sanchiz. El joven siguió ocultando su relación con las drogas hasta los 14 años, momento en que decidió que «tampoco era tan grave», aunque notaba que le empezaban a afectar a su temperamento.

Problemas derivados del consumo

La situación en la que se encontraba le llevó a cometer robos, a tener problemas con la familia, a ausentarse de clase y posteriormente a dejar los estudios, además de tener problemas en el trabajo y a sufrir una ruptura sentimental.

Antes de acudir a Proyecto Hombre, su madre lo llevó al psicólogo, pero asegura que «no me sirvió para nada», ya que no asistía a las sesiones por convencimiento propio y lo que le decían «me entraba por una oreja y me salía por la otra».

La decisión de pedir ayuda a Proyecto Hombre la tomó el pasado verano, cuando «se me fue de las manos, y pasé de consumir otras drogas en pequeñas dosis junto con porros y alcohol, a consumir más cantidad de drogas duras, porque el cannabis y la bebida ya no me producían ningún efecto», confiesa Sanchiz.

En estos dos meses que lleva en el proyecto admite haber dejado de consumir drogas duras, aunque aún no ha podido dejar el cannabis y el alcohol.

«Participar en charlas en grupo con chicos que están en la misma situación que yo, me ayuda mucho y me di cuenta que utilizaba las drogas como refugio para mis problemas», confiesa el joven. «Los problemas con mis padres los acompañaba de un consumo mayor de drogas y así con todos los conflictos que tenía», reconoce.

Sanchiz agradece que en el tratamiento de desintoxicación le den consejos para hacer «otras actividades con las que consiga una distracción y me alejen del consumo».

Cuando se pregunta por su futuro, Sanchiz reconoce no tener claro «que no vuelva a consumir, que no tenga otra recaída, porque ¿quien sabe si algún día tengo algún problema y vuelvo a refugiarme en las drogas?», reflexiona. Aunque no ha dejado de ir con sus amigos, el joven asume que «ya no consumo lo que consumen ellos» y que a veces «les hablo del proyecto para intentar que ellos también busquen ayuda».

El Proyecto Hombre acompañará a Sanchiz aproximadamente un año, que es lo que dedican normalmente a los casos de adicción entre jóvenes, período en el que el joven tiene el objetivo de terminar los estudios de ESO, que dejó a medias por culpa de las drogas.

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