El calvario de Éder

2016 fue el año en el que el patito feo del fútbol se convirtió en un maravilloso cisne, el año en el que la Eurocopa se decidió con un gol de Éder, un delantero malquerido hasta entonces por propios y extraños, del que había noticias por su tosquedad con el balón en los pies y se conformaba una desastrosa leyenda porque no había sido capaz de marcar con la selección de Portugal hasta su decimoctava internacionalidad. Luego anotó en tres amistosos y el pasado 10 de julio hizo un gol eterno a Francia. Allí juega y sufre porque a cada partido al que acude con su equipo, el Lille, a campo contrario recibe abucheos e insultos. “Pensaba que la gente podía entenderlo”, lamenta.

“A estas alturas se trata de un comportamiento patético”, zanja su entrenador Patrick Collot. El Lille jugó hace dos semanas un partido de Copa de la Liga contra el PSG. Era el regreso de Éder a París y no tocó balón sin que brotasen los reproches. “Es una persona mentalmente fuerte, pero todo eso acaba por incomodar. La gente debe entender que él no hizo que perdiese Francia sino que hizo ganar a Portugal. Fue decisivo para lograr un Campeonato de Europa y hay que respetarle por ello”, valora Collot. Una semana después, en la última jornada de la Ligue 1 disputada hasta ahora, el Lille rescató un empate en el último minuto ante el Rennes. Marcó Éder su cuarto gol de la temporada para su equipo, que la campaña pasada acabó en puestos europeos y ahora está inmerso en la pelea por la permanencia. Thomas Rassouli, periodista y aficionado del Rennes, escribió una carta abierta publicada en varios medios galos y que desde un tono jocoso expresa el fondo del sentimiento del aficionado de su país tras la resolución de la Eurocopa. “Querido Éder, quiero expresarte mi resentimiento… como tantos otros compatriotas te detesto desde que aquella noche destrozaste mi sueño. Entonces me callé. Hasta ayer, que marcaste un gol a mi Stade Rennais. ¡Y en el 89! ¿En serio? Te pido que pares ya de destruir mi vida”.

Vida de obstáculos

En realidad, de una vida plena de obstáculos puede dar lecciones Éder, a quien el destino nunca le ha regalado nada. De niño llegó con sus padres a Portugal desde Guinea-Bissau, una antigua colonia lusa al sur de Senegal. Cuando tenía siete años sus padres tuvieron que dejarlo en una residencia en Coimbra porque no encontraban la manera de criarlo y apenas era un adolescente cuando supo que su padre, ya separado, debía ingresar en una prisión inglesa para cumplir una pena de 16 años por asesinar a su nueva pareja. El fútbol le ha ayudado a tener las posibilidades que su cuna parecía negarle, pero ni siquiera en ese contexto lo tuvo sencillo. Sufrió graves lesiones, pasaba demasiado tiempo en el banquillo.

Por eso tampoco unos silbidos y unos abucheos tienen pinta de que vayan a acabar con Éder. “Es complicado jugar así, pero trato de abstraerme. Tengo contrato hasta 2020 con el Lille y quiero ayudar a mi equipo”, apunta el futbolista, que llegó a su destino en el norte de Francia el pasado mes de febrero, cedido por el Swansea. Vista su peripecia vital es sencillo comprender su facilidad para integrarse en cualquier ambiente. Aprendió a manejarse en francés en unas pocas semanas. “Soy un ciudadano internacional. Nací en África, vivo en el centro de Europa, mis hermanas en Inglaterra y tengo un hermano en Portugal”, explica. La afición del Lille le arropa y en tierras lusas ya son más de 32.800 los aficionados que han escrito una frase excusándose ante él en la web desculpaeder.com abierta para aquellos que quieran expiar el pecado de señalarlo cuando era el patito menos agraciado del estanque.

El debate está abierto en Francia, en los campos en los que se silba todavía a quien hizo bien su trabajo y llevó a Portugal al triunfo. “Tiene condiciones para marcar quince goles en la Ligue 1, pero nos equivocamos con él al hacerle regresar tan pronto al equipo después de la Eurocopa”, lamentó Frédéric Antonetti, técnico del Lille hasta hace un mes. Se apuró cuando el equipo había empatado en casa a finales de julio una eliminatoria previa de la Europa League contra el Qabala y para el partido de vuelta en Azerbaiyán reclutó a Éder para el once titular, sin apenas vacaciones. El Lille perdió y quedó fuera de Europa. “Tenía que haber digerido el triunfo con su selección”, valoró Antonetti. Pero se ve que no es el único en tener una digestión pesada.

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