El Ártico, destino final de los desechos plásticos de los países del Atlántico

Un estudio constata que las corrientes transportan la basura flotante desde las costas de EE.UU. y Europa

La baja población del Círculo Polar Ártico hacía pensar que esta región podía quedar a salvo de la creciente contaminación por residuos plásticos. Sin embargo, un estudio en el que han participado doce instituciones de ocho países y que ha estado liderado por Andrés Cózar, de la Universidad de Cádiz, ha revelado que los mares de Groenlandia y de Barents (al este de Groenlandia y al norte de Escandinavia) están acumulando grandes cantidades de desechos plásticos que son transportados hasta allí por las corrientes oceánicas. En concreto, la corriente termohalina que, además de transportar calor de los trópicos a los polos, ayudando a templar el clima de Europa, está transportando los plásticos que encuentra en su camino.

Aunque estudios anteriores han demostrado que cada uno de los cinco giros oceánicos subtropicales actúa como grandes zonas de convergencia para los desechos plásticos en superficie -donde se forman los llamados basureros flotantes-, se había pasado por alto la posibilidad de acumulación de plásticos en latitudes polares debido a la falta de fuentes cercanas de contaminación. Si bien una parte de las partículas puede ser de origen local debido al incremento del tráfico marítimo en el Ártico, los investigadores estiman que una parte importante proviene de los vertidos en las costas industrializadas del Atlántico.

El estudio, que publica la revista «Science Advances» y que es fruto de la colaboración de TARA Oceans y la Expedición Malaspina -las dos expediciones más importantes para estudiar el océano global-, describe por primera vez el transporte a gran escala de microplásticos desde el océano Atlántico al Ártico.

Transporte continuo

«Las concentraciones encontradas en las aguas del Ártico eran bajas, como esperábamos, pero hallamos un área en el norte de los mares de Groenlandia y de Barents con concentraciones muy altas, similares a las medidas en los giros oceánicos y en el Mediterráneo», dice Cózar a ABC.«Hay un transporte continuo de basura flotante desde el Atlántico Norte, y los mares de Groenlandia y de Barents actúan como un callejón sin salida para esta cinta transportadora de plástico», explica.

Se estima la existencia de alrededor de 400 toneladas de microplásticos -partículas menores a un centímetro de diámetro-, con concentraciones de miles de partículas por kilómetro cuadrado en esas zonas de mayor densidad. «Los residuos son especialmente pequeños, generalmente del tamaño de granos de arroz, y de formas y colores bastante variadas», explica el investigador de la Universidad de Cádiz. La fragmentación y tipología del plástico sugiere una abundante presencia de residuos antiguos que se originaron en lugares distantes.

A bordo del buque de investigación TARA, el equipo circunnavegó la capa de hielo del Ártico y tomó muestras de microplásticos durante cinco meses. Para seguir el camino del plástico el equipo utilizó datos de más de 17.000 boyas satelitales.

«Lo que es realmente preocupante es que podemos rastrear este plástico cerca de Groenlandia y en el mar de Barents y ver que su origen está en las costas del noroeste de Europa, el Reino Unido y la costa este de los Estados Unidos. Es nuestra basura de plástico la que termina ahí», afirma el profesor Van Sebille, del Grantham Institute en el Imperial College de Londres. «Esas son las fuentes más importantes, pero todas las costas del Atlántico Norte pueden estar aportando basura al Ártico», insiste Andrés Cózar.

Un sumidero de plásticos

Los datos de este estudio responden a lo que se ha encontrado en superficie, pero dado el limitado transporte superficial del plástico que se acumula en esa zona y los mecanismos que actúan para el transporte hacia abajo, el fondo marino bajo este sector ártico se plantea como un importante sumidero de desechos plásticos. “No sabemos cuánto plástico puede haber sumergido, pero probablemente sean cantidades aún mayores”, explica el investigador.

No obstante, los datos del estudio revelan que el Ártico acumula solo en torno al 3% o menos del total global en los océanos, pero las previsiones son que siga acumulando. En este sentido, el investigador Carlos Duarte, actualmente en la Universidad King Abdullah de Ciencia y Tecnología de Arabia Saudí y que fue coordinador de la Expedición Malaspina, afirma a ABC que “la mayoría de plásticos del Atlántico están ahora en tránsito hacia el Ártico”.

Las potenciales consecuencias ecológicas de esta exposición a los desechos plásticos no se conocen, pero “este ecosistema es tan único y singular que los posibles efectos son especialmente inquietantes”, dice Cózar.

El estudio resalta la magnitud global alcanzada por el problema de la contaminación por plásticos en solo unas pocas décadas y viene a demostrar que tiene carácter planetario y alcanza los lugares más remotos. En este sentido, el equipo de Cózar sigue trabajando para completar el mapa global de la contaminación marina. “Acabamos de analizar el Mar Rojo, y en colaboración con científicos japoneses estamos actualmente explorando el Pacífico Oeste, junto a las costas más pobladas del planeta”, explica el investigador.

Este estudio es una prolongación del trabajo iniciado con la Expedición Malaspina, la mayor expedición para estudiar el cambio global, que se desarrolló en 2010 y 2011 y tomó cientos de miles de muestras de agua en los océanos Atlántico, Índico y Pacífico. Se trató de un proyecto liderado por el CSIC, y que fue posible gracias a la financiación del Ministerio de Ciencia, la Fundación BBVA, el Instituto Español de Oceanografía, la Fundación AZTI y las universidades de Cádiz y Granada.