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El monumento a Felipe IV o cómo cuatro genios colaboraron para hacer una estatua

Pietro Tacca, Diego Velázquez, Galileo Galilei y Juan Martínez Montañés colaboraron para conseguir la primera estatua ecuestre en corveta. / Cinta Arribas

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Pietro Tacca, Diego Velázquez, Galileo Galilei y Juan Martínez Montañés colaboraron para conseguir la primera estatua ecuestre en corveta. / Cinta Arribas

Una de las aspiraciones de Felipe IV, rey de España entre 1621 y 1665, era contar con una estatua ecuestre como la realizada en honor a su padre, Felipe III, en la Plaza Mayor de Madrid. Pero el monarca, gran aficionado al arte, fue más ambicioso y aspiró a superarla en impacto visual.

Así, su valido durante la primera etapa de su reinado, Gaspar de Guzmán, conde duque de Olivares, ordenó que se le representara montado sobre un caballo encabritado y en corveta, solo sobre sus patas traseras. Hasta entonces, esta fórmula era desconocida en escultura debido a su dificultad técnica.

“La ayuda de Galileo podría tener que ver con aspectos de la escultura relacionados con su estabilidad”, explica Marcaida López

La obra fue encargada al escultor italiano Pietro Tacca, al que le hicieron llegar a Italia los bocetos pintados por Diego Velázquez, protegido del monarca español –más reconocido como mecenas artístico que como gobernante–.

Contó también con la colaboración del escultor Juan Martínez Montañés, quien modeló una cabeza del rey para que Tacca tuviera una referencia en relieve de los rasgos faciales de Felipe IV. Al igual que los diseños de Velázquez, se envió de Madrid a Florencia.

Según la historia, para lograr que El Caballo –como era conocida popularmente esta estatua– se sostuviera solo sobre dos patas se contó con el asesoramiento científico de Galileo Galilei (1564-1642), que sugirió que se hiciera maciza la parte trasera de la escultura y hueca la delantera.

“La ayuda de Galileo podría haber tenido que ver con aspectos de la escultura relacionados con su estabilidad, como la distribución del peso de sus diferentes componentes en función de la estructura de la estatua en su conjunto”, explica a Sinc José Ramón Marcaida López, historiador de la ciencia que ahora trabaja en la Universidad de St. Andrews (Reino Unido).

Asesoramiento físico-matemático

Marcaida López subraya que el consejo de Galileo estaría directamente relacionado con cuestiones que le interesaban desde hacía años, como la resistencia de los materiales. “De hecho, su último libro, Discurso y demostración matemática, publicado en 1638 en torno a dos nuevas ciencias, aborda esta cuestión de manera sistemática”, apunta el experto.

Este supuesto asesoramiento científico no sería excepcional, al menos para el astrónomo italiano

“Es importante recordar el enorme interés que despertaron en el astrónomo italiano las actividades desarrolladas en el Arsenal de Venecia, una experiencia clave para entender muchas de sus investigaciones posteriores, como por ejemplo sus teorías sobre la dinámica de los cuerpos”, afirma Marcaida López.

“La atracción de Galileo por cuestiones de conocimiento práctico como el estudio de las dimensiones, grosor y resistencia de una pieza de metal destinada a la construcción de un barco o una pieza de artillería, por ejemplo, parecerían estar directamente relacionadas con el tipo de desafíos a los que se enfrentó Pietro Tacca al realizar su escultura”, añade.

Este supuesto asesoramiento no sería algo excepcional, en el caso de Galileo al menos. “Se tiene constancia, a través de fuentes como los escritos de Filippo Baldinucci, de su interacción con otros artistas de su entorno, como Cigoli, Sigismondo Coccapani y Baccio del Bianco”, continúa. “Este último trabajó en España como escenógrafo y es bien conocida su colaboración con Calderón de la Barca”.

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Monumento a Felipe IV. / Wikimedia Commons

Obra maestra de la escultura ecuestre

Pietro Tacca, con la asistencia técnica de Galileo, trabajó en la escultura desde 1634 hasta 1640. Dos años después fue trasladada a Madrid, donde la estatua fue fundida en bronce.

El monumento cambió de ubicación hasta su emplazamiento actual, en el centro de la Plaza de Oriente, en 1843

María Jesús Herrero Sanz, conservadora de escultura de Patrimonio Nacional, cuenta a Sinc cómo el monumento cambió varias veces de ubicación hasta su emplazamiento actual, en el centro de la Plaza de Oriente, a finales de 1843.

“Estuvo colocada en el Jardín del Caballo del Palacio del Buen Retiro hasta 1843 y fue trasladada a su emplazamiento actual el 16 de noviembre de ese mismo año, coincidiendo con los actos celebrados por la mayoría de edad de Isabel II”, sostiene Herrero Sanz.

En la obra de 1844 Manual Histórico-Topográfico, administrativo y artístico de Madrid, de Ramón de Mesonero Romanos, se cuenta cómo la estatua se trasladó “en tan solo tres horas, sin ningún incidente”. De aquello ya han pasado 175 años y el caballo de Felipe IV mantiene su equilibrio frente al Palacio Real.

Referencias bibliográficas:

José Manuel Matilla. El Caballo de Bronce. Problemas técnicos y artísticos de la Estatua Ecuestre de Felipe IV. Reales Sitios. 1999, 36 (141): 50-59 (1)

José Manuel Matilla. El caballo de bronce: la estatua ecuestre de Felipe IV, arte y técnica al servicio de la monarquía. Madrid: Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, Calcografía Nacional [etc.], 1997